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Mañana tendremos otros nombres

El escritor argentino Patricio Pron (Rosario, 1975) ganó el Premio Alfaguara 2019

El escritor argentino Patricio Pron y su libro 'Mañana tendremos otros nombres'

El escritor argentino Patricio Pron y su libro 'Mañana tendremos otros nombres'

La Razón (Edición Impresa) / Rodrigo Villegas Rodríguez - escritor

11:00 / 13 de junio de 2019

Viven juntos en la actualidad. Se separan en esta misma actualidad. En este hoy en el que la imagen —repintada y llevada hasta extremos irrisorios a través de interminables filtros— se superpone a la palabra, a la idea, a la naturaleza. Ellos, dos que eran uno pero que no lo sabían hasta su desunión, se alejan y afrontan esta realidad a la que habían dejado afuera, pero que ahora se les presenta como un espejo degradado, manchado de luces fosforescentes y voces cada vez más altas, que piden atención a cualquier costo. Ellos, ambos de más de 30 años, afrontan su disociación en esta etapa de Instagram, de Facebook, de Tinder. De memes y fake news. De amores ridículos.

Es la historia que propone y va desamarrando, como si fuera una borla confusa, el escritor argentino Patricio Pron en su novela Mañana tendremos otros nombres, que obtuvo el prestigioso Premio Alfaguara de Novela 2019. La convocatoria anual, que atrae la ambición de los narradores de habla hispana cada 365 días, logró este año la participación de 767 novelas competidoras, de las cuales quedaron cinco finalistas, con el resultado final del libro de Pron como vencedor.

El acta del Jurado —que fue presidido por el reconocido escritor español Juan José Millás, e integrado por otros cuatro literatos de categoría— estableció que “Mañana tendremos otros nombres es la fascinante autopsia de una ruptura amorosa, que va más allá del amor: es el mapeo sentimental de una sociedad neurótica donde las relaciones son productos de consumo. Bajo la anonimia de unos Él y Ella, construye la historia de dos personajes que son vagamente conscientes de su alienación. Un texto sutil y sabio, de gran calado psicológico, que refleja la época contemporánea de manera excepcional y toma el pulso a las nuevas formas de entender los afectos”.

Ella da el paso. Sale de la casa, deja al hombre, a su pareja de cuatro años, con el que habitaba un departamento repleto de libros más que de adornos lujosos o espectaculares, y elige, al menos por un tiempo, hasta que tengas las cosas claras —principalmente descubrir la razón exacta de por qué deja a esa persona con la que ha compartido la cama por tanto tiempo—, vivir en la casa de una de sus mejores amigas. Allí, en su retorno a la soltería, va conociendo con la lentitud de un caracol pero con la capacidad de sorpresa de un lince, que las relaciones amorosas, el proceso de enamoramiento, incluso el de amistad, se ha transformado poderosamente rápido en apenas unos años.

Él, el que ha sido abandonado, intenta recuperar el suelo que se le ha escapado desde el anuncio de Ella, de que se iba. La transición es pesada y dolorosa, tarda, con la melancolía del caso, aquella que muchos (con el tiempo, todos) hemos conocido al ser atracados por una ruptura similar. Como si se nos hubiera extirpado un ojo, un brazo, una pierna. Un pedazo recóndito de nuestro cerebro. Así, Él habita el silencio desconocido de la casa vacía.

Pron demuestra su maestría —no por nada le dieron el premio— en hacer de esta historia no un drama sentimental cursi y llevada a demostrar solamente el patetismo de sus personajes con el corazón quebrado, sino que se introduce a fondo en el porqué del abandono (el lector, al llegar a la última página, se dará cuenta que aquella respuesta no existe, sino que reproduce más preguntas) y en las circunstancias en las que ahora, sin demonizar estos años, sin juzgarlos pero sí narrándolos con delicadeza y hasta, a ratos, con cierta furia, nos encontramos: relaciones cimentadas en chats, en videollamadas, en efímeras noches de sexo concretadas por Tinder o Messenger, en bloqueos y desbloqueos, en estados de WhatsApp donde se incitan las emociones y no se las demuestra de frente, o en el exceso de la publicación de memes como último recodo del fracaso sentimental.

Y la soledad. La soledad cada vez más inmensa, arrolladora. Porque tener mil seguidores en Twitter no se equipara a tener uno o dos amigos leales, de esos que escasean con el pasar de los años y de la vida dentro de los celulares. O la de tener 10 matchs en Tinder y no poder concretar una relación estable, una de respeto mutuo o establecida en uno o más proyectos a realizar en el futuro. No. Es la época de la desolación. Del espejismo.

Las amigas de Ella, la que deja el hogar, sonríen todo el tiempo, conversan de sus amantes ocasionales, de las decenas de likes que reciben y de los chats que les llueven de perfiles de hombres musculosos. Pero la carga que llevan dentro es notoria. La de aparentar para disfrutar la época, la de imitar a las más buscadas en las redes. Así, en un círculo eterno. La de la exposición y el desencanto. Un abandono del alma.

En un afán nada moralista sino demostrativo, Pron narra la aventura de estos dos personajes, anclados en un tiempo anterior, que deben establecer nuevas formas afectivas si es que desean incorporarse al mundo que se vive —como un anticipo de las historias futurísticas de esa hermosa serie que es Black Mirror— y que parece tenemos para rato largo. Confrontar el amor diverso y las formas en las que el capitalismo ha invadido en las relaciones. Algoritmos con los cuales “puedes” encontrar a tu pareja ideal.

“Es una novela sobre el presente”, declaró Pron recientemente en una entrevista que le hicieron en una feria del libro europea. Ahí, en el hoy, encontró desconcierto, precariedad, incertidumbre, miedo, pesar, sensación de parálisis. Sin pretender resultar moralista, sino con el propósito de contribuir a una discusión colectiva sobre las formas de vida contemporáneas, Pron aludió que al reproducirse en el plano de los afectos y del deseo el proceso de mercantilización de uno mismo que se da en el ámbito laboral, ya ni siquiera la pareja o la intimidad constituyen un refugio, pues, una vez que no hay una separación entre la vida privada y la vida pública, también la vida privada puede convertirse en un campo de batalla ampliado. Una que se bifurca y que puede presentarse como una escena de la cual cualquiera ajeno a los dos puede opinar.

Una novela sobre una ruptura en este presente cada vez más confuso para unos y otros. Una historia de reencuentros y abandonos en este proceso de deshumanización. Es esta la reciente galardonada con el Alfaguara de Novela.

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