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Emma Villazón. ‘Lumbre de ciervos’

Un poemario brillante

Un poemario brillante

La Razón

00:00 / 03 de febrero de 2013

Anuncio de ciervosUbica la hija el cuernolo tañe distribuye peces en tono altoel grave es mudo se desbarranca de sus axilasmuerto por caparazón muy blando u opacoPalmas hace y continúa angurria revuelvetórax alza penacho y la expulsa a bambúesal aire escaso donde esperaba allá másdel claustro allá más de virtud en techoy no emergían ni sus ojalesUbica la que amanece el cuervolo blande y en lumbre nace su espadaen caótico cauce para extremar ovejaso furor que desmenuce lo planoDe aquí para allá a cortar empiezaparedes vasos umbilicales cordonesde hojas atadas a nombres con amorno manso Nuevas formas ebria imaginade procrear ciervos: que la madre duermasin croar ni quebrarse por años:que los hijos colgados no seanen cruz ni pedidos: que esa vieja tramarenazca más cerca de libélulas o barroUbica la rauda el trueno lo acogese dedica a raspar y raspar con élen lo seco hasta que avizoraincendios emanaciones sin letraflores dobles: un río alzado en la voz que no cesa

Recordatorio para un ciervo

Saltando íbamoscielo arriba en seducciónbajo cada suela una huella,miles confirmaban la casa, nuestra bocano; el azul calor se dabaque hace garabatear telas paredes medallasy hundir la cabeza en pozo áureofortificados niños ojos de fanal,nos decían, traídos para alzarde bandeja —hipocampos? no!la labor de la progenie la transparencia de la copalo laudable el temor a las fieras lo carnosopero de tumbo en tumbo nos fuimosno vimos o vimos las bardas al atravesar la copa y el grito;al amanecer tomamos té con delfinesriendo entre excrecencias fosforescentes            —recuerda, recuerda, siempre            tuvimos la piel de lo animal

Líneas sobre la tierra

Lo que no estaba, lo que desconocían los mercaderes,los jinetes, un asomo de sol instintivo. Desde su médano,pedía crédito el día. Nadie sabía adónde habían volado las parteras(sólo el aire las oía, atrapadas entre musgo y barro), mientras los perroscometían el letargo. Era el tiempo de la caravana crecida,con su traqueteo de bienes descalzos y dientes límpidos,desde donde todas las páginas decían empezaban. Como silas ramas del deseo tuvieran raíces fijas, contables.Nudo: Los mercaderes creen en el origen, en la perpetuidadde la economía familiar, confían en que traspasanhorizontes sobre caballos coherentes.Nudo II: Los mercaderes creen en ellos mismos,lo que es lo mismo que decir en el mercado pero como principio infinito.

Diálogo de ciervos            ¿Por qué el poeta quiere mirar            y tocar la palabra?            Jaime Saenz        por eso intocable que se aspira rozardesde la acequia a la neblina que apacientael cuello del valle, saliendo de árbol cerradoy no saliendo, eructando, entrando al baileoceánico por su tersura abisal, por la traicióndebida con las manos heladas, por eso velocísimotranslúcido genital sin dueño que no sabe de límites        por eso que restaña posee acusapercute sume altera abrasa rechazaen el hijo que vibra estatutos cuandono hay mole que pegue — por los nacimientoslumbres de ahogo planetas puentespapiros que avizoramos        por eso intocable — y pan de cada día

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