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Gilka Wara Libermann

El libro ‘Vuelo de pájaro’ retrata a la pintora naíf  y su colorida visión de las personas y la naturaleza

La Razón (Edición Impresa) / José Emperador - La Razón

00:00 / 13 de septiembre de 2015

A muchos les parecerá ingenuo pretender que el hombre, a estas alturas de la historia, conviva armónicamente con la naturaleza que le rodea. La pintora Gilka Wara Libermann, en cambio, cree que esto, además deseable, es necesario y posible. Así lo ha reflejado siempre en su ya amplia producción pictórica, que desde ahora queda recogida en Vuelo de pájaro, un libro de muy cuidada edición que ofrece 320 reproducciones con alta calidad de los cuadros de Libermann, acompañadas por 40 páginas de textos de diversos autores en los que se comenta la obra, a profundidad y desde todos los ángulos posibles.

“He pintado así desde niña, desde que mis padres me dieron los pinceles” afirma Libermann, que ha conseguido mantener esa mirada inquieta, desinteresada y curiosa de la infancia y plasmarla en sus obras de arte naíf, una palabra francesa que quiere decir, precisamente, “ingenuo”. Sus obras representan un mundo agradable, lleno de colores vivos y de personas, animales y plantas que se relacionan sanamente en lo que la artista llama “mi fraternidad universal”. Libermann, por supuesto, se reconoce como parte de esa armonía, pues su trabajo defiende “no solo respetar la naturaleza sino también sumergirse en ella”. Este planteamiento, que algunos podrían encontrar ingenuo, resulta de una larga y seria reflexión, bien basada en un compromiso absoluto con el arte, la vida y la naturaleza.

El editor de Vuelo de pájaro, el historiador del arte Pedro Querejazu, define el enfoque de Libermann como “espontáneo, natural, algo que sale del alma y le sigue donde va”. La artista tiene una sólida formación académica en pintura, artes gráficas, estampado y grabado, y “si es ingenua es porque ella quiere… desde luego no es que sea opa, ni mucho menos”. Querejazu lleva años seleccionando a los más importantes del arte contemporáneo boliviano para dedicarles libros como éste. En ningún momento ha dudado en incluir a Libermann en tan selecto grupo, en el que figuran Guiomar Mesa, Keiko González, Yolanda Bastos y Arturo Borda. A cada uno de ellos se les ha dedicado un volumen de la colección, que por el momento se completa con una recopilación de críticas escritas por él mismo.

paraíso. Libermann reconstruye con su pintura naíf un mundo idílico pero cotidiano. “Lo llevo dentro”, dice, “porque cuando vivía en Argentina el paraíso estaba en el patio de mi casa, que quedaba en medio del campo”. La pintora también recibió la inspiración de México y Brasil —donde el mar la “deslumbró”— ya que cuando era niña su padre tuvo que huir, exiliado político, de Bolivia. A la vuelta, la familia compró una casa en los Yungas y ahora ella vive en Uni, de manera que durante toda su vida ha conseguido mantenerse en el paraíso, y retratarlo con sus pinturas. En ellas aparecen “los pueblos indígenas y su apego a la tierra, tan ajeno a la cultura occidental”.

Tanto la artista como Querejazu querían que en Vuelo de pájaro entrase toda la obra de Libermann, pero finalmente no pudo ser ya que llega a 650 cuadros, por lo que ha tenido que quedarse fuera lo que ésta pintaba cuando aún estaba en el colegio. Los textos se ofrecen en castellano y en inglés porque uno de los objetivos de estas publicaciones es promocionar al artista fuera de Bolivia.

Libermann ya es conocida en Japón, donde ha exhibido y vendido en diversas ocasiones. También tiene un espacio en la galería israelí GINA, en Tel Aviv, especializada en ubicar los mejores pintores naíf del mundo y promocionarlos en unos circuitos internacionales a los que Libermann apunta fuerte, por muy ingenua que se muestre. O, más bien, gracias a ello.

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