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‘Drácula’ un sólido musical que seduce

Drácula, el musical. Foto: Drácula

Drácula, el musical. Foto: Drácula

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Vargas / La Paz

00:00 / 15 de octubre de 2017

Cinco funciones con volteo de taquilla —sillas laterales extra incluidas—  y una ovación de pie ya hablaron de éxito para Drácula, una apuesta arriesgada en un medio que si bien esporádicamente consume musicales, no tiene una industria y un público masivo como en otros países. Al menos hasta ahora.  El musical argentino basado en la obra clásica de Bram Stoker —escrito por Pepe Cibrián y con música de Ángel Mahler— cobró nueva vida en Bolivia bajo la dirección general de Leonel Fransezze, la coreografía de Fabricio Ferrufino y la música de Damián Mahler, hijo del compositor.

El despliegue técnico y artístico respondió a las expectativas del público que asistió masivamente a la obra de dos horas en que la acción y la música fueron trepidantes, sin dar pausa al espectador. El resultado: una audiencia seducida de principio a fin.

Fransezze —que además de dirigir encarnó al conde— encabezó una propuesta que en ningún momento perdió el ritmo: la música fue el metrónomo que dirigió el canto, actuación, luces y escenografía con virtuosismo y fuerza.

Damián Mahler, armado de 18 músicos, creó una atmósfera perfecta, matizada y envolvente, creando los diferentes climas de la obra que trata del encuentro del milenario Drácula con Mina (Michelle Csapek), en quien ve un amor del pasado. Ella ama a Jonathan (Roberto Caizno), emboscado por el conde en Transilvania.

En general, los musicales en La Paz funcionan gracias a la participación de actores, cantantes y bailarines trabajando en sus especialidades por separado. Zapatero a tus zapatos. Gran decisión. Drácula dio un paso más y asumió el reto de hacer que la fuerza artística recaiga en todos. Evidentemente, los cantantes aún no son actores ni bailarines, pero el desempeño fue parejo y se obtuvo un visible elenco que trabajó en bloque, que armó un solo cuerpo sin altisonantes. Como hubo un trabajo consciente de todos los artistas de trabajar por la unicidad de la obra más allá de la búsqueda de una luz individual, el resultado es muy sólido. En eso Ferrufino fue muy consecuente y logró una masa artística en que no se distinguía entre bailarines o actores. Artistas completas como Silvana Vargas y Claudia Moscoso, sin roles protagónicos, fueron fuertes soportes para la obra.

La apuesta lumínica fue también arriesgada, pues el aire sombrío hace que no todo lo que sucede en escena se vea: claroscuros, sombras, humo, golpes de luz... pero eso aporta a que el espectador no necesariamente vea, sino que sepa, intuya lo que sucede.

Para mejorar queda trabajar aún el sonido de forma integral, teniendo en cuenta la diversidad de cantantes y los matices de la orquesta que a momentos tapaba las voces; los cantantes líricos sobre todo tuvieron problemas para que se les entienda por este detalle, aunque falla también el manejo artístico de los micrófonos, que requieren de una vocalización muy diferente.

La esperanza: esta propuesta abre el camino para la mayor exploración del género en La Paz de forma sostenible, pues son emprendimientos costosos, pero que sin duda llegan a un público más masivo. El siguiente paso: propuestas escritas en Bolivia.

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