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Gunnar Mendoza en la memoria

Hace 20 años, el 5 de marzo de 1994, murió el historiador y archivista; su trabajo es fundamental para el conocimiento de la historia de Bolivia

La Razón (Edición Impresa) / Gonzalo Molina Echeverría - Archivista Sucesión Mendoza

00:00 / 02 de marzo de 2014

Al cumplirse 20 años de la partida de Gunnar Mendoza Loza –Sucre, 5 de marzo de 1994– presentamos esta evocación de la vida y obra de este ilustre archivista, historiógrafo y bibliógrafo boliviano, nacido en Uncía, provincia Bustillo del departamento de Potosí, el 3 de septiembre de 1914 (este año, precisamente, se cumple el centenario de su nacimiento).

Afectado por la “célula primordial del oficio”, a temprana edad fue ayudante de los trabajos historiográficos-geopolíticos de su padre, el escritor Jaime Mendoza, uno de sus maestros y modelos, quien estimuló la naciente vocación de su hijo. En 1924, cuando el niño Gunnar tenía 10 años, Jaime Mendoza en su ensayo La Universidad de Charcas y la idea revolucionaria, le escribió una dedicatoria-mensaje que con el tiempo Gunnar Mendoza asumiría  como un mandato de su propio destino:

“Hijo mío: tú que como yo tienes alma de montañés y hallas los más íntimos gozos en la contemplación de los agrestes paisajes de nuestra amada tierra boliviana; tú que empiezas ya a dirigir también tus ojos infantiles, con aire de nostalgia y amartelo, hacia esos otros paisajes del pasado remoto y brumoso de nuestra historia, hijo mío: cuando mañana pasees esos mismos ojos en las páginas que escribió tu padre quizás atropelladamente, acaso con frecuentes descuidos, bajo el apremio de las horas febriles que pasan entre mil preocupaciones /…/, al ejercicio de una ardua profesión, quiera Dios que entonces tus manos listas y ágiles, bajo la inspiración de tu alma buena y de tu cerebro selecto, acaben de trazar en el papel las páginas que yo dejo en blanco. Sé mi prolongación también en esto. Hónrame. Hazme vivir”.

Gunnar Mendoza realizó sus estudios elementales bajo la tutela de sus padres (1920-1925). Al instalarse la familia Mendoza en la ciudad de Sucre, de 1926 a 1931 estudió en el Colegio del Sagrado Corazón. Siendo un destacado estudiante fue merecedor de certificados de “Testimonio de Honor por su Buena Conducta y Aplicación” y del primer premio en certámenes y asignaturas. Al concluir sus estudios de secundaria, como representante del 6º curso, se despidió con un mensaje de agradecimiento (“Adiós al colegio”. El País. Sucre, 21 de octubre de 1931). Posteriormente estudió en la Facultad de Derecho de la Universidad de San Francisco Xavier (1932-1936). Más de dos décadas después, cuando ya era director del Archivo Nacional de Bolivia, obtuvo la beca Rockefeller para efectuar estudios de especialización en archivología en el Instituto de Archivos de The American University y el Archivo Nacional Estados Unidos, en Washington, D.C. (1958–1959).

Siendo todavía estudiante de  Derecho, Mendoza fue nombrado miembro de la Comisión Revisora de Documentos sobre el Chaco (1933-1936) del Ministerio Relaciones Exteriores. Así tomó contacto por primera vez con en el Archivo Nacional de Bolivia para la compulsa, desciframiento y copia de documentos coloniales y republicanos referidos al Chaco. Durante la  guerra con el Paraguay, también sirvió como reservista auxiliar en el Hospital Militar de Charagua (1934), del que Jaime Mendoza era director. REDACTOR. En los años de su juventud se dedicó al periodismo. Fue redactor, editor y director del periódico El País de Sucre (1937-1938) de propiedad y fundado por José Prudencio Bustillo. A esta actividad se refirió en ocasión de recibir el Premio a la Vocación Cultural del Sindicato de Trabajadores de la Prensa de Chuquisaca y el Semanario El Noticiero en 1978. En las páginas de El País, en una serie de artículos y notas, editoriales abordó temas de actualidad, como la cuestión agraria, la educación, los servicios básicos, la higiene y la salubridad, el transporte y las comunicaciones, las tradiciones, los asuntos políticos y sociales y el urbanismo, entre otros. También denunció y criticó la injusticia social.

