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Ingrid Bergman, la personalidad del cine clásico

La protagonista de ‘Casablanca’ y ‘Estrómboli’ hubiera cumplido 100 años este mes

La Razón (Edición Impresa) / Alicia García - EFE

00:00 / 06 de septiembre de 2015

No me arrepiento de nada. No hubiera vivido mi vida de la forma en la que lo hice si me hubiera preocupado por lo que la gente opinaba”. Así era Ingrid Bergman, una de las actrices con más personalidad de la historia del cine, de cuyo nacimiento acaban de cumplirse cien años. Bergman ganó tres Oscar en siete nominaciones y protagonizó títulos tan emblemáticos como Casablanca (1942), Por quién doblan las campanas (1943), Luz que agoniza (1944) —con la que ganó su primera estatuilla— y Encadenados (1946). Así se convirtió en una de las más grandes actrices del Hollywood clásico, a la vez que la menos estrella de todas ellas.

Esta sueca de Estocolmo era una mujer fuerte, directa y muy apegada a la tierra, que jamás mentía y que siempre contestaba con una honestidad apabullante, como recordaba recientemente Isabella Rosellini, hija de Bergman y el director neorrealista italiano Roberto Rossellini. Esas cualidades —además de una enorme y serena belleza— se convirtieron en sus armas tanto para la vida como para el cine.

Rápidamente se hizo popular en Suecia, y en 1936 llegó su primer papel importante, en Intermezzo, de Gustaf Molander, un director clave de su carrera con el que trabajó en siete filmes. Con esa película conquistó al público y a la crítica y llamó la atención de uno de los productores más importantes de la época, el poderoso David O'Selznick, quien se la llevó a Hollywood para hacer un remake de ese mismo filme, que se estrenaría en 1939. Para O'Selznick, la actriz “tenía una cualidad extraordinaria de pureza y nobleza y una definida personalidad de estrella, lo que es muy raro”.

AMOR. La vida de Ingrid Bergman dio un giro de 180 grados en 1948. Deslumbrada por el talento de Rossellini, le envió una carta que se haría famosa y provocaría un gran escándalo: “He visto sus filmes Roma, ciudad abierta y Paisà y me han encantado. Si necesita a una actriz sueca que hable muy bien inglés, que no ha olvidado el alemán, que no es muy entendible en francés y que en italiano solo sabe decir 'ti amo', estoy lista para ir y hacer una película con usted”, escribió Bergman.

El resultado fueron seis películas juntos —entre ellas Stromboli (1950) y Europa 51" (1952)— y una apasionada historia de amor, tras separarse ambos de sus cónyuges.

La relación adúltera de Bergman y Rossellini le cerró a la actriz las puertas del puritano Hollywood y durante años su carrera se centró en Europa.La historia de amor duró casi ocho años y, tras dejar a Rossellini, la actriz volvió a Hollywood con Anastasia (1956), por la que consiguió un segundo Oscar que recogió su amigo Cary Grant. Su reaparición pública fue en 1959, cuando presentó el premio a la mejor película en la gala de los Oscar. Una histórica y prolongada ovación recibió a la sonriente actriz y selló la reconciliación de la estrella y el cine norteamericano.

RETORNO. Pero su segunda etapa en la meca del cine ya no fue, ni mucho menos, tan fructífera como la anterior, aunque recibió su tercer Oscar por Asesinato en el Oriente Express (1974). De esa etapa su trabajo más destacado es Sonata de otoño (1976), el último largometraje que rodó y su única colaboración con el otro gran Bergman del cine, Ingmar.

Ya le habían diagnosticado un cáncer de pecho pero siguió trabajando e incluso aceptó un papel muy duro, el de la que fuera primera ministra de Israel Golda Meir, en una miniserie para televisión que la cubrió de premios. El último, un Emmy que recogió su hija Pia tres semanas después del fallecimiento de la actriz, el 29 de agosto de 1982, el mismo día en que cumplía 67 años.

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