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Frágil penacho de Moctezuma

El tocado del último emperador azteca actualmente está en un museo de Austria

Moctezuma. La pieza no puede viajar. Foto: El País

Moctezuma. La pieza no puede viajar. Foto: El País

La Razón (Edición Impresa) / Sonia Corona - El País

00:00 / 06 de julio de 2014

Abandonó México hace 495 años y es poco probable que vuelva. El penacho de Moctezuma, decorado con plumas de quetzal e incrustaciones de oro, plata y cobre, no puede ser trasladado desde Austria hasta México, al menos hasta que exista la tecnología suficiente para lograr un impacto cero de vibraciones en la pieza durante el viaje. Esto es lo que han concluido investigadores de ambos países en dos años de estudio de la pieza, un regalo de bienvenida del emperador azteca al conquistador extremeño Hernán Cortés a su llegada a América en el siglo XVI.

La ciencia ha desplazado a la diplomacia: aunque México y Austria llegasen a un acuerdo, no sería viable un traslado aéreo, marítimo o terrestre sin dañar el objeto. “Las vibraciones provocarían que las barbas de las plumas se desprendieran de su cañón. También provocarían que el filo de los discos de oro al moverse cortaran las plumas”, describe María Olvido Moreno, conservadora del UNAM.

El penacho de Moctezuma ha marcado la historia del antiguo México. Fue parte de una serie de obsequios que el emperador azteca hizo al conquistador Hernán Cortés cuando éste llegó a Tenochtitlán (antiguo nombre de la Ciudad de México) en 1519. Moctezuma, fascinado por la apariencia de los visitantes, entregó objetos de gran valor a los conquistadores. Cortés envió a España la pieza como un regalo al rey Carlos I.

Aunque no se conoce la forma en la que llegó a Austria, el penacho está en el inventario de 1596 del Castillo de Ambras que pertenecía al archiduque Fernando II del Tirol.

Con los años, el cuidado sobre el tocado se ha vuelto extremo, pero no siempre fue así. Moreno desvela que la investigación ha permitido identificar una restauración de la pieza en 1878 en la que se le añadieron pequeñas plumas en la parte inferior, se le reemplazaron algunas piezas metálicas de oro por latón y se hizo un control de plagas a las plumas. Aunque la técnica de restauración no fue la ideal, la investigadora reconoce su valor: “Si no se hubiera hecho, hoy no tendríamos penacho”.

Moreno participó en el estudio y restauración del penacho y, junto a Melanie Korn del Museo de Etnología de Viena, consiguió obtener información inédita sobre la pieza que, confirma la investigadora, a pesar de su tamaño (1,30 m de alto y 1,78 m de largo) era un artefacto con una estructura suficiente para usarse en la cabeza de una persona.

Hasta ahora, el tocado conserva originales todas sus plumas azules, rojas y marrones, así como 1.544 piezas metálicas (85% de oro). El conjunto de plumas ha sufrido el paso del tiempo e incluso la rapiña de sus piezas metálicas. Sin embargo, los investigadores han detectado que su mayor debilidad está en la estructura: en las 27 varillas que sostienen el abanico de plumas hay 29 fracturas. La investigación, por ello, es contundente: el tesoro no tiene fecha de retorno.

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