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Eduardo Caba: Mi obra caminará sola, si tiene valor…

El 7 de abril, la autora de esta reseña biográfica presentará un disco compacto que contiene 25 obras para piano del compositor potosino Eduardo Caba; 19 de esas 25 piezas incluidas en el disco permanecieron inéditas hasta ahora

Pianista. Mariana Alandia, autora de esta nota, y el compositor Javier Parrado.

Pianista. Mariana Alandia, autora de esta nota, y el compositor Javier Parrado.

La Razón (Edición Impresa) / Mariana Alandia Navajas - pianista

00:00 / 05 de abril de 2015

Eduardo Caba Balsalia nació en 1890 en la ciudad de Potosí.  Fueron sus padres don Gregorio Caba —médico cirujano de la Universidad San Francisco Xavier, actor político del Partido Liberal, columnista y polemista periodístico— y Adelina Balsalia. Tuvo dos hermanos.

Estudió la escuela primaria en Potosí y a los 13 años ingresó al Colegio de Jesuitas en La Paz, mientras cursaba estudios de piano. Luego de dos años retornó a Potosí para estudiar en el Colegio Nacional Pichincha.  Años después regresaría a La Paz a ejercer funciones en el Banco Nacional, el Banco Mercantil y el Banco de la Nación hasta 1925.

Durante su juventud sus estudios musicales fueron continuos. Ya a los 14 años había compuesto una serie de obras entre marchas, mazurcas y valses. Entre estas obras tempranas se encuentra el vals Villa Imperial —escrito en forma ternaria— incluido en la importante publicación oficial Álbum Centenario de la Villa Imperial Potosí editado en Buenos Aires.

El vals es una obra de buena factura, con una vena melódica interesante, un transcurrir fluido entre tonalidades mayor y menor, con ciertos giros y cadencias modales que estarán presentes a lo largo de su obra. Su valor es grande en cuanto nos da la pauta del enorme y definitivo  giro estético y formal que sufre su obra.

El vals Villa Imperial es parte de la música de salón cultivada por el compositor potosino antes de su partida a Buenos Aires, donde publicará  la serie de sus primeros Aires Indios de Bolivia. En estas obras encontramos un lenguaje que se despoja de todo lo superfluo, siendo siempre y en cada una de sus obras, fiel a sí mismo y a la estética austera característica de toda su producción.

En 1925, Caba viaja a Santiago de Chile y luego a Buenos Aires, donde conoce a la declamadora profesional María del Carmen Huergo, con quien se casará y tendrá dos hijos, Gregorio y María Adelia. Luego retorna a Bolivia donde permanece seis meses para ordenar asuntos pendientes. Renuncia al cargo de segundo contador en el Banco de la Nación y regresa a Buenos Aires con la idea de continuar sus estudios musicales en un medio más propicio. Inicia clases con Felipe Boero y Eduardo Melgar.

De esos años viene la profunda amistad con Waldo Alborta, notable pianista con quien realiza prolongadas veladas, tocando, analizando y discutiendo sobre los clásicos. También participan en las veladas musicales en el círculo de Bellas Artes. Caba siempre evocaría a aquella época y a su amistad con Alborta con verdadera emoción y mucha nostalgia.  

Durante la presidencia de Hernando Siles, en 1926 Eduardo Caba obtiene —mediante Decreto Supremo N° 690 del Congreso de la República de Bolivia— apoyo financiero para continuar sus estudios en Madrid. Se traslada a la capital española junto a su familia en 1927.  Ahí toma clases con Joaquín Turina y Pérez Cazas. También conoce al musicólogo y notable crítico musical Adolfo Salazar quien lo incluye en su libro Música y músicos de hoy y el diario El Sol le dedica un magnífico comentario a su obra.

Posteriormente realiza una exitosa gira por varios países de Europa, misma que es interrumpida por la derogación del decreto supremo que le beneficiaba. Sin los medios económicos para subsistir, Caba permanece en Europa por algún tiempo más.

Con el objetivo de retornar de Europa, Caba solicita ayuda al entonces Ministro de Bolivia en París, Simón I. Patiño, quien apoya al músico en apuros. Retorna a Bolivia en el vapor Il Conte Rosso de la Compañía Lloyd Sabuato. De retorno a Buenos Aires se dedica a actividades comerciales y posteriormente se traslada a Montevideo donde vive junto a su familia durante dos años.

