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Harper Lee vuelve al mundo de ‘Matar a un ruiseñor’

La autora rompe medio siglo de silencio con una obra escrita en los años 50

Harper Lee. Foto: huffingtonpost.com

Harper Lee. Foto: huffingtonpost.com

La Razón (Edición Impresa) / Marc Bassets - El País

00:00 / 22 de febrero de 2015

Que Harper Lee publique una novela tiene un impacto similar, en el mundo literario, al que habría tenido en su momento en el musical la reunión de los Beatles. La autora de Matar a un ruiseñor —la novela de 1960 sobre la segregación racial en el sur de Estados Unidos que ha marcado a generaciones de norteamericanos— era una autora de una única obra. Ya no. La editorial Harper Collins anunció que, el 14 de julio, publicará Go, set a watchman (Ve, aposta a un centinela, un título sacado del Libro de Isaías en el Antiguo Testamento) una secuela de Matar un ruiseñor.

El descubrimiento del manuscrito de la nueva novela y la decisión de publicarla es el acontecimiento editorial del año. Nelle Harper Lee —su nombre completo— pertenece a la raza de escritores alejados de los focos, como J. D. Salinger. Debutó hace 50 años con Matar a un ruiseñor, la historia de Atticus Finch, un abogado que defiende a un negro acusado de violar a una blanca, narrada por Scout, la hija de Finch. Después Lee calló. Recluida en Monroeville, el pueblo de Alabama que inspiró la novela, dejó de publicar y de dar entrevistas.

Enseguida Matar a un ruiseñor, publicada en la era de la lucha por los derechos civiles, se convirtió en algo más que una novela. La película, en la que Gregory Peck interpretaba a Atticus Finch, contribuyó a ello. Matar a un ruiseñor, que recibió el premio Pulitzer, ha vendido más de 30 millones de ejemplares. Sigue leyéndose en las escuelas: en un país donde el trauma por el racismo pervive, su significado no se ha agotado y sus personajes —Finch, el hombre justo, el faro moral; Scout, la muchacha rebelde e independiente— mantienen la fuerza. La novela tiene algo de Biblia civil, de manual de ciudadanía que enseña a los jóvenes a respetar al prójimo, a ponerse en su piel.

La escritora, que tiene 88 años y vive en una residencia de ancianos, no había dicho la última palabra y la novela nacional estaba incompleta. Le faltaba la secuela, que en realidad Lee escribió antes que Matar a un ruiseñor, a mediados de los años 50. En un comunicado, Lee explicó que la protagonista es Scout adulta. Vive en Nueva York y regresa a Monroeville —Maycomb en la ficción— para visitar a su padre, Atticus. Cuando al escribirla la mostró a un editor, a éste le interesaron los pasajes en los que Scout recordaba su infancia y convenció a Lee para que escribiera otra novela desde el punto de vista de Scout niña. Esta novela fue Matar a un ruiseñor.

“Yo era una escritora novata e hice lo que me dijeron”, dice la autora en el comunicado. “No era consciente de que [el libro original] había sobrevivido, así que me sorprendí y me alegré cuando mi querida amiga y abogada, Tonja Carter, lo descubrió. Después de mucho pensar y muchas dudas, lo compartí con un puñado de personas en quienes confío y me complació escuchar que consideraban que valía la pena publicarlo. Me honra e impresiona que se publique ahora, después de tantos años”. Carter, que trabaja en un bufete de abogados de Monroeville, negoció el contrato con Michael Morrison, el presidente y consejero delegado de Harper Collins, según la agencia Associated Press. No se ha divulgado la suma. La primera edición en inglés de Go set a watchman será de dos millones de ejemplares. La novela tiene 304 páginas y se publicará tal como fue escrita, sin revisiones.

El silencio de Harper Lee durante estos años ha alimentado todo tipo de teorías. Una de las más malévolas sostenía que en realidad el autor de Matar a un ruiseñor, o de parte del libro, no era Lee sino Truman Capote, su amigo de infancia y uno de los personajes de la novela. Otra teoría, más verosímil, es que sin la ayuda de Lee, que le acompañó durante los viajes a Kansas para recabar información, Capote difícilmente habría escrito su obra maestra, A sangre fría. Lee no era una estilista como Capote, pero, como dijo una vez otro escritor sureño, Allan Gurganus, Capote carecía del “sentido ético” de Lee. Ambos acabaron distanciados.

Harper Lee no habla con la prensa desde 1964. Su amiga la abogada Tonja Carter, sin la que la nueva novela probablemente no existiría, rehuía el asedio. “La señora Carter no da entrevistas”, dijo por teléfono una asistente en el venerable bufete Barnett, Bugg, Lee & Carter. Situado en el segundo piso de un edificio en el número 60 de Hines Street, en Monroeville, es un despacho digno de figurar en la historia de la literatura. Allí trabajaba aún, entrados los noventa, Alice Lee, la hermana de la novelista. Uno de los primeros socios fue A.C. Lee, padre de ambas y modelo de Atticus Finch.

Los libros únicos de un autor

Hay un exclusivo club que reúne a escritores de una solitaria obra Winston Manrique Sabogal - El País

El hallazgo del embrión de Matar a un ruiseñor revive el misterio de autores que solo escribieron un libro. La noticia ilumina a los miembros de este mítico club: Juan Ruiz, Arciprestde de Hita, con El libro del buen amor, Emily Brontë   con Cumbres borrascosas, Guiseppe Tomasi di Lampedusa con El gatopardo. Personas tímidas, esquivas, hurañas, dudosas o perfeccionistas y en duelo eterno con la vocación literaria y la pulsión del No. Hasta que alguien las espoleó… A Emily Brontë su hermana Charlotte, a Lampedusa su primo Lucio Piccolo y a Harper Lee su amigo Truman Capote. Y, al final, escribieron de manera febril la obra que tenían dentro.

Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, lo hizo con 1700 estrofas, entre los años 1330 y 1343, en el Libro de buen amor. Contó su vida de manera ficticia sobre asuntos y embelecos amorosos. Y tras él, otros como Emily Brontë con Cumbres borrascosas. La publicó en 1847 bajo el seudónimo de Ellis Bell. Denostada al principio, esta obra clásica surgió después de que en 1846 su hermana Charlotte la animara a escribir una novela para intentar una carrera literaria que les permitiera ganar dinero y dejar de trabajar a ambas como institutrices y maestras.

Un siglo después, el príncipe Lampedusa escribió al final de sus días, y ya con 58 años, El gatopardo. Venció sus temores en el verano de 1954 cuando acompañó a su primo, el barón Lucio Piccolo de Capo d’Orlando (Mesina), a una reunión de escritores. Ese encuentro le dio la confianza que necesitaba. Todos esos silencios concéntricos, y muchos más, los exploró Enrique Vila-Matas hace 15 años en Bartleby y compañía, un libro sobre la atracción por abandonar la escritura.

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