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Magenta Murillo, con el corazón

De lo físico a lo metafórico, la exposición provoca desde el Centro Cultural Santa Cruz

La Razón / Miguel Vargas - periodista

00:00 / 30 de junio de 2013

No importa la cantidad de veces que los científicos puedan decir que el amor es un proceso neurológico, que los afectos están en la cabeza. Desde niños, los papás nos han dicho que los sentimientos se miden con latidos. La artista visual Magenta Murillo lo sabe muy bien; es más, lo siente. Por eso, con el fotógrafo canadiense Curt Fischbach, exhibe la muestra Dime cuánto, dime tanto en el Centro Cultural Santa Cruz de la capital del oriente.    “Motor humano, encargado de la sístole y la diástole, movimiento continuo de latidos de vida, de sangre, órgano fiel a pesar de las infidelidades propias y ajenas”, empieza la descripción de la artista paceña que utiliza el arte contemporáneo como detonante para la reflexión sobre los sentimientos.

Si bien la muestra se basa en los corazones fisiológicos —en este caso, de vaca—, en ningún momento el discurso se torna crudo o morboso; tiene más bien la cualidad de poetizar las entrañas y de servir de bálsamo para quien ha sido herido, gracias a la sublimación de los sentimientos, incluso ante el dolor.

“Volver a empezar, decidir continuar, volver a creer, sanarse del dolor, olvidar las penas, recordarte hasta que duela, recordarte por siempre en mi corazón, tu amor me enaltece, al amarte sano mi corazón, nuestros corazones están juntos…”, reza el texto de Murillo que invita al recorrido por el espacio cultural cruceño.MUESTRA. La exposición está dividida en cinco partes. La primera es pictórica y está conformada por 18 cuadros con imágenes de corazones fisiológicos pegados en la pared y enmarcados con bolsa plástica. Cada uno mide 15 x 20 cm y llevan textos evocadores: “Nada llena este vacío”, “no te puedo decir la verdad”, “y sufres ¡sin ningún motivo!”, “y pensar que podía haber sido mejor”.

En otro espacio se encuentran cinco fotografías de tres metros de alto en las que se ven a personas comunes sosteniendo una de las obras exhibidas en la primera parte. Cada quien ha posado con el cuadro que incluye el texto que más les conmovió. “Este proyecto es una materialización visual de los sentimientos personales, íntimos, para lo cual recurro estéticamente al corazón humano de manera plástica, fotográfica; real y metafóricamente, rememorando aquel viejo refrán ¡Cuida tu corazón! información que almacenamos desde niños”, expone Murillo.

La tercera parte incluye diez fotos impresas, ya sea en papel o en banners, de otras personas que la dupla de artistas encontró en la calle y que también escogieron un corazón por el texto que los acompaña.

En un ambiente distinto se exhibe una gigantomaquia sobre la que los visitantes a la galería pueden escribir. La premisa es vaciar allí lo que se siente.Una instalación, finalmente, muestra 18 corazones reales de vaca colgando del techo. Cada uno lleva, a manera de etiqueta de ropa, recomendaciones para su cuidado, uso o materiales de fabricación. “Este corazón está hecho de 20% de ilusiones, 10% de rencores, 40% de historias de amor, 10% de vivencias reales. Modo de cuidado: no limpiar los sueños, no sumergir en lágrimas, no olvidar los recuerdos”, se expresa en uno de ellos.

“Ancestralmente se cree que el corazón es el órgano encargado y responsable de los sentimientos: almacena y late según las alegrías o las penas. Mucho se ha dicho de él, como que puede parar de latir por desamor o acelerarse de amor”, comenta la creadora que asegura encontrarse en uno de sus momentos más intimistas. “Este proyecto nace entre dos artistas inspirados en los sentimientos, presentado con la flexibilidad del arte contemporáneo, que juega, invita y provoca”.MOTOR. Murillo, quien ha nutrido su trabajo de pintora con las diferentes expresiones del arte contemporáneo, vive un momento de gran productividad. Animada por esto, propuso esta muestra luego de notar que son los sentimientos los que nos hacen acercarnos al otro, sentirnos humanos. Y son corazones los que se tallan en árboles, se pintan en los cuadernos de los escolares y se quiebran en las tarjetas y las canciones.  

“Este órgano que mueve la vida en mí, en ti; la sangre que mueve lleva registro humano, este órgano que vuelve y vuelve a sobrevivir y puede seguir latiendo, constante, incansable y fuerte sobreviviente… corazón noble, odiador, resistente, almacenador, todo esto es lo que se habla acerca de los sentimientos e ilusiones guardados en un órgano humano, el corazón”, expone la artista a la que la muestra le ha tomado dos años de trabajo, reflexión y vivencias personales. “Corazón, corazones, los corazones de todos, el tuyo, el mío”, concluye.

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