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Imagen prendida en el tiempo

La exposición de Depardon entrelaza lo rural y lo urbano y hace un obsequio a nuestra imaginación

mujeres • ‘Testigos de su tiempo’ presenta territorios con rostro femenino. Foto: Raymond Depardon

mujeres • ‘Testigos de su tiempo’ presenta territorios con rostro femenino. Foto: Raymond Depardon

La Razón (Edición Impresa) / Mario Vargas - Fotógrafo

00:00 / 09 de agosto de 2015

Un conjunto de fotografías nos invitan a emprender un viaje que magnifica nuestros espacios habituales y diarios para que, de esta manera, apreciemos los rituales de la vida. Raymon Depardon, con su muestra Testigos de su tiempo entrelaza mediante sinergias abrumadoras la cotidianidad de lo rural y urbano en un diálogo de dos mundos, quizá como una conquista diaria. Sus fotografías —expuestas en el Museo Nacional de Arte— parecieran instantes suspendidos en el tiempo, y son un obsequio para nuestra imaginación.

Como una película que comienza presentando el desenlace, Depardon, mediante su fotografía, desciende con el alba desde las laderas de la ciudad, por calles angostas y zigzagueantes hasta descubrir una noche estrellada, donde las luces que emergen de las pronunciadas pendientes parecieran competir con los astros nocturnos.

MUJERES. El artista francés inmediatamente nos transporta más allá, hacia territorios rurales, pueblos y pequeñas ciudades en el otro extremo del altiplano. En ellos la vida también transcurre en el mismo tiempo, con personas que corren tras el sol suplicando que éste no abandone el día, luchando con el viento para asegurar el alimento diario, sencillamente anonadados por ese instante en el que se descubre mágicamente el horizonte azul o por un dulce helado que incita tímidas sonrisas.

Testigos de su tiempo tiene como núcleo la presencia femenina. Territorios con rostro de mujer. Indígenas, mestizas, campesinas, citadinas, comerciantes, profesionales y transeúntes son retratadas en circunstancias múltiples. Ellas, además de ser testigos diarios del tiempo, son quienes determinan el ritmo y la intensidad de la vida, más allá del cotidiano. Es una provocación intensa que nos interpela a mirar con esos ojos.

HUELLAS. Depardon es sin duda de la estirpe de Cartier Bresson. Sus imágenes evocan ese íntimo contacto y la complicidad necesaria para retratar a las personas en instantes cotidianos, magistralmente logradas en contextos socialmente distantes y reservados como el altiplano boliviano. Su propuesta en blanco y negro refleja la intensidad y las huellas dibujadas en el tiempo, nos habla de cómo éste puede apropiarse de cada milímetro y eternizarlo para nuestras pupilas o permitir a la memoria retrotraer imágenes hasta encontrar similitudes en la actualidad, a pesar de haber transcurrido quizá más de 18 años desde que se tomaron las obras.

La serie fotográfica concluye en la inmensidad del salar de Uyuni, ese mar blanco que abre la posibilidad de otras dimensiones y nuevas rutas de viaje, atrapándonos en un instante decisivo. Es una invitación latente a que continuemos tras las huellas de Depardon, que nos cautivemos con cada haz de luz atrapada en la película de su cámara fotográfica y aprendamos a mirar de formas diferentes.

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