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Hablar de lo que nunca se habló

El argentino Leopoldo Brizuela es el ganador del Premio Internacional de Novela Alfaguara

Brizuela. El autor de ‘Una misma noche’.

Brizuela. El autor de ‘Una misma noche’. Foto: internet

El País / Francisco Peregil

00:00 / 01 de abril de 2012

L eopoldo Brizuela tocaba el piano una noche de invierno de 1976 cuando entraron en su casa varios matones de la dictadura militar argentina. Vestían de forma muy elegante. Llamaron al timbre, no rompieron nada, pero portaban cada uno una especie de metralleta en el costado. Brizuela, que entonces tenía 12 años, siguió tocando el piano. La patota, el grupo de sicarios, llamó también en otra casa del barrio y secuestró a una vecina. Más de 30 años después, la misma casa fue asaltada por varios policías ladrones. A Leopoldo Brizuela le sobrevino el clic de que todos los vecinos recibieron en su día la visita de los sicarios. Y cada uno calló o lo expresó de una forma distinta. Él nunca se había atrevido a contar nada a nadie sobre aquella noche, ni siquiera a sí mismo.

Hasta que hace más de un año comenzó a escribir Una misma noche, novela con la que ganó el Premio Alfaguara 2012.

“Decía Bolaño que la verdad literaria es la que sale de aquello que uno no le cuenta ni al psicoanalista”, comenta el autor. “Yo seguí tocando el piano y no me acordé nunca de eso. Pero eso nunca dejó de suceder. Sólo dejó de pasar cuando pude contarlo. Y sólo he podido relatarlo a través de la escritura, que tiene un poder mucho más fuerte que la palabra hablada”.

La novela fluctúa entre la dictadura y la Argentina de 2010. Brizuela trató de zambullirse en el lenguaje de entonces para rescatar los recuerdos. “¿Qué podían pensar y nombrar los vecinos de entonces, cuando no existía ni el concepto de desaparecido? Entonces se decía: “Se lo llevaron”. Sin sujeto. Eso no implicaba una inocencia, sino un modo de saber distinto. Todo el mundo sabía algo.

A Brizuela le tocó crecer en una época y un país en que “se podía hablar de muy pocas cosas”. “Eso puede sonar muy grandilocuente, pero es verdad. ¿Quién que fuera homosexual podía hablar de su condición abiertamente hace 40 años? Y como el lenguaje no servía para expresar ciertas cosas, lo hacíamos con el cuerpo. A nadie de mi edad se le ocurría pasar nunca por la acera del departamento de la Policía”.

Como un ejemplo de las distintas formas con que la gente común puede afrontar un hecho siniestro, Brizuela recuerda la noche en que se encontraba en casa una tía que había llegado del campo. De pronto, empezaron a silbar las balas en la calle. “Nosotros seguimos viendo el televisor. Pero mi tía decía que, por lo menos, nos echáramos cuerpo a tierra. Nosotros, acostumbrados al ruido de las balas, habíamos optado por esa forma de defendernos ante la realidad. Creo que sobre una misma experiencia se pueden utilizar palabras de lo más opuestas: valentía, irresponsabilidad, colaboracionismo… Un chico que sigue tocando el piano cuando llegan dos hombres armados a casa puede ser un irresponsable, un valiente o un colaboracionista. Todo eso, pero también mucho más. Y para entenderlo escribí la novela”.

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