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Inéditos de Imre Kertész

El escritor húngaro, premio Nobel de Literatura en 2002, corrige actualmente sus diarios

Kertész • Auschwitz es un tema recurrente en las reflexiones del escritor. Foto: El País

Kertész • Auschwitz es un tema recurrente en las reflexiones del escritor. Foto: El País

La Razón / Imre Kertész - escritor

00:00 / 11 de agosto de 2013

El secreto de mi existencia es el deseo de amor y, al mismo tiempo, la falta de amor. El vacío se desvela a raíz de algún que otro hecho minúsculo. La forma de vida correcta —es decir, una que no me angustiara— sería la encaminada única y exclusivamente hacia la escritura. Ello, sin embargo, exigiría una soledad absoluta. La soledad me protegería de la angustia causada por el secreto de mi existencia; en cambio, aparecerían entonces ciertos temores concretos, por ejemplo, el miedo y la angustia debidos a la propia soledad. Conclusión: no existe una solución. Conclusión: existe la solución, pero la temo.

Si consiguiera querer realmente la muerte, estaría a salvo de la angustia. Pero supondría un esfuerzo psíquico que sólo podría realizarse en soledad. Es de noche, una noche primaveral, y sé que mi existencia es un gran regalo y que yo —como todo el mundo— lo estoy dilapidando. Y eso que en la vejez es preciso vivir de manera concentrada. ¿O es inevitable la disolución psíquica en la vejez?***No debo escribir más ensayos porque entonces me introduzco en la “humanidad”, participo de sus mentiras y doy testimonio de la esperanza, de una esperanza en la que no creo en absoluto si me mantengo del lado de mi arte y, por tanto, de mi radicalidad. En realidad, para ser sincero, me conceden cierta importancia desde un punto de vista artístico en Hungría, donde no puedo ejercer ninguna influencia, donde, si de ellos dependiera exclusivamente, ni siquiera escribirían mi nombre; en Alemania han imaginado que pueden aprovecharse de mí en cierto sentido —en el de una manipulación honesta, por así decirlo—; pero ahora allí también se vuelve la tortilla y se desvela la gran verdad del mundo: la esencia de Auschwitz. Así como hasta la Primera Guerra Mundial se podía considerar que se estaba viviendo en la cultura cristiana, hoy habrá que formularlo diciendo que la cultura occidental se ha convertido en la cultura de Auschwitz. Hoy estamos viviendo la cultura de Auschwitz.***Creo que en Auschwitz concluyó la historia (clásica) del cristianismo y de los judíos. Lo que viene después ya no es historia intelectual ni cultural ni religioso-espiritual (en el sentido cristiano-judío). Que Auschwitz resalte como un hecho de particular significancia entre los acontecimientos habituales —y habitualmente repugnantes— en el ámbito de los exterminios étnicos y de los exterminios producidos por los fanatismos religiosos e ideológicos se debe justamente a su significado esencial: Auschwitz manifiesta el final de una cultura que ha durado dos mil años. ¿Qué importancia tiene, en comparación, el antisemitismo? Un próximo Auschwitz sólo sería ya un tópico aburrido, la fugaz confirmación de algo que de todos modos ya sabemos; así se explica en parte la apatía callada y obtusa que el mundo ha mostrado respecto a los sucesos de Yugoslavia.

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