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En Madrid como en Oruro...

Murió Medardo Fraile, gran maestro del cuento en España; también publicó en Bolivia

fraile. ‘El mejor cuentista de su generación’. Foto: El País

fraile. ‘El mejor cuentista de su generación’. Foto: El País

La Razón / Rubén Vargas - periodista

00:00 / 17 de marzo de 2013

Estos días, Medardo Fraile es recordado en España como “el cuentista mayor de este país” o, cuando toman la palabra los más prudentes, como “el mejor cuentista de su generación”.  Fraile nació en Madrid el 13 de marzo de 1925 y pertenece a una generación de escritores que se forjó al promediar el siglo XX, en los duros años del franquismo. Estos días, lo recuerdan también por Escritura y verdad, la compilación de sus cuentos publicada en 2004 y por su autobiografía titulada El cuento de siempre acabar (2009). Al hablar de él, mencionan igualmente que en 1965 —dicen que por amor— se fue a vivir a Glasgow, Escocia, donde hizo familia y carrera académica, aunque regresaba periódicamente a España. Así lo evocan porque Medardo Fraile se murió el 9 de marzo, poquito antes de cumplir 88 años.  

En Bolivia también hay razones para rememorar a Medardo Fraile. En 2007, la editorial Correveidile dirigida por Manuel Vargas publicó su libro titulado En Madrid también se vive en Oruro, una selección de 17 cuentos, algunos de ellos inéditos.

“Aunque parezca un lugar común—escribió Jaime Nissthauz en el prólogo a esa edición—: el cuentista como el poeta no se hace, nace. No sé por qué ambiciones y humildades, nunca hubo tantos cuentistas como novelistas y poetas. Pocos son quienes se han dedicado con preferencia a escribir cuentos. Medardo Fraile es de esos escasos narradores, capaces de regalarnos en una cáscara de nuez todo un mundo de connotaciones. Y debería se suya la frase de Cernuda: Creo en mí porque algún día llegaré a ser todas las cosas que amo”.

Fraile publicó en Bolivia gracias a Manuel Vargas. Se conocieron en Granada, España, donde coincidieron en un homenaje al por entonces casi centenario Francisco Ayala. Habrá que preguntarle a Vargas cómo hizo para convencer a Fraile para publicar un libro bajo su sello editorial y, por añadidura, con un título que generosamente alude al país. Por su parte, Fraile dejó por escrito sus impresiones de su encuentro con Vargas —Manolo, como le dice con inocultable complicidad— “en La Zubia, con sol y aire de nieve, a un paso de Granada”.

En abril de 2004 lo entrevistó Javier Rodríguez Marcos.  Entre otras cosas le preguntó si en tantos años en el oficio de la escritura había aprendido algo sobre el cuento. “Sí —respondió Fraile—, que un cuento no se hace sin trabajar. Uno empieza de nuevo en cada cuento. La autocrítica debe ser cruel y quitar lo superfluo en beneficio de lo esencial”. “¿Y qué es lo esencial?”, insistió en entrevistador. “A mí me gustan los cuentos en los que aparentemente no ocurre nada —dijo Fraile—. Aparentemente. Cuando me dicen: ‘Es que ahí no pasa nada’; digo: ‘Bueno, pasa lo que no pasa’. Y uno siente esa falta. Si eres muy obvio te sale un cuento decimonónico, muy atado pero sin espacio para el lector. El lector debe quedarse con la idea de que él podría acabar la historia”.

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