Desde sus 30 años, y durante medio siglo (1944-1994) Gunnar Mendoza fue director del Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia (ABNB). En esta tarea, a la que dedicó la mayor parte de su vida, fue un ejemplo de trabajo metódico, sostenido y perseverante con vocación de servicio. En esta actividad lo caracterizó la preocupación y atención constantes a la situación de los archivos y documentos de Bolivia y, consecuentemente, su preservación y conservación.

En este sentido, Mendoza contribuyó a la legislación archivística y de bibliotecas con proyectos originales de disposiciones que después fueron aprobadas —como los decretos supremos 05758, 13957, 22144, 22145, 22146, 22199, 22396— lo mismo que de normas sobre el Depósito Legal (DS 1834 y 4650) destinadas a la conservación del patrimonio bibliográfico.

En el ABNB, durante décadas, Mendoza elaboró personalmente o supervisó la elaboración de guías, catálogos y listas de los materiales documentales que se conservan en ese repositorio. Se trata de eficientes instrumentos descriptivos o derroteros para la búsqueda, localización y control de los documentos que hacen accesible la información para la consulta y la investigación.

Mendoza fue un destacado archivista, historiógrafo y bibliógrafo, aunque él prefería reclamarse archivista. Se desempeñó en esa triple actividad con una producción intelectual cuantitativa y cualitativa que lo consagró como un distinguido trabajador de la preservación y difusión de los recursos documentales y bibliográficos de y sobre Bolivia. Esta considerable producción intelectual se encuentra en libros, folletos, revistas, boletines, periódicos y escritos inéditos que se han reunido en sus Obras Completas, editadas por el ABNB (Sucre, 2005-2007).

En el ámbito de la historiografía trabajó en estudios sobre la historia social y, sobre todo, en la edición, como publicista documental, de fuentes documentales acompañadas de un estudio o introducción.

Entre sus grandes logros están las ediciones del Diario de un comandante de la independencia Americana, 1814–1825 de José Santos Vargas (Sucre, 1952; México, 1982); la Relación general de la Villa Imperial de Potosí: Un capítulo inédito en la historia del Nuevo Mundo de Luis Capoche, en coedición con Lewis Hanke (Madrid, 1959); la Causa criminal contra Francisco Ríos, El Quitacapas, 1809-1811 (Sucre, 1963); la monumental Historia de la Villa Imperial de Potosí  de Bartolomé Arzáns de Orsúa y Vela en coedición con Lewis Hanke (Providence, Rhode Island, Estados Unidos, 1965); el Diccionario y maneras de hablar que se usan en las minas y sus labores en los ingenios y beneficios de los metales (1609) de García de Llanos (La Paz, 1983); el  Álbum de paisajes, tipos humanos y costumbres de Bolivia, 1841-1869 de Melchor María Mercado (La Paz, 1991), y Sucre y la organización de la República de Bolivia en 1825 (Sucre, 1998).

Entre sus estudios biográficos destacan los dedicados al historiador, ensayista y bibliógrafo  Gabriel René-Moreno y a su padre, el escritor Jaime Mendoza, sobre quien elaboró una monumental bio–bibliografía que abarca de 1886 a 1993 y comprende los escritos de y sobre el autor. Pero también son notables sus estudios biográficos de los autores de los libros o documentos que editó: el comandante de las luchas por la Independencia José Santos Vargas, el historiador potosino del siglo XVIII Bartolomé Arzáns de Orsúa y Vela —personajes con quienes se identificó plenamente, considerándolos sus maestros y modelos—, Pedro Vicente Cañete, y el viajero y dibujante del siglo XIX Melchor María Mercado. ESTUDIOS. Su producción de estudios y artículos sobre archivística e historiografía también es notable, lo mismo que sus ensayos, comentarios y críticas. Escribió, igualmente, notas preliminares y prólogos a obras de otros autores sobre archivística, arte, historia, literatura, etnografía y sociología. Su producción se orientó también a la publicación y difusión de documentos o fuentes —particularmente del ABNB— en periódicos y revistas.

