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Escribir para poner el horror en palabras

Leopoldo Brizuela llegó a la Feria del Libro para promocinar su novela ‘Una misma noche’

Leopoldo Brizuela

Leopoldo Brizuela

La Razón / Rubén Vargas - periodista

00:00 / 12 de agosto de 2012

El escritor argentino Leopoldo Brizuela (La Plata, 1963) —que llegó a la Feria Internacional del Libro de La Paz para promocionar Una misma noche, la obra con la que ganó el Premio Alfagura 2012— parece acostumbrado a lidiar con la etiqueta que le han puesto a su libro apenas salió de la imprenta: se trata de una novela sobre la dictadura militar  que gobernó su país entre 1976 y 1983 con un saldo de más de 30 mil desaparecidos.

      “Uno no empieza a escribrir una novela —dice Brizuela— sobre un tema tan grande y tan abstracto como la dictadura”. Pero es cierto que la dictadura militar —con el allanamiento de viviendas en busca de presuntos subversivos, con secuestros, prisiones y torturas— está presente en las páginas de Una misma noche. Pero para Brizuela ese período de la historia argentina está en su novela como un telón de fondo sobre el que se desarrolla otra historia.

    Y es la historia de un escritor al borde los 50 años que una noche de 2010 es casualmente testigo de un asalto a la casa vecina. Y ese hecho desentierra de su memoria un recuerdo. Una noche de 1976, 34 años antes, las fuerzas represivas de la dictadura entraron a su casa para desde allí allanar la casa vecina en busca de una mujer supuesta subversiva. En ese momento —el personaje tenía 13 años—, mientras los agentes interrogan a sus padres y derriban puertas para cumplir su cometido, sin saber qué hacer, se pone a tocar concentradamente el piano.      MISTERIO. Ese recuerdo oculta algo ominoso para el personaje, algo relacionado con su padre, algo que se siente compelido a descubrir.     Brizuela dice que ese misterio se impone al personaje de su novela con las características de una tragedia, en el sentido clásico del término. Leonardo Bazán —así se llama el personaje de la novela— sabe que en su vida hay un enigma, y sabe también que debe resolver ese enigma antes que éste lo devore a él. El develamiento de ese enigma es lo que se narra en Una misma noche sobre el telón de fondo del genocidio desatado por los militares en 1976.   

      Los dos hechos con los que arranca la novela: el chico que toca el piano mientras allanan la casa vecina y el hombre que, 34 años después, es testigo de otro asalto, le ocurrieron realmente a Leopoldo Brizuela: él era el niño que tocaba el piano en medio del horror. Pero ello no quiere decir que la novela sea autobiográfica.  

     Lo que le interesa al escritor argentino de esa escena inicial es que se trata de un niño que está a punto de dejar de serlo. Es el momento en el que en todas las culturas se hace un rito de pasaje para ingresar al mundo de los varones adultos. Lo que se revela en ese rito es algo siniestro: los rostros de la manada masculina. “Es algo universal”, dice el novelista, “sin embargo esos rostros aparecen más claros en tiempos de  guerra o de dictadura”.GENOCIDIO. Las historias que transcurren sobre el fondo histórico de un genocidio son recurrentes en la narrativa de Leopoldo Brizuela.     En 1999 publicó Inglaterra. Una fábula (Premio Clarín de Novela y Premio Municipal de la Ciudad de Buenos Aires). Es una historia “disparatada y humorística” como la califica el propio Brizuela. Una compañía teatral inglesa representa obras de William Shakespeare tal como se lo hacía en tiempos del dramaturgo. Naturalmente, no les va muy bien. En las vísperas de la Primera Guerra Mundial, después de un complicado periplo, acaban en Tierra del Fuego, el extremo austral de la Argentina, representado La tempestad de Shakespeare para los indios de la Patagonia. Históricamente, es el momento del extermino de los indios del extremo sur argentino. A ellos, en esa situación, Shakespeare, que dijo todo a todos los humanos, no tiene nada que decirles. Esa es la magnífica paradoja.

    Su otra novela Lisboa. Un melodrama (finalista del Premio Rómulo Gallegos de 2011) transcurre sobre el telón de fondo del holocausto de millones de judíos en la Segunda Guerra Mundial. Durante la conflagración internacional Portugal, como la Argentina, se mantuvo como país neutral. La novela sucede en 1942, en una Lisboa llena de refugiados y de músicos (el fado es una de las obsesiones de Brizuela) que no saben si con la música en ese momento pueden seguir diciendo algo.         El decir o, mejor, el no poder decir decir es otro elemento frecuente en las novelas de Brizuela. Esas fronteras donde se prueban las capacidades o las incapacidades del lenguaje para expresar la experiencia humana están presentes el Inglaterra. Una fábula en el teatro y el Lisboa. Un melodrama, en la música.

     También Una misma noche se debate en esa frontera. Para el personaje, intentar escribir sobre esa noche de 1976 en la que por miedo se puso a tocar el piano es una manera de enfrentar o quizás de conjurar el horror. “Es el intento de poner el palabras el horror” resume el novelista.

    Hay una alusión a estas posibilidades o imposibilidades de enfrentar la realidad a través del lenguaje en la propia organización formal del libro.  Hay tantos capítulos como letras del alfabeto. La novela comienza por la A y termina en la Z. Pero este último capítulo no tiene una sola palabra, la página se llena con un rectángulo negro. “Los capítulos en lugar de números tiene letras”, dice Brizuela, “porque el personaje siente que ninguno de los lenguajes que lo rodean le sirven para contar su experiencia. Trata de encontrar un lenguaje propio pero siente que eso es imposible. Siempre queda algo por decir, siempre queda algo por ver.  En el último capítulo el lector se encuentra con lo que no se dijo, con lo que no pudo decirse, por eso aparece ese fondo negro”.

En la última novela de Brizuela, lo no dicho está relacionado también con el silencio, con la conducta de una sociedad frente al horror. Con relación a la dictadura militar argentina ha quedado claro quiénes fueron las víctimas y quiénes fueron los victimadores. Lo que está suspendido en la historia es la conducta de los testigos del horror, la conducta de los indiferentes. En ese silencio también parece haber una culpa. Y esa atmósfera culpable hace de Una misma noche una novela inquietante.   

Leopoldo Brizuela es también autor de un libro de relatos: Los que llegamos más lejos (Premio Kónex 2002), y de un libro de poemas: Fado (1995). El sábado 11 presentó Una misma noche en la Feria Internacional del Libro de La Paz y conversó con el público. Un ‘Thriller’ perturbador

Con Una misma noche, Leopoldo Brizuela ganó el Premio Internacional de Novela Alfaguara 2012. “Un thriller existencial, perturbador, hipnotizante” dijo de esta novela la escritora española Rosa Montero, presidenta del jurado del certamen. La novela ha sido publicada en Bolivia por el sello Alfaguara. 

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