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Evanesencia Musical

La evanescencia de la vida nos lastima, nos duele y nos hiere cuando llega la muerte y en sus avatares parecería que amamos más intensamente a los que partieron que a los que están cerca. Las sensibilidades hechas música se apoderan de nuestros recuerdos e intensidades. Por ello nos golpean partidas como las de Whitney Houston o, poco antes, las de Cesaria Evora o Amy Winehouse.

La Razón / Patricia Flores Palacios, periodista y feminista Queer

00:00 / 26 de febrero de 2012

Se fueron por las rutas por las que también partieron Janis Joplin, Billy Holiday y Besie Smith. Todas mujeres extraordinarias y con nexos comunes que marcaron sus vidas: sobreponerse a los desgarramientos de la vida sumergidas en las profundidades del dolor, pero redimidas por la ilusión del amor. Sus vidas no estuvieron exentas de violencia que dejó profundas heridas en sus almas, al grado de convertir sus vidas en polvo de estrellas.

La música de esas mujeres geniales e inolvidables se convirtió en la banda sonora de nuestros devenires. En silenciosas complicidades nos cautivaron con sus dulces cantos desgarrados.

Conocí la música de Whitney Houston en los años 80, a través de la radio Stereo 97 F.M. Los DJ de entonces quedamos fascinados. En silenciosa complicidad, alterábamos la programación de nuestros distintos espacios para seguir escuchándola. Devorábamos las revistas, las tapas de los discos, las páginas de farándula o la famosa lista Billboard. Luego Withney nos cautivó con su actuación en El guardaespaldas (The Bodyguard), junto a Kevin Costner.

Su talento fue nutrido por una familia de mujeres artistas de talento como Aretha Franklin; su madre, la cantante de soul Cissy Houston; y sus primas Dionnne y Dee Warkik. Por ello no sorprendía que transitase con igual brillo por el rithm and blues, el soul, el pop, el gospel y el jazz con guiños de rock o hip hop. Fue la voz femenina más premiada de todos los tiempos, según el libro de récords Guinness. Se destacaba también como actriz, compositora, productora y modelo. En la cima de su carrera creó una fundación para  ayudar a niños con carencia de hogar y enfermos de cáncer.

Sin embargo, Withney no pudo librarse de la violencia doméstica que la sumergió en el dolor y las drogas, ni de los tormentos de una relación brutalmente abusiva. Finalmente, su voz única se inmortalizó como, unos meses antes, también se inmortalizó la voz de Ammy Winehouse: ella también transitó por las ilusiones del amor y sus evanescentes vericuetos. ¡Nadie decide de quién enamorarse! Withney tenía 48 años y Ammy 27, pero la historia se repetía: angustia, dolor y soledad en una habitación.

Luego vino la avalancha de especulaciones mediáticas y los veredictos sobre la intimidad de los túneles infernales de la adicción. Eso pasó también con Janis Joplin, la estrella del rock and roll y del blues de los 60. La demoledora potencia de su voz me llegó y me cautivó a través de la histórica y entrañable radio Chuquisaca. También cautivó su indumentaria hippie y rebelde, pero sobre todo, el espíritu de sus canciones.

A pesar de que Janis se unió a los jóvenes y vanguardistas beats y beatniks de su época, no pudo llenar los vacíos del abandono adolescente ni de la marginación escolar marcada por la “impopularidad” y el racismo: Janis era la “amiga de los negros”. Pero ni su extremo amor por el blues y el jazz, ni su apego a las libertades creativas de la música de los 60, ni la inspiración de Bessie Smith, Billie Holiday o Artha Franklin la libraron de los desgarramientos del desamor y la soledad. Quizás sin saberlo, transitó las mismas rutas devastadoras que se llevaron a Bessie Smith y Billie Holliday.

Música, melancolía y redención. Bessie Smith fue la emperatriz del blues en la Norteamérica de las décadas del 20 y 30. La fuerza demoledora de su talento le abrió el camino, a pesar de la pobreza y el racismo. Eso haría también en otro momento y en otro lugar, Cesaria Evora, “la diva de los pies descalzos”, la embajadora musical de Cabo Verde también muerta recientemente.

Bessie Smith nunca dejó de cantar, pese a los arrebatos del dolor, la depresión, y la adicción. Hasta que un día un accidente de automóvil la obligó a tocar las puertas de los hospitales para blancos. Le negaron el ingreso. La cantante murió por falta de auxilio. No importa que después la historia de la música la reivindicara. Y fue precisamente la vida de Bessie y su intensidad hecha blues, la que luego se transmitiría con la misma fuerza a Billy Holliday, la Lady Day del jazz y que también se impregnaría en Janis Joplin, Whitney Huston y Amy Winehouse.

¡Evanescencias misteriosas, maravillosas y dolorosas de la vida!

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