En 1935 Montevideo acoge la realización de un concierto del célebre pianista catalán Ricardo Viños  quien estrena su Aire Indio Nº 5 dedicado a él. Su estancia en Montevideo queda registrada por dos entradas del Boletín Latinoamericano de Música del año 1937 editado por el musicólogo Francis Curt Lange. En la publicación se le menciona en El programa musical de la Velada de Arte y Cultura Popular. También se le menciona en un folio titulado Presentación de Eduardo Caba por María V. de Muller (4 de junio de 1936) y se publica La música en Bolivia por Eduardo Caba (cuatro folios numerados).

También se menciona a Caba en  un programa de concierto donde se interpretan los Aires Indios del 1 al 6 y los Cantares Indios: 1. Kollavina, 2. Korikilla, 3. Flor de bronce, 4. Flor de amor, 5. Pollera nueva y 6. La hilandera.

Uno de los difusores más importantes de la obra de Caba fue Ricardo Viñes Roda (1875-1943) pianista español formado en Barcelona y París que triunfó en toda Europa  como intérprete y divulgador de la moderna  música francesa y española.  Gran amigo de Maurice Ravel, Claude Debussy y Manuel de Falla (quien  le dedicó la obra Noches en los jardines de España) y  maestro de piano de Francis Poulenc.  

Viñes difundió la obra de Caba en numerosas oportunidades. De su colección privada pudimos obtener el manuscrito Aire Indio Nº 5 que Caba dedicó al pianista catalán.   

Otra intérprete de renombre que se ocupó de difundir la obra de Caba fue la célebre soprano francesa Ninón Vellin (1886-1961), una cantante versátil que abordó el recital, la ópera y la opereta con el mismo éxito. Simboliza el encanto francés de esa época y sus grabaciones de Werther y Manon de Massenet junto al tenor Georges Thill son consideradas de referencia. Estudió en el Conservatorio de Lyon conquistando éxitos con obras de Debussy de quien estrenó Trois poemes de Stéphane Mallamare.

Tenía razón Eduardo Caba. A partir de entonces su obra “caminaría sola” y es que todo lo expuesto no hace sino confirmar la enorme estima que en todas partes tenían por este músico boliviano extraordinario, tanto en su obra como en su forma de vivir.

En 1943 Eduardo Caba retornó de Buenos Aires a La Paz para hacerse cargo de la dirección del Conservatorio Nacional de Música. Este capítulo de su vida —sus últimos diez años— aún no  ha sido investigado, pero lo cierto es que estuvo poco tiempo en el cargo. Es lógico suponer la cantidad de intrigas y envidias que su presencia suscitó.

Argentina, Uruguay y los países de Europa lo acogieron siempre de una manera generosa. Sin embargo, su último destino, Bolivia, aún le debe mucho pese a la pensión vitalicia que el gobierno de Villarroel le concediera y que más tarde le pasó a su viuda. Un ejemplo doloroso de ello es el anunciado estreno del poema sinfónico Illimani, que debía llevarse a cabo y que nunca fue estrenado por falta de voluntad institucional. Es una de las obras perdidas de Caba, obra de gran aliento que, según su autor, tenía tres partes y era para orquesta sinfónica y coro.

Aún queda mucho por buscar y por escuchar de la trascendente obra de este enorme músico boliviano. El legado desconocido de Eduardo Caba

15 años de investigación permiten la recuperación y difusión del legado de uno de los compositores bolivianos más importantes del siglo XX

Rey González - Comunicador

A 62 años de la muerte del compositor Eduardo Caba (1890-1953) la mayor parte de su obra permanece desconocida.  Sea por el celoso cuidado de la misma por parte  de sus descendientes, o por el escaso conocimiento de la música boliviana publicada en el exterior, tuvo que pasar mucho tiempo antes de que un par de músicos contemporáneos,  admiradores de la escasa obra conocida del potosino, emprendiesen una seria investigación de 15 años que permitió recuperar, de archivos privados y extranjeros, el verdadero legado de Caba. 

El compositor Javier Parrado y la pianista Mariana Alandia son los músicos e investigadores que, a partir de un emprendimiento de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia (FCBCB), presentarán en La Paz este 7 de abril un disco doble con la obra de Eduardo Caba para piano;  19 de las 25 obras interpretadas por Alandia en esta grabación permanecieron desconocidas para el público general y la mayor parte de la comunidad musical local.  Ahí su trascendencia.

