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Armando Soriano Badani, una larga vida dedicada a la belleza

Armando Soriano Badani publica con Plural Editores su segunda novela, en la que une dos de sus grandes pasiones: la literatura y la pintura.

El poeta Armando Soriano Badani. Foto: Alejandra Rocabado

El poeta Armando Soriano Badani. Foto: Alejandra Rocabado

La Razón (Edición Impresa) / José Emperador / La Paz

08:31 / 07 de noviembre de 2016

Cuando el amor por la belleza y el arte prende fuerte en la vida, no se apaga nunca. Por eso Armando Soriano Badani acaba de publicar, con 93 años, su segunda novela, Ilusiones quebradas, que se suma a una inmensa obra dedicada sobre todo a la poesía pero también a la crítica literaria y de arte, al cuento y al periodismo cultural. Dueño de una memoria asombrosa —no olvida un nombre y recita largos poemas de memoria— demuestra ser aún un perfecto tertuliano rodeado de su fantástica biblioteca y de su muy apreciable colección de pintura, que cubren todas las paredes de su casa.

— ¿Ilusiones quebradas une sus dos pasiones: la literatura y la pintura?

— La novela está inspirada por mis ideas sobre la pintura estéticamente concebida y por eso el personaje principal es un pintor que se frustra en la tentativa de realizar una purificación de la pintura erótica, amatoria. Considera que existen excesos que naturalmente perturban al espectador, como las desproporciones de expresiones de una sensualidad extremada y perturbadora. Escribí la novela justamente porque quería defender los desnudos. Eso, sobre todo por mis reminiscencias tan ingratas de exhibiciones, sobre todo del Vaticano, donde los cuadros tienen todos una especie de taparrabos. Por pacatería religiosa no presentan maravillas que el hombre ha creado. Y luego también hay pinturas de una audacia temeraria.

— ¿Es su visión sobre el arte lo que se lee en el libro?

Sí, son mis ideas las que se exponen en el libro, y hago muchas reflexiones a través de este pintor. Yo soy licenciado en Filosofía y Letras, he estudiado Estética e Historia de Arte. He tenido la fortuna de haber estado en Europa y visitar sus museos, y de eso queda siempre un resabio grato de recordar. Tengo debilidad por el arte y la casa llena de pinturas, y he escrito análisis de muchos de los pintores contemporáneos bolivianos porque el arte es una de mis pasiones de siempre.

— ¿Aún escribe poesía?

Claro que sigo con la poesía, ¡como que voy a presentar un libro dentro de poco! Es, como siempre, de tema amatorio. Lo único que varía es la forma de presentación. Tengo inclinaciones clásicas que me encantan, como los sonetos, las décimas y otras formas clásicas. Este libro va a ser de décimas, que son sonoras, hermosas y difíciles. El soneto también es complicado porque hay que meditar sobre rimas y cadencias. Mis proyectos siempre están ahí. Ahora va a ser el libro de poesía.

— Usted ha publicado muchísimo en un país en el que casi no se lee.

Es cierto que faltan lectores en Bolivia, y eso no es fruto de la ausencia de buenos escritores sino de que la mayoría de los lectores casi los menosprecia. En general se opina que en nuestra literatura no existen grandes autores que puedan llamar la atención fuera del país, pero en la mayoría de las veces esto se dice porque no se valoran y no se valoran porque no se conocen. No hay ningún incentivo para que los jóvenes se dediquen a la lectura responsable. Eso viene por frustraciones de los sistemas educativos que, al parecer, no son los más atinados desde hace mucho tiempo.

Otra causa es que casi no hay crítica en Bolivia, y la que hay se ha esterilizado. Yo fui uno de los que más crítica escribió en su momento, por amor a la literatura. La gente no se atreve ahora porque es complicado valorar el esfuerzo de los demás y también porque existen una serie de intereses personales y entre colectivos, y como el ambiente es pequeño, nos conocemos todos. No se hace crítica no por abandono ni por desconocimiento, es por un desánimo que nace de la carencia de amor y dedicación por la literatura. No se puede ser un buen carpintero si no se ama la madera.

— ¿Es usted el mayor experto en cuento boliviano?

Soy un estudioso apasionado del cuento boliviano. Siempre he tenido una especie de enamoramiento por el cuento, he escrito mucho cuento pero aún más he leído. Tengo una colección completa de libros de cuentos bolivianos que no existe en ninguna biblioteca, ni en la universitaria, que es la mejor. He escrito sobre su nacimiento, desarrollo y las diversas actitudes de los cuentistas bolivianos, y la biblioteca universitaria de Buenos Aires me solicitó expresamente y me publicó dos antologías. Ahí me animé a escribir unos cuatro o cinco cuentos con temáticas de toda índole.

— ¿Por qué dedica uno toda una vida a escribir?

La única recompensa que hay es simplemente la del procesamiento libre y sin ligaduras para poder expresar el sentimiento que tiene uno por las cosas de la vida. Todo ese contenido de expresión tiene una resonancia en el orden personal, no de jactancia ni pretensiones, sino de satisfacción por hacer algo en la vida. Seguramente un carpintero tiene un goce igual al hacer una buena silla que nosotros al hacer un buen soneto. Y no es poco conseguir la autosatisfacción.

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