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Guasón

La película dirigida por Todd Phillips se llevó el León de Oro en el Festival de Venecia 2019

Poster del film 'Guasón'

Poster del film 'Guasón' Foto: hipertextual.com

La Razón (Edición Impresa) / Pedro Susz - crítico de cine

00:00 / 16 de octubre de 2019

Ni bien se hizo pública la decisión del jurado, presidido por la cineasta argentina Lucrecia Martel, en el último Festival de Venecia de otorgarle el León de Oro a la película dirigida por Todd Phillips, comenzó a revolotear la sospecha: ¿será que incluso esos pocos espacios abiertos al cine todavía concebido como herramienta creativa y no únicamente como mercancía sucumben a la plaga de las sagas destinadas a la máxima rentabilización del universo de superhéroes y supervillanos frecuentado por las tiras cómicas, convirtiéndose de tal suerte en el nuevo campo de batalla de la guerra entre Marvel y DC Comics?

Se desató al mismo tiempo el griterío crítico entre quienes consideran a Guasón un ambicioso simulacro de filosa invectiva contra las anomalías del modelo vigente y aquellos para los cuales constituye un desatino mayúsculo valerse de un personaje por demás frecuentado por los públicos de todas las edades en el intento de actualizar la manida anécdota a propósito de un tipo del montón trasmutado en un connotado sicópata; ilustrando, naturalizando, piensan, la figura de la latencia en una misma personalidad, en todas ciertamente, tanto de pulsiones hacia los actos más abnegados como a las atrocidades extremas.

La pregunta en este caso es si la realización en sí misma, con varios tramos de tedio y una superflua, tanto como dispersiva, multiplicación de apuntes realistas, justifica el alboroto o si unos y otros cayeron en la celada montada por el departamento de marketing de la Warner Brothers para hacer del escándalo un recurso promocional sumado a los otros ingredientes de la campaña.

No le faltan ambiciones a la película. Por el contrario, parecieran dar la impresión de estar sobredimensionadas en comparación con las facultades del realizador para llevar a buen puerto un relato que pretende, ante todo, redondear un ensayo sicológico a propósito, acaba de apuntarse, de los claroscuros propios de la condición humana, sin desdeñar empero al mismo tiempo las recetas del entretenimiento para todo público.

Arthur Fleck es expaciente de un hospital siquiátrico al cual fue a dar debido a una extraña patología neurológica que en momentos insospechados le provoca incontrolables ataques de risa, cortados asimismo de manera súbita; ahora se gana los centavos como payaso, animando ocasionalmente fiestas infantiles, pero a diario exhibiendo un cartel en la puerta de un negocio cualquiera a fin de atraer potenciales clientes. Cierto día un grupo de mozalbetes le arrebata el letrero cómo prólogo a la tremenda paliza que a seguir le propinan.

Es la primera de una densa secuela de maltratos y humillaciones, fruto de las cuales la resignación de Arthur irá abriendo paso hacia una rencorosa violencia que lo empujará a subir peldaño a peldaño la escalera desde el cualunquismo del ciudadano de a pie hasta una sociopatía salida de madre, que lo alza a la condición de enemigo público y antagonista número uno del enmascarado paladín de la justicia que esconde su identidad con antifaz negro.

Físicamente ausente aquí, los seguidores de los varios episodios dedicados a Batman no dejarán empero de aguardar su aparición en cualquier instante; hábil recurso, debe reconocerse, para hacer del desplazamiento del antagonista habitual al centro del escenario un giro que encadena Guasón con los eslabones precedentes de la saga, aun cuando aparente distanciarse de las premisas de aquella.

Entretanto va macerando tal metamorfosis, en su tiempo libre el patéticamente solitario Arthur vive pegado a la pantalla, anhelando llegar a ser algún día una suerte de pupilo de Murray Franklin, conductor de un programa televisivo dedicado a adular a las celebridades de la farándula. El papel de Murray le fue encomendado por el realizador a Robert De Niro, ciertamente no por casualidad, según permiten advertir a lo largo del relato las numerosas citas a Taxi Driver (1976) así como a El Rey de la comedia (1983), ambas dirigidas por Martin Scorsese, de quien Phillips se confiesa así admirador, y protagonizadas justamente por De Niro.

