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Espíritu rebelde

Aretha Franklin ‘robó’ hace 50 años ‘Respect’, la canción con la que se coronó como reina del soul y que aún se escucha como un himno feminista.

Aretha Flanklin

Aretha Flanklin Foto: abcnews.com

La Razón (Edición Impresa) / Hernán Martín - EFE

00:00 / 14 de mayo de 2017

Pese a no ser de su autoría, la demoledora voz de Aretha Flanklin convirtió la canción Respect en un himno del feminismo y con ella la cantante catapultó definitivamente su carrera para convertirse en la indiscutida reina del soul. En realidad Respect había sido escrita y grabada ya por otro monstruo del género, Otis Redding, pero la versión de Franklin, que salió publicada hace ahora 50 años con apenas algunos coros adicionales y un carácter especial en la interpretación y los arreglos, le dio un sentido de reclamo feminista del que carecía el tema original.

“La próxima es una canción que una chica me robó, una buena amiga mía”, decía con una sonrisa amarga Redding unos meses después, antes de empezar a interpretar Respect en el Monterey Pop Festival donde se consagró definitivamente con un concierto que aún se recuerda. Era consciente de que ese tema que él había compuesto y grabado dos años antes sin demasiado éxito ya no le pertenecía y se había convertido en un fenómeno de masas.

Redding, a quien el “robo” le reportó una enorme ganancia por los derechos de autor gracias a las ventas millonarias de Aretha, planteaba su canción desde la óptica de un hombre que trabaja todo el día, que trae el dinero a casa y que a su llegada al hogar reclama “respeto” a su esposa. Franklin, con su interpretación y solo unas pocas variaciones al texto, cambió de raíz el tono algo machista del original y lo convirtió en lo que fue desde entonces, un poderoso himno feminista que también fue abrazado por el movimiento de derechos civiles. En su versión era una mujer la que reclamaba respeto, y deletreándolo, R-E-S-P-E-T-O, una de las pocas variaciones que aportó a la letra original, convirtiendo la canción una de exigencia de igualdad.

Era 1967, en plena ola del pacifismo y el amor en Estados Unidos, de las protestas contra la guerra de Vietnam, de la lucha de los negros para acabar con el racismo y lograr la igualdad de derechos civiles, y del movimiento de liberación femenina. Si a este ambiente favorecedor se le une el talento arrebatador de Franklin se explica cómo Respect rápidamente escaló en las listas de éxitos hasta el número uno. En ese momento se consolidó por primera vez la carrera de la cantante, marcándole el camino musical que debía seguir y convirtiéndola en un ícono del feminismo.

Desde los 18 años y hasta entonces, Aretha había estado grabando con sellos pequeños y finalmente con Columbia Records. Ya había demostrado claramente sus grandes aptitudes vocales, pero interpretando canciones de gospel, jazz o blues que no le habían dado el empuje definitivo y sin que ni siquiera en su casa de discos, Columbia, le ayudaran a aclarar qué camino debía seguir su carrera. “Parecía Billie Holiday, Ella Fitzgerald o Dinah Washington, era como si la discográfica no supiese qué de original hacer con ella”, escribió el crítico musical del New York City Tribune sobre su etapa en Columbia, en la que intercalaba temas de Cole Porter o baladas de Burt Bacharach con canciones con una línea más soul.

Entre los temas de esa etapa, de modo profético, estaba el standard Soulville, cuya letra reza: “Vamos y enséñame el camino para llegar a Soulville, baby”. Y fue la disquera Atlantic Records la que se lo enseñó. Su primer álbum con ese sello, I Never Loved a Man (the Way I Love You), abría con Respect, seguida de un ramillete de canciones, un par de ellas de su autoría, que se convertirían también en clásicos del soul.

Respect se había grabado el día de San Valentín en los estudios que Atlantic tenía en Broadway, en el corazón de Manhattan, a donde la joven Aretha, con 24 años, había viajado desde Detroit, donde vivía ya independiente en un pequeño apartamento con un piano mirando a la ventana. En la sección rítmica participaron los mismos músicos de sesión con los que el mes anterior había grabado I Never Loved a Man, en los míticos estudios de Muscle Shoals, en la Alabama rural, por los que pasaron también, además de Otis Redding, otros superhéroes del soul como Wilson Pickett, Arthur Alexander o Percy Sledge, además Bob Dylan, Paul Simon o The Rolling Stones.

Redding murió ese mismo año, el 10 de diciembre, al estrellarse el avión con el que iba de gira con otros músicos. Tenía 26 años y desde entonces reina como un mito. Además de la explosión de Monterrey, varios éxitos le llevaron al olimpo de la música de los 60: (Sittin’ On) The Dock of the Bay, I've Been Loving You Too Long, Hard to Handle o Fa-Fa-Fa-Fa-Fa (Sad Song). Aunque para entonces ya sabía que el mayor hit ya no le pertenecía: Respect había pasado a ser una canción de Aretha.

Franklin tiene ahora 75 años, y anunció en febrero su retirada tras algunos problemas de salud que le obligaron a cancelar varios conciertos. Dijo que a partir de 2018 quiere pasar todo el tiempo que pueda con sus nietos y que se sentía “muy satisfecha” con su vida. Además de sus 18 premios Grammy, incluido el de homenaje a toda su carrera en 1995, ha recibido la Medalla Nacional de las Artes y la Medalla Presidencial de la Libertad y fue la primera mujer en ser incluida en el Salón de la Fama del Rock en 1987. También cantó, colmada de honores, en las ceremonias de investidura de Barack Obama y Bill Clinton. Pero una figura de su talla tiene que despedirse en toda regla, y por eso ha anunciado que en septiembre grabará su último disco, con Stevie Wonder como productor.

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