En la siguiente entrevista, Parrado describe el proceso de investigación y valora el conocimiento de la música clásica boliviana de la primera mitad del siglo XX.  

— ¿Cómo se origina su interés en investigar la obra de Eduardo Caba y cuáles  fueron los primeros indicios de la existencia de partituras inéditas?

— El año 1999, Andrés Eichmann y Carlos Seoane, que tenían a su cargo  el extinto Departamento de Musicología del Viceministerio de Cultura, nos recomendaron visitar la Biblioteca Conde Duque en Madrid para buscar datos sobre música boliviana. Allí  encontramos el Aire Indio N° 2 de Eduardo Caba y una revelación fascinante: la relación de Caba con el cuarteto Paco Aguilar, histórico grupo de laúdes que en la década de 1930 estrenó obras de importantes compositores españoles. Nicolás Suárez como director del entonces Conservatorio Nacional de Música apoyó en 2003 la primera investigación que realizamos junto a Mariana Alandia Navajas sobre la música boliviana para piano en la primera mitad del siglo XX. En aquel momento, hallamos con sorpresa que las partituras publicadas por Eduardo Caba habían tenido varias reediciones en Buenos Aires y se hallaban en varias  bibliotecas en Latinoamérica junto a dos obras desconocidas en Bolivia: la leyenda keshua y el Himno al Sol. Los indicios de la existencia de una obra más extensa de Caba se hallaban en importantes enciclopedias y varios textos biográficos en artículos de prensa.

— ¿Cuáles fueron las acciones posteriores al hallazgo de las partituras?

— Los manuscritos de Caba permanecieron en propiedad de su hija María Adelia hasta la muerte de ésta en 2009. Este fondo documental fue entregado por los herederos al Conservatorio Nacional de Música en calidad de custodia. Meses después Mariana Alandia Navajas fue invitada por dicha institución para estrenar solamente, a partir de los manuscritos, tres nuevos Aires Indios, los números 7, 9 y 10  en el marco de su festival de música boliviana. Este fondo documental fue adquirido posteriormente por la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia (FCBCB) y está actualmente resguardado en el Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia (Sucre) y consta de aproximadamente de 47 obras. A partir de entonces, Mariana Alandia desarrolló un largo proceso de investigación y reflexión dirigido a plantear una manera de interpretar la obra integral de Caba incluyendo no solamente la obra de piano sino la obra de cámara también. El resultado es el disco compacto doble que se presentará próximamente gracias al apoyo de la FCBCB.

— El proceso de investigación desarrollado por usted y Mariana Alandia incluyó la revisión de archivos bibliográficos, hemerotecas y entrevistas con los familiares. ¿La información recabada agota la obra del compositor potosino? Si no es así, ¿hacia qué  rumbo deben dirigirse las indagaciones  posteriores?

— Claro que no. Lamentablemente las personas que conocieron y especialmente los músicos que trabajaron con Caba ya fallecieron. Ésa es una fuente de información perdida, y sabemos muy poco sobre las facetas más personales del compositor. Sin embargo, el camino recorrido nos deja la certeza de que existe mucha más información sobre el trabajo profesional de Caba, especialmente en varios de los países en los que vivió y estrenó composiciones.

— El estado de desconocimiento de la obra de Caba nos lleva a preguntarnos, ¿en términos generales, cuál es el conocimiento real de la música clásica boliviana de la primera mitad del siglo XX? ¿Hacia qué autores o momentos debería enfocarse la investigación?

— La historia de la música boliviana a partir de la fundación de la República hasta el presente necesita de un sostenido apoyo para su investigación, catalogación y publicación. La FCBCB tiene bajo su tutela fondos importantísimos al respecto y debe sin lugar a dudas mantener la política de recuperación de la obra escrita de los compositores bolivianos que ya tiene. Si no, ocurrirá lo que pasó con Caba, 60 años después de su muerte recién empezamos a conocer la dimensión latinoamericana que su obra tuvo en vida. Repito, son más de 60 años de manuscritos penosamente silenciados por falta de políticas reales de apoyo y salvaguarda de la obra del creador boliviano. Como investigadores esperamos más de 10 años para acceder al estudio y difusión de este material. Cómo ocurrió esto, la FCBCB adquirió esta obra y la puso a disposición de cualquier investigador.

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