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Iva Verdi

En el bicentenario del nacimiento de Giuseppe Verdi, el 6 de septiembre Giovanna Serbi dirigirá arias y coros de sus más conocidas óperas.

Serbi • La directora italiana de coros y orquesta Giovanna Serbi.

Serbi • La directora italiana de coros y orquesta Giovanna Serbi.

La Razón (Edición Impresa) / Rubén Vargas

00:00 / 01 de septiembre de 2013

La imaginación de la posteridad le ha deparado al compositor italiano Guiseppe Verdi (1813-1901) el aura del músico conectado intensamente con el pueblo, con sus sentimientos y sus aspiraciones. Se dice y se repite que Va pensiero, el coro de los esclavos de su ópera Nabucco, estrenada en la Scala de Milán en 1842, se convirtió en el segundo himno de su país. La gente se identificaba con ese lamento de los hebreos oprimidos y lo convertía en un gesto de rebeldía en un momento en que el Resurgimiento italiano había comenzado a caminar y daría nacimiento, finalmente, a la Italia unificada.

Leyenda más o leyenda menos, lo cierto es que Verdi es uno de los grandes representantes de la ópera italiana. Y por ello, las celebraciones del bicentenario de su nacimiento han recorrido el mundo y ahora llegan a La Paz.

El viernes 6 de septiembre, a las 20.00, en el Centro Sinfónico Nacional (calle Ayacucho 366), Giovanna Sorbi —directora del Conservatorio Guiseppe Verdi de Milán, Italia— dirigirá al coro y a la orquesta sinfónica juvenil del Conservatorio Plurinacional de Música en una concierto dedicado íntegramente al compositor italiano.

El recital será la culminación de los talleres de operística italiana que Serbi —pianista, directora de coros y orquesta— viene dictando en La Paz, como parte de un programa celebratorio del compositor italiano pero también de carácter educativo, organizado por la Embajada de Italia, la Sociedad Dante Alighieri, el Conservatorio Plurinacional de Música y el Espacio Simón I. Patiño.

Para la maestra italiana, tres son las características principales de la música de Verdi. En primer lugar, y la más importante, su popularidad. “Todos recuerdan de inmediato sus obras”, dice. La segunda, que lo convirtió en un compositor importante y famoso, es que se sirvió de la música para expresar las pasiones humanas.  “Aun si muchos de los personajes de su obras son reyes o príncipes o personajes socialmente elevados —dice la maestra—, todos son presa de las pasiones humanas, que son las pasiones de todos”. La tercera es la vitalidad de su música, “un ritmo y una energía que ningún otro músico alcanzó”.

Verdi fue un compositor prolífico —escribió 26 óperas, además de misas y otras obras—. Serbi reconoce tres periodos en su trabajo creativo operístico.

El primero, el juvenil, que por su experiencia todavía reducida, se caracteriza por “una escritura orquestal rudimentaria”. El segundo —que el propio Verdi describía como sus años de galera o de prisión—, son sus años de gran producción, escribía una ópera cada año, pero al mismo tiempo son los años que le dieron gran fama. A este periodo corresponde algunas de sus óperas más conocidas, como El Trovador, La Traviata y Rigoletto. Finalmente, en sus últimos años, Verdi se dedicó a la música que le interesaba, escribía una obra cada seis o siete años. “Es el Verdi de la madurez —dice Serbi—. Hay una evolución en el compositor. Sus últimas obras son las más complejas y por lo mismo las más interesantes, como Falstaff, Otelo y Luisa Miller. Pero también, precisamente por su sofisticación musical, son las óperas menos populares”.

Verdi y el alemán Richard Wagner nacieron el mismo año. Uno representa a la ópera italiana y el otro a la ópera alemana. Son contemporáneos pero, como dice Serbi, “son compositores tan diferentes que es casi imposible intentar una comparación”. Wagner tuvo a su disposición, gracias al auspicio del rey Ludwig de Baviera, todos los recursos para componer y poner en escena grandes óperas. Verdi, que nació en una familia de campesinos pobres, tuvo medios y recursos más sencillos pero supo utilizarlos de una manera muy eficaz. Los personajes de Wagner son héroes y dioses alejados de la experiencia del pueblo. Los personajes de Verdi gozaban de una gran popularidad. “Nadie canta en la calle una melodía de Wagner —dice Serbi— pero todos pueden recordar una melodía de Verdi”.

La directora reconoce que la ópera ha perdido el carácter popular que tenía en tiempos de Verdi. “Es un genero que sigue atrayendo a los  los compositores —dice— pero ha cambiado radicalmente. La puesta en escena y la escenografía han adquirido más importancia que la música. Hoy, lo visual tiene mucha importancia porque la televisión ha educado a la gente”.

Si tuviese que elegir una ópera de Verdi, ¿cuál elegiría? “Si yo tuviese que escoger —responde—, elegiría Otelo, por su complejidad y el uso sofisticado de la orquesta; pero si se tratara de escoger para la gente, escogería Rigoletto”. Y como se trata de la gente, en el concierto del 6 de septiembre en el Centro Sinfónico —la entrada será libre— se escucharán arias y coros de Rigoletto, La Traviata, El Trovador, Don Carlo y Nabucco.

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