Tendencias

Diario de luz y de sombra...

En las primeras décadas del siglo XX, Rodolfo Torrico Zamudio, con ojo y pulso privilegiados, retrató Cochabamba

La Razón / Rubén Vargas - periodista

00:00 / 11 de noviembre de 2012

Adela Zamudio —la gran escritora boliviana— dijo que el trabajo del fotógrafo Rodolfo Torrico Zamudio, su sobrino, era un “diario de viaje, hecho de luz y de sombra”. Y a él mismo lo llamó, para completar esa certera imagen, “un viajero solitario”.

     Eso decía de él la autora de Íntimas. En cambio, sus amigos y muchos de sus contemporáneos en Cochabamba —ciudad en la que nació en 1890— lo llamaban El Turista por su doble afán: dar largos paseos y fotografiar sin descanso. Carlos Montenegro —así lo registra Wálter Sánchez Canedo en su detallado ensayo Rodolfo Torrico Zamudio y su “Diario de viaje, hecho de luz y de sombra”— lo describió como “una combinación de Daguerre y Ashavero. Como Daguerre hace fotografías y como Ashavero, el pobrecillo eterno caminante, se pasa la vida andando, mientras le incita al movimiento constante la presencia de su perro como a Ashavero el sigo celestial”. (A beneficio de inventario, no está por demás saber que Ashavero es uno de los nombres del Judío Errante.)

Pues parece que así fue: El Turista Torrico, su cámara fotográfica y su fiel perro —llamado Lorenzo— formaban una trica singular, en las calles de Cochabamba, en sus alrededores, y en los muchos destinos donde lo llevó su pasión por la luz.

La Fundación Cultural Torrico Zamudio —“creada para salvaguardar, recuperar y difundir la obra de Doña Adela Zamudio y de su sobrino predilecto: Don Rodolfo Torrico Zamudio”— ha puesto en valor y ha difundido una parte de los 9.000 negativos que conforman el archivo de este notable fotógrafo boliviano.

Con motivo del bicentenario de las luchas libertarias de Cochabamba, en 2010, publicó 200 fotografías de Torrico Zamudio, una por cada año, hay que suponer, en ese simétrico homenaje. Más adelante puso al alcance del público el libro Cochabamba. Memoria fotográfica 1908-1928 que recoge la colección de placas en vidrio de Torrico Zamudio y al que pertenecen las fotos que se reproducen en estas páginas. Y recientemente, un nuevo libro que revela el paso de El Turista por Santa Cruz en los años 20 del siglo pasado.

“Si bien el retrato fotográfico domina la práctica fotográfica en Cochabamba del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX —informa Walter Sánchez Canedo en el ensayo ya citado— el “Diario de viaje” de Torrico no rehuye el retrato pero se inclina por testimoniar la naturaleza, la obra de hombres y mujeres plasmada en sus ciudades, sus industrias, sus paisajes intervenidos y la gente en su accionar”.

Los 20 años que cubren las fotografías de Cochabamba. Memoria fotográfica 1908-1928 corresponden precisamente a los años del ímpetu modernizador que imprimieron a las principales ciudades bolivianas las élites de ideas liberales. Y ese mismo ímpetu guió la cámara de Torrico Zamudio para retratar las transformaciones de su ciudad.

No resulta casual por ello que uno de sus objetos “fetiches” sea el tranvía, uno de los símbolos de la modernidad urbana. Su cámara lo capta en muchos momentos, desde su construcción hasta su pleno uso en las calles de la ciudad. Así aparece abandonando airoso, con un elegante quiebre metálico, la plaza 14 de Septiembre un día de 1920 (foto 9). O reposa cansado y solitario como la propia plaza cinco años más tarde (foto 10). O atraviesa —¿viene o va a la plaza de Cala Cala?— sobre el río crecido en 1918 (foto 6). Un río, sea dicho de paso, de un caudal inimaginable hoy, víctima precisamente de esa modernización urbana.Aguas. Los ríos y las lagunas de Cochabamba también fueron un objeto preciado para la cámara de Torrico Zamudio. En esos paisajes —que un siglo después siguen evidenciando la memoria agrícola de Cochabamba—, el fotógrafo ensayó con felicidad las tomas a contraluz, en las que era un consumado maestro. La idílica fotografía que se reproduce en la parte superior de esta página es una muestra de ello. Otra muestra: la extraordinaria composición y el movimiento de la foto de la portada de este número de Tendencias. En este caso, habría que suponer, además, que uno de los perros que salta alegremente en medio del agua acompañando a los caminantes es su fiel Lorenzo.    

