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Lola Blasco: ‘Mi generación es la del teatro del nosotros’

La dramaturga española llegó a la ciudad para ofrecer un taller de escritura en el Centro Cultural de España en La Paz

María Dolores Blasco Mena

María Dolores Blasco Mena Foto: Christian Calderón

La Razón (Edición Impresa) / Naira de la Zerda

00:00 / 21 de noviembre de 2018

La dramaturga española define a su generación como aquellos creadores que se identifican —más que con la palabra “yo”— con “nosotros”. Es un conjunto de creadores testigos del 15 M (conocido así por las protestas autoconvocadas el 15 de mayo de 2011 en España), que vieron que los movimientos colectivos sí pueden generar cambios en la sociedad y que han vuelto a las fábulas clásicas para renovar cine, literatura y teatro. Lola Blasco llegó a La Paz en octubre para dar un taller sobre escritura dramática en el Centro Cultural de España en La Paz (CCELP, Av. Camacho 1484).

— ¿Por qué decidió dedicarse al teatro político?

— Escribo teatro político desde hace más de 10 años. Y mi principal interés fue transmitir un mensaje, entenderlo como un medio, porque la belleza —que siempre es un elemento importante— no fue suficiente para mí. En ese sentido, me considero una obrera de la palabra, que pretende renovarlo desde la fábula.

— ¿De qué se trata esta renovación?

— Somos la generación en red, esto ha provocado que toda la información la tengamos amplificada y que accedamos a material bastante violento. Después del 11 de septiembre pienso que empieza “la era del terror”. Esto porque, ya no los juicios, sino los ajusticiamientos, como el de Saddam Hussein o las cintas de las decapitaciones públicas de ISIS (Estado Islámico, por sus siglas en inglés), son tan violentos que si quieres trasladar cualquier tipo de violencia dentro de un escenario, se queda corta. Estamos desensibilizados. Por eso las estrategias de teatro que se fueron desarrollando con Bertolt Brecht o Peter Weiss, con el teatro documento, entre otros, ya no nos valen. La idea es buscar otra estrategia y volvemos a las fábulas. No en el sentido de moraleja, o de adoctrinamiento; sino como una manera de revelar una verdad.

Los cuentos son las tragedias de los niños que no fueron amados. Y las tragedias clásicas (griegas o barrocas), también. Y vienen muy bien porque hablan de estos padres que no protegen a sus hijos, de la misma forma en que no lo hace el Estado, que es el que debería protegerte. La protección de los hijos es casi una ley divina, que está casi por encima de los hombres y que cuando no se atiende sucede la tragedia. Los cuentos te permiten hablar de esto, sacando a la luz la verdad y la crueldad humana.

— ¿En qué artes se está presentando este fenómeno?

— Esto se está dando en el arte, en narrativa, cine y teatro, y yo me estoy analizando por qué se está dando en teatro. Aún no sé por qué está sucediendo esto ahora. Pero una de las explicaciones que doy es que tanto Europa como Latinoamérica está yendo hacia la extrema derecha, no se puede hablar. En España han encarcelado a un actor por decir que se cagaba en Dios. Y lo decía Séneca: las fábulas aparecen en tiempos de censura y están resurgiendo ahora. Deberíamos cuestionar si es que no nos estamos encaminando hacia tiempos de dictadura y qué es la dictadura de ahora. 

— ¿Cuáles son las bondades de las fábulas?

— Tienen una estructura simple que abre el discurso y nos permiten llegar a otras personas a las cuales en un principio no íbamos a poder llegar. Que es la gente que nos interesa realmente, aquellos no piensan como nosotros. Y lo que se pretende buscar desde ese distanciamiento es la reflexión. Puede sonar brechteano de alguna manera, pero no lo es, porque él abogaba por la ruptura y porque no hubiera emoción en el teatro, para hacer reflexionar al obrero.

Pero ahora los obreros no vienen al teatro, con lo cual no podemos hacer teatro obrero. Tenemos que pensar en otra estrategia, y yo sí creo en la emoción, que es la que mueve la acción.

— ¿Cómo encara todo esto desde su creación artística?

— No soy de modas, no las sigo, y por eso no me va especialmente bien, tampoco mal. Ahora hay más fuerza con el teatro político y yo estoy trabajándolo menos. Si bien mi teatro siempre es político, no es ahora, decididamente panfletario, como lo he hecho en otras ocasiones. Durante el 15 M, si hice un texto que no sé si era en verdad una obra de teatro. Se llamaba en Defensa de un teatro político revolucionario, (conocido como En defensa) que era un concierto donde se lanzaban eslóganes políticos, no había personajes y no había fábula; fue un momento de ruptura por el que atravesó mi teatro.

Luego vuelvo a tener la necesidad de contar historias y en estos momentos hablo de lo político, desde mi experiencia personal y desde mi necesidad de volver a los grandes relatos. En Siglo mío, bestia mía (Premio Nacional de Literatura Dramática 2016) lo que hago es volver al viaje personal, al desamor y entender que los conflictos del mundo también se gestan en el ámbito de, no de lo privado, pero sí de lo íntimo. Y que se puede dar una explicación del mundo desde lugares más pequeños.

— ¿Cuál es el panorama de la dramaturgia española actual?

— Hay un movimiento de autores y autoras, sobre todo autoras, en España, valiosísimas, muy buenas —María Velasco, Lucía Carballal y Carolina África, por ejemplo— que son dramaturgas, directoras y actrices también. Son gente que conoce la profesión teatral, pero que además se ha formado en la universidad. Su discurso es muy rico en cuanto a técnica y práctica teatral, con un planteamiento incluso filosófico, me atrevería a decir. El género ahora mismo es algo que está muy presente en España. Hemos tomado conciencia de que tenemos que hablar de esto porque nos compete. Es algo que aparece en muchas de las obras de estas autoras. Algunas son más políticas, otras menos.

Pero cuando pienso en generación, no es una línea convencional, pero tampoco tiene que ver con el teatro posdramático. Es un teatro mixto, en el que vemos estos personajes y estas fábulas, pero también vamos a ver cuestionamientos al público, y estas cosas van a convivir. Es bastante inteligente porque se queda con lo mejor de cada propuesta, es una forma de no desechar, no hay un enfrentamiento con la generación anterior, nosotros recuperamos incluso la tradición más clásica, sin obviar que hubo una vanguardia en medio.

— ¿En qué radica entonces la diferencia entre generaciones?

— Si el teatro posdramático, de los 80 y 90, es un teatro del “yo”. Nuestra generación es el teatro del “nosotros”. Lo explico con un acontecimiento político. En España se genera el 15 M. Fue lo que provocó un cambio político, generado por mi generación. Son manifestaciones que consiguen cambiar la realidad de forma práctica. No se puede dar una movilización así, que además se hace solo a través de las redes, en una sociedad posmoderna que tiene al individualismo y al desencanto.

Por eso se vuelve a la tragedia, y los coros, donde se tocaban y criticaban temas concretos. No me gusta utilizar la palabra fe, pero eso es lo que hay. Por eso hablo de una generación y una dramaturgia del nosotros.

Perfil

Nombre: Lola Blasco

Nació en: Alicante, España, en 1983

Teatrista

María Dolores Blasco Mena (Lola Blasco) es una dramaturga, actriz y directora de escena española, Premio Nacional en Literatura Dramática en 2016 por su obra: Siglo mío, bestia mía. Tiene más de una veintena de obras publicadas y premios y becas por estos trabajos.​

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