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Gabriela Mistral: La vuelta a lo venidero

La poeta chilena en ‘Regreso’ siente a la patria como un don y por ello incrimina el abandono como una pérdida

poeta. Gabriela Mistral es el pseudónimo de Lucila Godoy Alcayaga, nacida en Vicuña, localidad del centro norte de Chile, en 1889. Murió en Nueva York en 1957. Foto: Fundación Mistral

poeta. Gabriela Mistral es el pseudónimo de Lucila Godoy Alcayaga, nacida en Vicuña, localidad del centro norte de Chile, en 1889. Murió en Nueva York en 1957. Foto: Fundación Mistral

La Razón / Eduardo Mitre - Poeta y crítico

00:00 / 22 de septiembre de 2013

El título ‘La vuelta a lo venidero’, que empalma el regreso con el porvenir, proviene de estos versos de Gabriela Mistral (1889-1957): “Cuando me pongo a cantar / y no canto recordando / sino que canto así, / vuelta tan solo a lo venidero”, pertenecientes a Poema de Chile (1), libro gestado a lo largo de su vida, inconcluso, de edición póstuma, de 1967 la primera, diez años después de su muerte. Obra en marcha, la poeta habría comenzado a escribirla en mayo de 1938, tras su regreso a Chile, según Grinor Rojo (2); mucho antes, en 1922, cuando dejó su país, sostiene su compatriota Soledad Falabella (3). Sea como fuere, los cierto es que este libro contiene, junto con uno que otro de Lagar (1954) los poemas que expresan más profundamente la experiencia del regreso.

Elijo tres: Hallazgo, que inicia su último libro, Regreso, que lo concluye, y El regreso de Lagar, los cuales conforman una suerte de tríptico, cada uno de ellos con un movimiento propio aun dentro de la similitud de ritmo y estructura basados en el verso octosilábico y en la rima asonantada. Hallazgo, que testimonia la vuelta, traza un descenso por una geografía escarpada al encuentro de las raíces. El signo de ese movimiento es inicialmente el asombro, el entusiasmo, la ligereza: “¡Tan feliz que hace la marcha! / Me ataranta lo que veo, / lo que miro o adivino, / lo que busco y lo que encuentro”.  A medio camino del poema y del regreso, el reencuentro con El Ángel-Ciervo: sublimación de Juan Manuel Godoy (Yin Yin), el hijo adoptivo que en 1943 se quitó la vida en Petrópolis y quien ahora asume una condición y un rol de Ángel de la Guarda. Con su presencia, mejor dicho: con su fantasma, que sostiene los tramos dialógicos de la travesía, se hace tenue la línea divisoria entre el sueño y la vigilia, entre lo visto y lo imaginado o deseado. Hay un momento en que la poeta habla de un cuerpo otro, desprendido del suyo con el que va atravesando por  “unos céspedes tan tiernosque no quisiera doblarlosni rematar este sueñode ir sin forma caminandola dulce parcela, el reinoque me tuvo sesenta añosy me habita como un eco.En cambio, Regreso declara de entrada la pertenencia a una patria sentida como un don y, en consecuencia, incrimina el abandono de ella como una pérdida, y como una culpa: ausentarse del lar es extraviarse. El poema no traza ningún desplazamiento, tampoco dibuja una geografía, sino que comunica la autocrítica y el remordimiento de una hija pródiga que vuelve a su tierra y entorno que la desconocen: “Desnudos volvemos a nuestro dueño / manchados como el cordero”. Esta conciencia aflictiva reprueba la vanidad de los afanes humanos —incluidos los viajes en pos de patrias utópicas— desasidos del vínculo con la Trascendencia, con Dios Padre, de quien provenimos y hacia quien vamos. En la Mistral palpita Plotino, pero un Plotino cristianizado: Y nunca fuimos soldados,ni maestros ni aprendices,pues vagamente supimosque jugábamos al tiemposiendo hijos de lo Eterno.Y nunca esta Patria dejamos,y lo demás, sueños han sido,juegos de niños en patio inmenso:fiestas, luchas, amores, lutos.