Según Eduardo Torrico Laserna —presidente de la Fundación Torrico Zamudio—, Rodolfo Torrico Zamudio dejó 20 álbumes de fotografías con descripciones de su puño y letra. Sánchez Canedo en su ensayo se refiere a algunas de estas colecciones. Del Tunari al Mamoré es una de ellas, y en su nombre está inscrito el periplo que le dio origen: un viaje de    Cochabamba al Beni. Paisajes de  Sudamérica es otra y da cuenta de sus andanzas continentales. Torrico Zamudio fue corresponsal de varias publicaciones internacionales, como la Revista de Revistas Sucesos.  

Sánchez Canedo también informa de un álbum dedicado a la Guerra del Chaco. En 1932, Torrico Zamudio —entonces el fotógrafo tenía 42 años— pidió autorización al Estado Mayor del Ejército para efectuar “un viaje a la región del Chaco para tomar fotografías como corresponsal gráfico de todos los aspectos interesantes que sean dignos de considerarse en la actual campaña”. Una vez concluida la contienda que enfrentó a Bolivia y Paraguay, expuso 120 fotografías en La Paz, Oruro y Cochabamba.  

El Turista Torrico también fue un destacado retratista. Los usos y costumbres de la sociedad cochabambina de su época pueden “leerse” en sus fotografías.  Ahí están, por ejemplo, la madre y niño en el banco de un parque “dedicados a la quietud vespertina, felices y refinados” (foto 2) o las damas de una comparsa de los carnavales que posan “en excepcional decorado” (foto 3).

Pero también está —singular, única— su tía, la escritora Adela Zamudio (foto 4) retratada con la corona de laureles de oro con la que fue coronada en 1926. La misma corona que después, pasados los fastos oficiales, la gran poeta y novelista intentó dar como garantía de préstamo a un banco ante la exigua renta que recibía como maestra jubilada.      ‘Punctum’. Eduardo Torrico Laserna dice que El Turista “tenía la sorprendente capacidad para estar en el momento preciso en el lugar justo”. Ha tenido que ser cierto. Y ello no se refiere solamente al extraordinario valor documental que tiene su obra sino también a las cualidades que distinguen a todo gran fotógrafo: el sentido de la oportunidad para estar en el momento y el lugar indicados y, sobre todo, saber qué hacer en esa fracción de segundo

     No otra cosa puede decirse mirando, por ejemplo, la fotografía número 5, tomada hace 100 años, en 1912, en la plaza 14 de Septiembre. El pie de foto del álbum al que pertenece la toma reza: “Los sones de la banda militar captan la atención de los niños. El joven cornetero marcha marcialmente. El curioso y respetuoso niño persigue a los músicos. La muchacha no sale de su asombro”.

     El centro de la foto —el punctum diría quizás Roland Barthes— es sin duda la figura que forman los niños —o mejor la naturalidad de sus cuerpos y las coordenadas de sus miradas— en marcado contraste con la solemnidad, la grandilocuencia y la rigidez de la formación militar. El único misterio que queda sin descifrar —y que así debe quedar— es si la niña que “no sale de su asombro” está mirando al joven cornetero uniformado o, más bien, al niño que lo imita al borde de la calle.  

   De esas revelaciones y misterios está hecha la obra de Torrico Zamudio. Murió en 1955. Dice su epitafio: “Amó a su Patria con amor de artista, captó el paisaje del nevado al llano, y como el lobo de Francisco hermano, fue el leal ‘Lorenzo’ para el Gran Turista”.

Documento sin título

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia