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UNA MARIPOSA en la noche del jazz

Pannonica suena como música pura, como algo etéreo, sólo audible, sin cuerpo, inconsciente.

Pannonica suena como música pura, como algo etéreo, sólo audible, sin cuerpo, inconsciente.

La Razón / Nicolás Peña, un apasionado por la música

00:00 / 19 de febrero de 2012

Rebelde, excéntrica, caprichosa, atípica, pintora, resistente contra el nazismo, espía, soldado, conductora de camiones militares, piloto de avión, madre de cinco hijos, fotógrafa, pero por sobre todo musa del jazz. Su vida estaba llena de música, y se caracterizaba por una especie de lujuria frenética que, después de los conciertos y las rondas nocturnas por los clubs de jazz, continuaba con las jam-sessions que ella organizaba en la suite del hotel. El gerente del mismo, harto de las quejas de los huéspedes por la bulla y el constante entrar y salir de negros, triplicaba el precio de su suite para desanimarla y que de una buena vez se fuera. Se mudó varias veces a diferentes hoteles, entre los que recurría al Algoquin y al Bolívar. En ese último compró un piano Steinway que le regaló a Thelonious Monk, que en ese entonces vivía en su casa con su esposa e hijos. En ese mismo piano Monk compuso grandes standards del jazz como “Ba-Lue Bolivar Ba-lues-Are” y “Brilliant Corners”.

BRITÁNICA. Panonnica de Koenigswarter fue una aristócrata británica refugiada en el submundo del jazz de aquel Nueva York de los años 50 y 60. Nacida en Londres en 1913 en una familia perteneciente a la rama inglesa de los Rothschild, su nombre de mariposa, se lo puso su padre, el banquero Charles Rothschild, que en gran medida fue también el responsable del romance de Panonnica con el jazz gracias a la abundante colección de discos con el que contaba y con los que Pannonica comenzó a beber los primeros sorbos del jazz.

Esta pasión se fortaleció durante la Segunda Guerra Mundial gracias a su hermano Víctor, un enviado especial de Wiston Churchill a los Estados Unidos para negociar con Roosevelt. Víctor conoció la verdadera esencia del jazz al escuchar en vivo al pianista Art Tatum. Al volver a Inglaterra Víctor y Pannonica empezaron a embriagarse de esa música espiritual que llegó a Europa con los soldados que liberaron Francia de las tropas nazis. Fue también la guerra el preludio de una nueva existencia.

En 1935, Pannonica conoció a Jules Koenigswarter, el que sería su futuro marido. A principios de la guerra, Jules respondió al llamado del general De Gaulle para combatir a Hitler, y junto a Pannonica, Jules se sumó a las Fuerzas Francesas Libres. Jules fue enviado en misión al África Ecuatorial y Pannonica se unió a él para integrar una unidad de los servicios secretos del general francés. Una vez terminada la guerra, la carrera diplomática de Jules le resultó aburrida. Entre una embajada en Noruega y otra en México, Pannonica se separó de su marido en 1952. A partir de esa decisión y de su pasión por el jazz su vida cambió drásticamente. Una mujer blanca que se desplazaba con negros que consumían drogas y alcohol no era bien vista. En 1955, junto a su primera hija, se fue a vivir a Nueva York, donde albergó y protegió a los más geniales intérpretes y compositores de la historia del jazz. En su casa de Nueva York murieron dos de ellos: Charlie Parker y Thelonious Monk.

Nica, como la llamaban sus amigos, muchas veces asumió la responsabilidad de los actos de estos en nombre propio. Fue ella quien defendió a Monk cuando, durante una gira por el estado de Delaware, fue denunciado por ser negro, por ser grande y por ser introvertido. El Gran Sacerdote del bebop y compositor excepcional se bajó del auto a pedir agua y el dueño del local inmediatamente llamó a la policía. Thelonious Monk fue arrestado. Pannonica les suplicó que no le pegaran en las manos. Los policías revisaron el auto Bentley y encontraron marihuana. Pannonica inmediatamente dijo “eso es mío” y la condena a tres años de cárcel cayó sobre ella.

JUNTOS. Hay que imaginar a Monk y a Pannonica juntos, caminando por la calle tomados del brazo, ella, la mujer blanca y delgada, y él, el gigante de dos metros, de corpulencia montañosa, siempre con un extraño sombrero sobre la cabeza. Pannonica contó que cuando caminaban por las calles del sur de los Estados Unidos la gente los escupía y se cambiaba de acera para evitarlos.

Implicada en los problemas y los dramas que vivían los músicos, Pannonica se volvió miembro del sindicato para defender sus derechos y conseguirles nuevos contratos. Se ocupó de Coleman Hawkins, epiléptico y solitario, de Bud Powell, prisionero de una terrible depresión, y de Charlie Parker destruido por las drogas y el alcohol. Parker se refugió en la casa de Pannonica. Tenía 34 años y un pánico declarado contra los médicos, nunca quiso que lo auscultaran y menos que lo atendieran y murió días más tarde en la casa de Panonnica. Su último acto vital fue un ataque de risa frente al televisor. Eso le produjo un colapso, y murió.

Thelonious Monk, el hombre que compuso el emblema de todos los emblemas, la matriz del todo, el arte de crear una melodía y descomponerla, ese diamante llamado “Round Midnight”, también se refugió en su casa. Monk se encerró en sí mismo, y vivió nueve años de silencio, de una vida vegetativa, mirando eternas horas por la ventana sin decir una sola palabra, hasta su muerte. Gracias a Pannonica, en 1983, un año después de la muerte de Monk la calle 63 de Nueva York, fue bautizada como Thelonious Sphere Monk Circle.

MUERTE.  Dos años antes de su muerte, en 1986, Pannonica de Koenigswarter no había cambiado ninguno de los hábitos que había cultivado durante los últimos 35 años de su vida. Una de sus descendientes, Nadine de Koenigswarter, cuenta: “Cuando vi a Nica por última vez en Nueva York, en 1986, hicimos lo que siempre acostumbraba hacer: la ronda tardía de los clubes de jazz en su viejo Bentley descapotable”. Esta vida nocturna y la veintena de temas musicales que compositores como Sony Clark (“Nica”, “My dream of Nica”), Kenny Drew (“Blues for Nica”), Tommy Flanagan (“Thelonica”) y Horace Silver (“Nica’s dream”) le dedicaron, parecía algo totalmente foráneo y lejano a una mujer nacida en Londres.

Pannonica de Koenigswarter solía llevar puestos vestidos de colores vivos, era delgada, con un rostro blanco y un resplandor aristocrático, una mirada algunas veces nostálgica, otras vigorosa, cabellos negros eternamente perfumados por el aroma del cigarrillo que fumaba con una boquilla. Sin embargo, cualquier descripción que uno haga de esta mujer queda incompleta o sujeta a las más diversas interpretaciones. La mejor forma de tornarla más visible e íntegra es a través de los poco más de ocho minutos que dura el tema musical que compuso para ella Thelonious Monk. Pannonica.

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