Su preocupación por el desarrollo de las instituciones y la legislación necesarias para la preservación del patrimonio documental y bibliográfico del país fue permanente. En 1979 le fue otorgado el Premio a la Cultura de la Fundación Manuel Vicente Ballivián. En su discurso de recepción del galardón, titulado “Cultura e infraestructura de la cultura”, Mendoza dijo: “Otra característica de la cultura [es] que la creación cultural no puede darse por sí misma, sino que necesita una infraestructura capaz de sostenerla y desarrollarla, siendo en consecuencia la infraestructura cultural el sistema de recursos humanos, materiales e institucionales que hacen posible el proceso de la creación cultural […]. Crear infraestructura para la cultura es, pues, algo tan importante como crear cultura misma”.

En octubre de 1961 participó en la Primera Reunión Interamericana sobre Archivos realizada en Washington, D.C., en la que fue reconocido “por su concurso eficaz en los trabajos preparatorios y el desarrollo de la reunión”. Ésa fue una de las por lo menos diez reuniones internacionales sobre archivística, fuentes documentales o bibliotecas a la que fue invitado para presentar ponencias o documentos de trabajo. En el ámbito nacional, Mendoza, entre 1979 y 1987, convocó a cinco reuniones nacionales para discutir sobre archivos.     

Fue Consultor de la Unesco en El Salvador en 1973. A la conclusión de su trabajo, presentó un informe sobre la “Situación y planificación del Servicio de Documentos Públicos”. Por ese excelente estudio el Archivo General de la Nación de El Salvador le extendió un diploma de reconocimiento.

La trayectoria de  Mendoza fue reconocida en 1988 con la máxima distinción que otorga el Estado boliviano, el Premio Nacional de Cultura. Treinta y dos años antes, en 1956, había recibido el Premio Nacional de Literatura otorgado por el Ministerio de Educación y Bellas Artes por su trilogía historiográfica  —sus trabajos sobre José Santos Vargas, Gabriel René Moreno y Pedro Vicente Cañete—. En esa oportunidad confesó: “Hoy, en un alto de meditación introspectiva, descubro que en verdad he consagrado mi vida a la historiografía, como otros consagran la suya a los negocios, a la política, a la profesión, al sacerdocio o al amor”.

Por su labor y producción intelectual fue acogido por instituciones y organizaciones académicas y culturales del país y del extranjero. Cuatro universidades bolivianas le otorgaron el título de Doctor Honoris Causa: San Simón de Cochabamba (1984), San Andrés de La Paz (1985),  San Francisco Xavier de Chuquisaca (1986) y Tomás Frías de Potosí (1988).

Murió en Sucre, el 5 de marzo de 1994. A sus honras y exequias fúnebres asistieron instituciones académicas, culturales, universitarias y políticas, autoridades, amigos y familiares. Homenajes póstumos en Sucre, La Paz, Potosí, Cochabamba y Santa Cruz expresaron el reconocimiento a este ciudadano que honró a Bolivia, por lo que fue considerado entre los 100 personajes del siglo XX. En su homenaje se creó el Premio Nacional de Promotores de la Cultura del Ministerio de Educación y Cultura (Resolución Suprema de 27 de mayo de 1998. Versiones: I-XVI, 1998–2013). Y también la distinción Unión de la Cámara Junior de Sucre “Jóvenes Unidos para el Progreso” (versiones: I-IX, 1994-2003).

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