Todo transcurre, se sabe, en Ciudad Gótica, en este caso particular una dúplica escasamente amable de Nueva York, con el acento puesto en su cara más oscura: callejones de temer, calles penumbrosas atiborradas de basura y atestadas con un caos vehicular enloquecedor, donde en cada esquina acecha la violencia. Esa que Arthur asumirá, en sus manifestaciones más brutales, a modo de revancha por las sevicias, físicas y morales, recibidas del entorno.

La película de Phillips, decíamos, no se queda corta en ambiciones. Le escasean empero al director los recursos para poner el resultado a la altura de sus ansias de grandeza. Especialmente, el pulso necesario a fin de mantener el crescendo en la tensión que decae visiblemente luego de la primera gran operación criminal, planificada y ejecutada con todo detalle por Arthur, transformado ya en Joker, para dejar en claro que si no se le reconoce talento para otra cosa deberá reconocérsele el más que suficiente para la crueldad. Es la masacre en el metro, alusión inocultablemente evidente al suceso real acaecido en 1984, aun cuando aquí aparece desvestido de las connotaciones racistas que tuvo este último. Es asimismo una cita a Contacto en Francia (William Friedkin/1971),

De allí en adelante, de ser una suerte de proclama miserabilista, la trama cobra un tono casi demagógico colocando al protagonista en el papel de líder, a la Robin Hood, de un movimiento anticapitalista llevado a la calle en grandes movilizaciones, adivine de quiénes: payasos, por supuesto. Tal elección habilita una doble lectura no exenta de ambigüedad desde luego. A la cual aportan algunas frases proferidas en la televisión por Thomas Wayne, el presuntuoso y multimillonario aspirante a alcalde de Gotham City —¿caricaturesca indirecta a Trump?—, al tildar a quiénes protestan de “bufones fracasados, que no supieron ser nada en la vida”.

En los rubros técnicos descollan el diseño de producción y la fotografía. Juntos consiguen construir una poderosa carga icónica focalizada en desoladores paisajes urbanos. Dicho alcance figurativo es enriquecido por la elección de una paleta cromática distanciada de los saturados colores usuales en las series que vuelcan a la pantalla criaturas y contextos propios del cómic, más próxima en todo caso a las tonalidades ocres y granulosas prevalecientes en los thrillers de los años 70 y 80 del siglo pasado. Por su parte, el montaje y la dirección de arte se esfuerzan en la construcción de una atmósfera lúgubre sin necesidad de acentuar visualmente tal propósito.

La elección del actor de origen portorriqueño Joaquín Phoenix para meterse bajo la piel del Guasón, antes y luego de transformarse en el archivillano, ha sido asimismo motivo de pareceres encontrados, entre quienes juzgan su desempeño un prodigio de expresividad, tanto gestual cuanto corporal, y aquellos que se manifiestan agobiados por la sobredosis de ademanes empleados para dar cuenta de una insania a flor de piel, con atisbos pasajeros de extrema racionalidad. Una vez más: ¿no habrá sido esta discusión otra calculada argucia marketinera a la cual terminan prestándose ambos bandos?

Suspicacia nutrida, se dijo, por la constatación de la falta de balance entre la solemnidad que impregna la narrativa de Phillips, con el agregado de algunos trascendidos acerca de una segunda parte que estaría en proyecto, dependiendo del recuento de ingresos conseguidos por este alegato acerca de los monstruos que la sociedad es capaz de engendrar, y la superficialidad en definitiva del modo recurrido para traducir tal inmersión en los vericuetos del status quo y del inconsciente colectivo.

Ficha técnica

Título original: Joker

– Dirección:  Todd Phillips

– Guion: Todd Phillips, Scott Silver

- Fotografía:  Lawrence Sher

– Montaje: Jeff Groth

– Diseño: Mark Friedberg

– Arte: Laura Ballinger

- Música: Hildur Guðnadóttir

- Efectos: Cleo Camp, Doug Facciponti,

Joseph Sacco, Brian Adler

- Producción: Richard Baratta, Bruce Berman,

Jason Cloth,  Bradley Cooper, Todd Phillips

– Intérpretes: Joaquín Phoenix, Robert De Niro,

Zazie Beetz, Frances Conroy,  Brett Cullen, 

Shea Whigham,  Bill Camp,  Glenn Fleshler, 

Leigh Gill,  Josh Pais,  Rocco Luna,  Marc Maron, 

Sondra James,Murphy Guyer, Douglas Hodge,

Dante Pereira-Olson, Carrie Louise Putrello

– EEUU/2019

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