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Jorge Sanjinés y el cine militante

Un repaso de la trayectoria del director boliviano en el contexto de la historia del llamado ‘cine junto al pueblo’

Insurgentes. En su último filme, Sanjinés recorre la historia de las luchas indígenas. Foto: Ukamau

Insurgentes. En su último filme, Sanjinés recorre la historia de las luchas indígenas. Foto: Ukamau

La Razón / Jorge Barrón Díaz - Director de la Videoteca Barbarroja

00:00 / 07 de abril de 2013

La Videoteca Barbarroja, espacio de discusión y reflexión dedicado a la promoción y difusión del Nuevo Cine Latinoamericano en Bolivia, al cumplir 13 años de actividades este 2013, en homenaje a la obra de Jorge Sanjinés proyectará en todo el país cuatro películas fundamentales de su filmografía: Yawar Mallku, El coraje del pueblo, El enemigo principal  e Insurgentes.

Con el convencimiento de encontrar en la trayectoria y obra de Jorge Sanjinés las claves de un cine político, urgente y combatiente, destacamos a continuación los hitos que se convierten en compromiso con la causa del pueblo.

“La verdad por intermedio de la belleza”, postulado irrenunciable de todo arte que pretenda ser revolucionario, es la idea-eje alrededor de la cual gira toda la obra de Sanjinés. Y la verdad sólo puede surgir a través de la penetración en el alma popular, en los ritmos internos del pueblo, en la captación de la cultura. Esta búsqueda —y el requerimiento de inventar un lenguaje afín a sus necesidades que permitan crear junto al pueblo el instrumento que al servir de medio expresivo contribuya a elevar su conciencia— es el mayor reto de una creatividad profunda y auténtica.

En un continente que lucha por su liberación, el cine revolucionario deberá ser antiimperialista por razones ideológicas y, en consecuencia, desempeñar una labor de denuncia, de clarificación y de rescate. Así contribuirá a la toma de conciencia de las culturas nacionales, a la par que éstas participen contribuyendo a su desarrollo.REVOLUCIÓN. La teoría y práctica del cine revolucionario, en el caso boliviano, nacen de las reflexiones y experiencias acumuladas durante los primeros años de búsqueda y trabajo de Sanjinés y el Grupo Ukamau. Para situarnos en la perspectiva histórica, es importante referirnos a algunos antecedentes del cine al servicio del pueblo en muchos países del mundo.

El triunfo de la Revolución de Octubre en la Rusia zarista y los contenidos humanos más profundos de ese proceso trascendental influyeron de manera determinante en este cine. La participación activa del pueblo, el aliento revolucionario y popular están presentes en la maravillosa película de Serguéi Einsenstein El acorazado Potemkin (1925), realizada con la población de Odesa.

Los trabajos de Joris Ivens, notable cineasta holandés y uno de los pioneros del cine documental y revolucionario, son de importancia capital. Los filmes Borinage (1935) sobre la situación de los mineros belgas, Tierra de España (1937) sobre la guerra civil española, Larga marcha sobre la Revolución China, Paralelo 17 sobre Vietnam y El pueblo y sus fusiles sobre Laos son los filmes más representativos de cine revolucionario.

Cineastas cubanos como Santiago Álvarez, Julio García Espinosa y José Massip filmaron en Vietnam y Laos Hanoi, Martes 13 y Tercer mundo, Tercera Guerra Mundial, notables películas que a tiempo de exaltar el valor del pueblo denuncian al enemigo imperialista y lo explican.

En África, durante esos años, aparecieron importantes filmes anticolonialistas. En Sudáfrica se efectuaron  clandestinamente películas reveladoras del inhumano régimen del apartheid. La última tumba de Dimbaza (1973) y El fin del diálogo (1969) son ejemplos elocuentes del cine de denuncia.

En los países árabes se destacan los trabajos de Youssef Chahine, egipcio, autor de La tierra (1968), notable película por su calidad humana y lucidez. Existe una numerosa filmografía sobre Palestina que enfoca los diferentes problemas del pueblo palestino despojado de su tierra y enfrentado al sionismo y al imperialismo. Entre las principales están: Ellos no existen (1974), un canto al pueblo y a su voluntad de vivir y de luchar por su derechos, y Revolución hasta la victoria, sobre la cuestión palestino-israelí, producida por norteamericanos de origen judío, es un llamado a la creación de una Palestina laica y democrática. Las últimas imágenes dan la palabra a Yasser Arafat.

En la América Latina contemporánea surgió y se desarrolló un cine revolucionario de forma paralela al proceso de agudización de las condiciones sociopolíticas de las naciones latinoamericanas. En 1957, Fernando Birri organizó en la Argentina la Escuela Documental de Santa Fe y propuso “un cine que afirme los valores del pueblo, que enjuicie y denuncie la realidad montada por la opresión”.

Desde fines de 1961, año del estreno de Los inundados de Fernando Birri hasta octubre de 1968, fecha de la Primera Muestra de Cine Documental Latinoamericano, efectuada en Mérida, Venezuela, se pueden encontrar resultados cuantitativos y cualitativos en el cine revolucionario de América Latina.

En Mérida se vieron los trabajos documentales políticos,  de Mario Handler; el breve pero eficaz film de montaje Now, de Santiago Álvarez (Cuba); La hora de los hornos, de Fernando Solanas (Argentina); el primer cortometraje, de Miguel Littín (Chile); los filmes sobre cultura popular, de Sergio Muniz; Vidas secas, de Nelson Pereira dos Santos, y el documental Mayoría absoluta, de León Hirszman del Brasil, los filmes etnográficos de Raymundo Gleyzer y los trabajos indigenistas de Manuel Chambi del Perú, La ciudad que nos mira de Jesús Guedes y Pozo muerto de Carlos Rebolledo y Edmundo Aray que presentan problemas candentes de la realidad social y económica de Venezuela. Y por Bolivia, llevando la voz del Grupo Ukamau, Jorge Sanjinés presentó Revolución, Aysa! y Ukamau.FILMES. Además del encuentro en Mérida, obras de la envergadura de Tierra en trance, de Glauber Rocha; Los fusiles, de Ruy Guerra; El profeta del hambre, de Capovilla, y una buena parte de los filmes del Cinema Novo brasileño y del Nuevo Cine Latinoamericano hasta la experiencia de México Insurgente, de Paul Leduc, serán determinantes en la obra de Sanjinés.

Los filmes de Sanjinés y sus reflexiones acerca de la experiencia acumulada constituyen importantes aportes para la consolidación de la teoría y práctica del cine revolucionario, por su dominio de la técnica, la poesía de la austeridad de la imagen, la limpieza y sobriedad del lenguaje y la autenticidad en los personajes que reviven un pedazo de su propia existencia.

Jorge Sanjinés ha realizado los cortometrajes Sueños y realidades (1961), Revolución (1962) y Aysa! (1965) y los largometrajes Ukamau (1966), Yawar mallku (1969), Viaje a la Independencia por el camino de la muerte (1970), El coraje del pueblo (1971), El enemigo principal (1974), Fuera de aquí (1977),  Banderas del amanecer (1983), La nación clandestina (1989), Para recibir el canto de los pájaros (1995), Los hijos del último jardín (2004) e Insurgentes (2012). La película Yawar mallku ha sido seleccionada por la Unesco como una de las mejores 100 películas de la historia del cine mundial.

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