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Elizabeth Neira, la performance como activismo

La artista chilena está en La Paz brindando un taller de performance en Galería Persona, donde ya dictó una conferencia y propone la exploración del cuerpo para crear nuevas (propias) narrativas.

Artista. La performer chilena está en La Paz brindando un taller en Galería Persona, Sopocachi. Foto: Wara Vargas

Artista. La performer chilena está en La Paz brindando un taller en Galería Persona, Sopocachi. Foto: Wara Vargas

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Vargas / La Paz

02:14 / 31 de enero de 2018

No hay medias tintas ni tibieza con la artista chilena Elizabeth Neira (1973). Saltó al ejercicio del arte contemporáneo desde el periodismo cultural, forjando una mirada crítica y profunda de la sociedad que la hizo ser ignorada por el sistema del cubo blanco en su país. Ella le rehúye a las élites de un “sistema academicista, racista y economicista que se legitima a sí mismo dentro de sus propios márgenes. Claro, ellos me ignoran porque saben que si me dan un poco de poder, yo voy a hinchar las pelotas. Y es que eso es lo que me gusta hacer: hinchar las pelotas. Porque la performance es un poco activista, es política”.

Neira llegó a La Paz gracias a sus contactos con la performance regional. “Yo tenía muchas ganas de venir. Los que hacemos performance en América Latina somos muy poquitos, nos conocemos todos. Buscando una excusa  encontré un curso que dictaba Silvia Rivera Cusicanqui (socióloga, activista y teórica contemporánea), lo tomé e hice contacto con Persona Casa Galería (calle Ascarrunz 2592, esquina Pinilla, Sopocachi) para aprovechar mejor mi estadía de un mes”.

El performer es un artista singular, siempre cuestionado y siempre cuestionador. “Somos un poco profetas, tratamos de enseñar lo que sabemos porque la performance no es un arte que se enseñe de manera oficial en las universidades, sino que es casi como en la edad media: aprendemos con maestros que desarrollaron un método. El mío es un pastiche de todos los talleres que he tomado: de budismo, sociología de la imagen, arte conceptual... es lo maravilloso, porque como profe no solo enseño, también estoy aprendiendo”.

La Paz es también un lugar muy interesante para compartir la performance por su dinámica social: la calle exuda performatividad. Para los talleristas el reto será grande, pues trabajarán tanto piezas en espacios cerrados como en la vía pública. “Un tiempo de crisis y cuestionamiento es un momento ideal para hacer performance. La gente necesita vehículos novedosos de expresión para poder expresar su descontento alejada de los partidos políticos. Aquí existe una alta tradición en organización y performatividad social, desde las primeras obreras anarquistas, el movimiento indígena y el trabajo de Mujeres Creando; hay una línea de tiempo muy rica que tiene que ver con las mujeres en Bolivia y la región. Siento que aquí me inserto en una red mayor: mis conocimientos van a servir, pero me voy a nutrir de lo que estoy viendo”.

El taller está abierto a todos los interesados, el único requisito es ser adulto, pues se trabaja con el cuerpo y hay que tener una conciencia plena del cuerpo, algo que no se tiene en las etapas previas. “Aquí van a encontrarse a sí mismos en un sentido que tal vez no se esperan. Es descubrir cosas de uno mismo. Hacemos una autoexploración del cuerpo, es una mezcla entre una sesión de psicoterapia, chamanismo y hasta teoría política y de la imagen. Abordaremos cosas que parecen tan disímiles como la magia y el feminismo”, comenta la también poeta.

En el taller y en la muestra al público van a pasar cosas, muchas cosas. Y no desde la mirada de que “todo es performático” o de que estas piezas son carta blanca al “todo vale”. Al contrario, el acuerdo social, la ética y la rigurosidad son parte vital de este proceso. “Durante la exploración encontramos signos que van a detonar procesos internos porque el cuerpo siempre es metáfora de lo que está pasando. Uno no es un ser aislado, sino que responde a todo lo que ocurre como historia, biografía y sociedad”. Y esa exploración debe hacerse libre de miradas dicotómicas: deben más bien presentar los fenómenos tal cual son para que con base en ellos se cree un sistema de signos.

La práctica además va lejos de la obra concluida y definitiva, de la pieza de bienal o de museo. “Vamos a ver cómo sobresalir frente a la performatividad que la calle ofrece. Pero no importa mucho que la calle nos gane, pues la performatividad va a demostrar ese fracaso y va a generar una narrativa visual al respecto. Y es que la vida es fracaso: el éxito es una posibilidad dentro de una deriva de fracasos posibles. Vamos a trabajar con todo lo que la razón blanca no quiere ver: lo deforme, lo queer, lo oculto, todo lo que está latente en nuestro ser y que no tiene un lugar en nuestra racionalidad porque la sociedad no lo permite. La performance es un acto de consciencia”.

Eli Neira ha participado en encuentros de poesía y performance en una veintena de países, donde desarrolla la docencia y publica antologías. Dirige la microeditorial Abyecta Ediciones Rabiosamente Independientes.

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