Regreso cierra el tríptico y suspende Poema de Chile, con un movimiento más bien ascensional, inverso al de Hallazgo, y testimonia otra partida, pero de índole distinta: el transporte místico de un alma tocada por “una inefable / punzada de rayo recto”, que se ausenta porque “me llama un silbo que es mi Dueño”. Pero esto acontece tras haber cumplido una doble misión: la redención de un niño y el reconocimiento de su tierra. “Yo bajé para salvar / a mi niño atacameño / y por andarme la Gea / que me crío contra el pecho”. De este modo, el regreso opera una doble restitución: religa al sujeto con el Padre o el Cristo figurado en el símbolo del Cordero y,  asimismo, con su tierra y sus gentes.

Pero el canto nacional a la geografía, flora, fauna y gentes de su país, no debe soslayar la trama personal, existencial, de la poeta. La interrogante permanece: ¿Por qué ella no regresó? ¿Por qué quiso escribir (suplantar) el retorno definitivo en lugar de emprenderlo en la realidad? Creo que una de las claves, entre otras, reside en los regresos espaciados y transitorios que hizo, en los que ella fue dándose cuenta de que no era la misma y que tampoco lo eran los rostros que llevaba grabados en la ausencia, pues habían cambiado tanto que ya no los reconocía, o ya no existían: “y no regreso si los rostros que busco me faltan”, adelantaba en Despedida de Lagar.  La experiencia del regreso revela el cambio operado en los otros y en nosotros mismos; de ahí la amarga contundencia de estos versos de Hallazgo (y la connotación ahora distinta que adquiere el título): “pero como fui tan otra / y tan mudada regreso”; y líneas o pasos más adelante: “O fue loca mi partida / o es loco el regreso” Así, el tríptico aquí configurado retrata tan intensa como dramáticamente el dilema visceral y complejo que urden las partidas y los regresos.

Jaime Quezada, en un emotivo artículo sobre Poema de Chile, recuerda que la autora “quiso en algún momento llamarlo Viaje imaginario por Chile, que eso, precisamente, y de buenas a primeras, pareciera ser el libro.” (4). En una carta de 1946, refiriéndose a su poemario, la propia poeta confiaba a dos de sus amigos: “No les voy a esconder que lo he escrito como quien sustituye el viaje que iba a hacer y emplea ese tiempo ahí, en los versos, contando el territorio en la medida de lo que sé y de lo que puedo” (5). Como entonces y después, ella decidió no regresar definitivamente, y seguir escribiendo ese libro sobre su patria con el cual la hace presente como frecuentemente los poemas de amor hacen presente al amor en la ausencia: dando un ferviente testimonio de él.  NOTAS1. La mejor edición es la del poeta Jaime Quezada. (Santiago de Chile: Editorial Universitaria, 1996). 2. Dirán que está en la gloria... Gabriela Mistral, (Santiago de Chile: Fondo de Cultura Económica,1997).3. ¿Qué será de Chile en el cielo? Poema de Chile de Gabriela Mistral (Santiago de Chile: LOM, 2003).4. “Chile en el poema de Chile o una manera de contar la patria”. Valle de Elqui, noviembre de 2012.

5. Carta a Carmela y Carlos Errázuriz fechada el 7 de marzo de 1946. Vuestra Gabriela. Cartas inéditas de Gabriel Mistral. Selección y notas de Luis Vargas Saavedra. (Santiago de Chile, Zig-Zag ,1995).

Gabriela Mistral (1889-1957)

Ya me voy porque me llamaun silbo que es de mi Dueño,llama con una inefablepunzada de rayo recto:dulce-agudo es el llamadoque al partir le conocemos.Yo bajé para salvara mi niño atacameñoy por andarme la Geaque me crió contra el pechoy acordarme, volteándola,su trinidad de elementos.Sentí el aire, palpé el aguay la Tierra. Y ya regreso.El ciervo y el viento vana llevarte como arrieros,como flechas apuntadas,rápido, íntegro, ileso,indiecito de Atacama,más sabe que el blanco ciego,y hasta dormido te llevantus pies de quechua andariego,el Espíritu del aire,el del metal, el del viento,la Tierra Mama, el pedrisco,el duende de los viñedos,la viuda de las cañadasy la amistad de los muertos.Te ayudé a saltar las zanjasy a esquivar hondones hueros.Ya me llama el que es mi Dueño...

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