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‘Género’: Debate necesario

La artista brasileña Camila Felicio habla sobre la obra de la boliviana Diego Aramburo, que cambió legalmente su género de masculino a femenino.

‘Género’: Debate necesario. Foto: Miguel Carrasco

‘Género’: Debate necesario. Foto: Miguel Carrasco

La Razón (Edición Impresa) / Camila Felicio (artista y abogada)

00:00 / 20 de junio de 2018

Genero aborda la transformación de la artista boliviana Diego Aramburo en algo más. Y, observando algunos comentarios sobre la repercusión de esta acción, se hace evidente cómo es necesario poner este tema sobre la mesa y cómo, todavía, en términos de humanidad, estamos atrasados ​​con relación al sentimiento de respeto por el otro y al derecho fundamental de la libertad y la libertad individual de ser.

La artista expone de forma muy personal cómo pasa por este proceso de cambio de género. Deja claro que su pelea es con el patriarcado, no con su cuerpo u orientación sexual. No se identifica con la construcción de su género de nacimiento, el masculino, y tiene la necesidad de transgredirlo. Y la Ley 807, promulgada en 2016 en Bolivia, le da la opción legítima y legal de hacerlo.

En Brasil no hay legislación específica sobre los derechos de los transgéneros, debido al conservadurismo que reina en el Congreso Nacional, haciendo difícil la garantía de los derechos fundamentales dispuestos en la Constitución Federal correspondientes a los Derechos Humanos Universales. Pero, el día 1 de marzo del año vigente, el Tribunal Supremo Federal aprobó la alteración de nombre y género en oficinas de Registro Civil sin requerimiento de que la persona haya pasado por la reasignación de sexo (quirúrgica).

Bolivia, así como Brasil, fue un país colonizado y, a pesar de la diferencia de contextos socioculturales, ambos presentan la herencia de una visión conservadora, pautada en el ideal de la “familia cristiana” que impide el ejercicio de la libertad de otras formas de expresión individual y colectiva que van contra este patrón. La decisión reciente del STF y la Ley 807 en Bolivia muestran un avance en la posibilidad del ejercicio de esos derechos. Por esta ley la artista Diego Aramburo encontró una forma de posicionarse socialmente que contempla mejor su expresión como individuo, cambiando de “sexo masculino” a “sexo femenino”.

Tal vez, por cautela, reconozca que no está en la misma situación de una mujer o de una mujer-trans que se identifique por el cuerpo como mujer, pues mantiene la apariencia de hombre, o lo que se asocia culturalmente con tal. Esto provoca. ¿Una mujer trans en el cuerpo de hombre? ¿Cómo es posible? Se pregunta el binarismo. Psicológicamente no se siente como hombre, pero físicamente no se siente mujer. Y el binarismo le otorga solo dos opciones, hombre y mujer. Y la artista escoge mujer por una cuestión psicológica, dado su discurso ante la voluntad de aportar a su hija en lo que ya comienza a ser su viaje en medio del sistema vigente.

La confusión es comprensible. Es como un armario donde los objetos están organizados en cajas diversas, algunas son más altas que las otras. Lo que no cabe en ninguna caja, por ser diferente, se descarta. Lo que se hace habitualmente, en ese caso, es crear nuevas etiquetas, antes que aceptar un objeto distinto en una casilla cerrada.

Hay gente que tiene dificultad en aceptar nuevos “objetos” y los esconde, hay gente que lo guarda todo en la misma caja, pues al final está todo dentro del mismo armario. La verdad es que cuando alguien ve un objeto extraño, una persona diferente del patrón de las casillas establecidas, es más fácil juzgarla que tratar de situarse en su lugar para entenderla. En general falta empatía y respeto por el otro, por sus elecciones, por el reconocimiento de la libertad individual de ser lo que se quiera, se pueda, o se necesite ser, sin casillas, etiquetas ni patrones.

Entonces, en algunos de los comentarios percibo que ciertas mujeres feministas rechazan la idea de que un hombre heterosexual no quiera ser hombre. Algunas mujeres trans también discrepan que la artista sea mujer, por el hecho de no tener cuerpo femenino. Entonces hablemos de esto. ¿Qué es ser mujer? ¿Cuál es el cuerpo que una mujer tiene que tener?

Mujeres y trans. Mujeres trans. Estamos todas oprimidas por el patriarcado. Y parece que no nos damos cuenta de que, cuanto más sensibilidad y unión se tenga para disentir, más fuerza tendrá cualquier movimiento (contra el patriarcado). Fuerza para cambiar algo.

Los debates son absolutamente necesarios para lograr no quedarse en el mismo lugar, para moverse. Cuando alguien propone una reflexión que cuestione este sistema, yo le agradezco y apoyo. Al fin y al cabo, yo también estoy en esto diariamente, yo soy mujer, y yo también estoy en la búsqueda de quién soy. ¿Qué es ser mujer? ¿Qué es ser humano? ¿No es mucho más que determinaciones biológicas?

Por eso me identifiqué con Genero, porque la artista “pone en escena” algunos de sus conflictos femenino-masculinos, sus deconstrucciones. La dualidad.

En la filosofía oriental, el Yin y el Yang son dualidad de todo lo que existe en el universo. Polaridades que se complementan y forman un único ser, que toma la forma adecuada para equilibrarse.

La artista dice: “Quisiera ser un útero”. Ella de hecho canaliza el poder de un útero. Cada mes el útero se prepara para recibir un óvulo y almacenarlo para la generación de una nueva vida. Cuando el óvulo no es fecundado, el útero disuelve sus paredes, junto con el óvulo, a través de la sangre menstrual que sale para renovar, limpiar. Y se reanuda de nuevo. Ciclo por ciclo. Es como un ritual de vida, muerte y vida. La artista rescata el arquetipo de la “mujer salvaje”, presentado por Clarissa Pinkola Estés, en el libro Mujeres que corren con Lobos, para destruir lo que ya no necesita estar. La “Mujer Salvaje” tiene esa sabiduría, es intuitiva, sabe lo que necesita llevar, es solo confiar y dejar transformarse. Diego Aramburo está haciendo un ritual de paso y confía en su intuición, “Algo va a dejar de existir. Espero que sea lo peor que hay en mí en relación a género ...” , un entierro, está de duelo.

Después de la muerte viene el renacimiento y este nuevo ser ha de descubrir lo que será. Y para ella, que está en este proceso sensible, compartido de una forma generosa y artística, cuestionando nuestros patrones machistas, de mujer a mujer, yo digo: gracias.

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