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‘Disfruto mucho del silencio...’

Un diálogo con Alfred Brendel, una de las leyendas del piano

Brendel • Dejó los escenarios en 2008.

Brendel • Dejó los escenarios en 2008. Foto: Benjamin Eslovega

La Razón / Daniel Verdú - El País

00:00 / 10 de noviembre de 2013

Podría decirse que Alfred Brendel (Weisenberg, Moravia, 1931), una de las grandes leyendas del piano, vive liberado tras abandonar los escenarios en 2008.

—Usted ha tenido dos grandes profesiones: escritor e intérprete. Ambas requieren una cierta soledad. ¿Cómo la ha llevado?

—Nunca me he sentido solo. No era antisocial ni social. Tampoco gregario, no necesito compañía todo el tiempo. Pero estoy bien conmigo mismo, especialmente ahora que no oigo como antes. Y honestamente, disfruto mucho del silencio.

—En ese silencio en el que ha aprendido a vivir, la música le seguirá asaltando la cabeza.

—No mientras escribo. Pero sí viene durante la noche o por la tarde. A veces incluso oigo piezas que he tocado en el pasado y que intento mejorar mentalmente... la interpretación, claro.

—En su libro señala que el esplendor de los buenos pianistas se encuentra entre los 40 y los 60 años. Con los violinistas, en cambio, sucede antes.

—Sí, el pianista requiere mayor control. Es otro método. El instrumento no es una extensión de tu cuerpo como el violín. El piano debe ser transformado, y no sólo reproducido como un piano. Sugiere por sí mismo muchas otras cosas. Una orquesta, la voz humana, también asuntos poéticos, miedos... Los grandes compositores de piano, excepto uno, han sido compositores también de ensembles. Chopin era el único que se entregó a ese instrumento e inventó una música para el piano. Los otros, aportaron ideas que venían de otros instrumentos. Eso es importantísimo.

—Pocas veces cita a Glenn Gould. ¿En qué esfera le sitúa?

—Tiene mi admiración por su talento y su precisión. Pero lo que consiguió, o pretendía conseguir, para mí es anatema. Es el tipo de intérprete que nunca me hubiera gustado ser. La mayoría del tiempo obstruye al compositor en lugar de entenderle. Todo el tiempo le dice a la pieza lo que debe ser. Cuando eres un compositor, puedes contradecir a tu padre. Cuando eres un intérprete, debes amarle. Si no, intenta ser compositor.

—En esta gran crisis, que ha afectado a Europa, la idea de la unión se desvanece frente a nuevos nacionalismos. ¿Cómo vive este cambio?

—He pasado mi juventud hasta los 14 durante los años de guerra. He visto el fascismo en Yugoslavia, los discursos de Goebbels y Hitler en la radio... vi la influencia que tenía la propaganda sobre la sangre y el territorio. Estoy curado para el resto de mi vida de eso: del fanatismo. Soy muy escéptico acerca de las creencias de cualquier tipo. Ni el chovinismo, ni el nacionalismo, ni el patriotismo son para mí. No necesito estar arraigado. Me siento en casa cuando tengo mis libros y mi música. Grandes museos, buena literatura.

—¿El mundo le sigue pareciendo absurdo?

—Sí, pero las obras de arte han sido una reacción a ese absurdo de la vida.

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