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Llojeta de artistas

La autora describe cómo ‘el aire de misterio’ que caracteriza a este barrio paceño, hoy convertido en área de descanso eterno, inspiró a poetas

La Razón (Edición Impresa) / Gabriela Behoteguy - antropóloga

00:00 / 07 de marzo de 2016

Llojeta es una de las zonas místicas y poéticas de La Paz. Su particular composición geomorfológica inspiró al escritor Fernando Diez de Medina a hablar de tormentas petrificadas. Y es que su cualidad está dada por esa cadena de cerros arcillosos, de fina greda, que efectivamente fueron moldeados por la lluvia, el granizo y el viento frío que también se observan en los valles de la Luna y las Ánimas. Quizás este paisaje sea en parte responsable de que Llojeta —una palabra aymara que significa “se hunde”, lo cual habla de una zona poco estable— haya tenido siempre el atractivo del reducto misterioso y literario.

Es conocida la historia del pintor Cecilio Guzmán de Rojas, quien sabía de la oscura conexión entre la muerte y Llojeta. El 14 de febrero de 1950, el pintor decidió acabar con una vida llena de amarguras, y en un tercer intento de suicidio, su corazón de artista dejó de latir poesía cuando la bala de su propia pistola le acertó plenamente. El 16 de febrero de 1950, el periódico El Diario comunicó la tragedia: “La primera noticia sobre este infausto acontecimiento que enluta a todo el país fue proporcionada por el Sr. Pedro Barrón, presidente de la Junta de Vecinos de la zona de Tembladerani, en sentido de haberse encontrado en la región denominada Llojeta, un cadáver que no pudo ser identificado. Enviados los agentes oficiales Mérida y Pereira, encontraron el cadáver de Guzmán de Rojas apoyado sobre una pared (…) vestía un paleto y pantalón café a rayas; llevaba puesto su sombrero azul oscuro con la inscripción del nombre en la parte interna”.

En lo alto de Llojeta se encuentra el cementerio “Las Flores”, un lugar nublado de nostalgia donde las anónimas tumbas poco a poco se pierden entre el pasto y el olvido de la gente. En este lugar fue enterrado el poeta Guillermo Bedregal, quien encontró la muerte en octubre de 1974, a los 20 años de edad. Una muerte que arrulló con poesía y que puede ser recitada en sus propios versos. “Pasó a Llojeta”, publicado en su primera obra póstuma, La Palidez (1975), describe la inspiración del poeta en el silencio de los cerros: “Puentes que difunden tu soledad hacia los Valles. / Agujas donde los pájaros abandonan su sed. / Vestinqueros en el niño que asciende pálidamente detrás de la tarde/ entre las arboledas que conducen a un rostro inexplicable, / oculto bajo el agua seca, / bajo el pañuelo que alguien olvidó en el aire del abismo / al profundo llamado del silencio (…).”

Con el tiempo, los familiares de Bedregal trasladaron su cuerpo al Cementerio Jardín para que descanse junto a los restos de los suyos. Su esposa, Corina Barrero, en 1995 describió la escena en dos fragmentos: “Te descubren en la tierra seca / en las raíces / bajan / con las manos repletas de tu forma / y las ropas oliendo a tu retama (…) / Anduve con tus huesos en las manos / trasladando / tu frío a cada paso”.

Actualmente Llojeta ha sido invadida por casas de ladrillos que empiezan a vestir sus cerros. Poco a poco, las agujas de tierra se derrumban, las vizcachas y jukus que habitan sus cuevas son desalojadas y aquel atractivo que inspiró a reconocidos artistas se va perdiendo de a poco. Sin embargo, en la inestabilidad de su tierra aún queda el recuerdo de las almas sensibles que no soportaron los vaivenes de un mundo sin respuestas.

Jaime Saenz, 1975: “Pues muy pocos conocen una comarca en el poniente, llamada Llojeta —y eso que no queda lejos—. Es una comarca de magos y de brujos, de adivinos y suicidas; de seres desaparecidos que aparecen, con temblores en profundas fisuras de la tierra, con muchas cosas de leyenda, por lo mismo que éstas se realizan, y con fabulosos habitantes que viven en secreto, amasando fina greda, (…). Y seguramente es por todo eso por lo que, en semejantes parajes de grandeza temible, cuando uno va y se pone a caminar, uno siente el peso y la presión, el vuelo y el éxtasis, y el vacío”.

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