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Knots-Nudos Teatro de grupo

Una mirada a la experiencia y las lecciones que dejó un festival internacional de teatro de grupo en La Paz

Grupo de teatro de Italia

Grupo de teatro de Italia

La Razón (Edición Impresa) / Karmen Saavedra Garfias - crítica

00:00 / 22 de febrero de 2015

Cómo y por qué se sigue haciendo teatro en Bolivia pese a la falta de apoyo estatal? La pregunta requiere indagar en varios campos de acción en los que el teatro, pese a todo, se constituye como práctica tanto en el hacer como en el ver. Una de esas prácticas es el teatro de grupo y aunque no hay una definición única sobre lo que se entiende por teatro de grupo, esta forma de organización sí marca ciertas diferencias con el elenco o la compañía.

 ¿Cómo se ha construido el teatro de grupo en Bolivia? ¿Cuáles han sido sus referencias?

En Bolivia se han registrado algunas experiencias de teatro de grupo, como Nuevos Horizontes en la década de los 60. Sin embargo, fue en los 90 cuando en dos ámbitos se percibió la mayor mística de teatro de grupo: teatro de grupo barrial y/o popular cuya finalidad fue emplear el teatro para fines sociales, didácticos, políticos y como ejercicio lúdico y creativo de ciudadanía. Y teatro de grupo cuya finalidad fue y es el hecho teatral ante todo.

El motor para la dinámica del teatro de grupo barrial fueron los talleres organizados y financiados por el Centro de Promoción de Arte y Cultura (Cenprotac) en los que participaron Ana Correa del teatro de grupo Yuyachkani del Perú, Augusto Boal del Teatro del Oprimido, entre otros, y la organización del Festival de Teatro de los Barrios “Julio de la Vega”. El impulso al teatro de grupo fue dado por el Pequeño Teatro de La Paz, el Teatro de los Andes de Sucre y Casa Teatro de Santa Cruz. Antes de la aparición de estos grupos la práctica teatral giraba en torno a elencos y compañías. Los actores rotaban de elenco en elenco y de compañía en compañía. En cambio en los 90 surgen teatros de grupo sólidos como Zig-Zag Teatro, Kikin Teatro, Los Cirujas, Ojo Morado, Taller del Barrio, Teatro Duende, etc.

Teatro Grito aparece en el umbral de los 90 y 2000 como resultado de un taller dirigido por Jorge Ortiz. Lo significativo de este grupo, en sus inicios fue la procedencia y referencia de sus integrantes. Una parte de ellos venía de los talleres de teatro en colegios, como La Salle y Alemán; otra, del taller de teatro de la Universidad Católica y de la Facultad de Arquitectura de la UMSA.

A diferencia del teatro de grupo de principios de los 90, Teatro Grito centró su producción en el teatro de calle, lo que le acercó a otros grupos, como Trono. Otro aspecto particular de Teatro Grito es su participación en eventos teatrales con lo cual borra las fronteras convencionales entre el teatro amateur y el profesional para proponer puntos de encuentro de lo diferente.

En esa línea de trabajo, Teatro Grito ha participado en múltiples encuentros y festivales internacionales y ha organizado el Primer Festival Internacional Encuentro de Teatro de Grupo Knots-Nudos que se realizó en La Paz del 25 de enero al 8 de febrero en tres espacios escénicos: en la calle (atrios de las iglesias de San Francisco y San Miguel), Teatro de Cámara y Teatro Municipal.  

Este festival, a diferencia de los dos festivales internacionales que se organizan en el país, se centra en el encuentro y en los ‘nudos’ que producen las relaciones no solo entre los actores sino también de los actores en sus roles de espectadores. Durante los 15 días que duró el evento, la mayoría de los actores de los 15 grupos presenciaron el trabajo de sus compañeros, lo que produjo una convivencia que, a su vez, generó la producción de dos montajes con los actores de los diferentes grupos. El primer montaje estuvo a cargo del boliviano Daniel Aguirre de Escénico Giroscopio y el segundo a cargo de la argentina Ana Woolf.

La dimensión festiva del encuentro fue para los actores el intercambio de técnicas y estilos y para los espectadores una experiencia sensorial y cognitiva. A diferencia de los 70, los trabajos no se centraron en el hecho teatral como hecho de transformación social; también indagaron en la experiencia lúdica y estética. Con ello el evento fue un festival de propuestas e historias muy diversas, con trabajos para adultos y para niños. Y fue un encuentro a partir de una ética que parece girar en torno a la investigación y a la necesidad de hacer nudos y producir relaciones para cartografiar un territorio que no figura en los mapas geográficos. Y de ello hemos sido partícipes los espectadores con el extraordinario montaje de El viaje, con textos de Arístides Vargas y voces y cuerpos de actores de varias nacionalidades bajo la dirección de Daniel Aguirre.

En este evento, los grupos de teatro paceño, unos más que otros, compartieron con los espectadores realizaciones escénicas bastante bien logradas en cuanto a acción dramática, puesta en escena y actuación; en general, el punto débil  fue la dramaturgia. Pero fue El Alto Teatro con Peligro que consiguió poner de pie al público en el Teatro Municipal y recibir un largo aplauso. Y Giroscopio, con 120 Kilos de jazz, que por volteo de taquilla habilitó una segunda función.

Las puestas de los teatros de grupo de Argentina, Brasil, Chile y Perú fueron diversas temática y técnicamente. Por los aplausos y por la atención de los espectadores los trabajos que más gustaron fueron: LuiEmi en el mar de Shakespeare de Camino Teatro, A real fábula suspensa de Impulso Colectivo. Y los trabajos más contrastados entre sí  fueron Casa abandonada de In Teatro, obra más musical que dramático, y Anverso, la misma carne de Icono Teatral, trabajo que concentra lo dramático y lo teatral no en la anécdota sino en la atmósfera, no en la representación de la asfixia sino en su producción.

Teatro Grito, fiel a su tradición de borrar fronteras, presentó dos propuestas: PIS para sala y Negro para calle. Además, Bernardo Arancibia, uno de los fundadores del grupo, participó con Teatro Fuego en For export, con lo que se desmarcó del teatro de grupo para ubicarse en el pliegue entre teatro de grupo y elenco.

Eventos como éste me hacen dirigir la mirada al pasado del teatro en Bolivia para admirar su insistencia. Mirando ese pasado hay que subrayar el rol importante que han jugado los talleres de teatro en colegios y universidades. Tal vez solo por eso y aún en condiciones precarias se sigue haciendo teatro en Bolivia. O tal vez porque la gente de teatro y el público, pese a todas las limitaciones, intuya que no solo se puede consumir teatro sino también usar el teatro dado que el arte es peligro, como dicen los actores de Alto Teatro.

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