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María Victoria Atencia, comunión entre clasicismo y modernidad

La poeta española nacida en 1931 ganó el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2014 , considerado, en su género, el galardón más importante de las letras en lengua española

María Victoria Atencia. Foto: diariosur.es

María Victoria Atencia. Foto: diariosur.es

La Razón (Edición Impresa) / Winston Manrique Sebogal - El País

00:00 / 11 de mayo de 2014

Largos silencios interrumpidos por poemas intermitentes donde lo clásico, tradicional y cotidiano se impregna de modernidad. A vuelo de pájaro, es así la poesía de María Victoria Atencia (Málaga, 1931), poetisa de la Generación de los 50, a quien ahora envuelve el ruido al haber sido distinguida con el XXIII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, convocado por Patrimonio Nacional y la Universidad de Salamanca. La nube gris que tenía el martes sobre su cabeza, y la traía “un poco caidilla”, fue espantada por esta noticia que le dio José Rodríguez-Spiteri, presidente de Patrimonio Nacional y miembro del jurado. Era como las 13.15. Ella estaba en su casa malagueña, y ni se percató de que se convertía en la primera española y la cuarta mujer en obtener este galardón —el más importante para poetas en español- en sus 23 ediciones, tras la cubana Fina García Marruz (2011), la peruana Blanca Varela (2007) y la portuguesa Sophia de Mello (2003).

“Aún aturdida por la noticia”, María Victoria Atencia no puede ocultar su entusiasmo. Y calla al escuchar que su nombre ya está junto al de grandes poetas que han obtenido este premio, como Claudio Rodríguez, Gonzalo Rojas, Álvaro Mutis, José Ángel Valente, José Hierro, Antonio Gamoneda, José Manuel Caballero Bonald y las tres mujeres que la han precedido. Tras el breve silencio, unas palabras fugaces y claras como sus versos: “Yo no me veo así, no soy como ellos, como uno de esos grandes poetas”.

Por su cabeza pasan quienes la hicieron poeta y que la han acompañado desde los 19 años: San Juan de la Cruz, Luis de Góngora, Juan Ramón Jiménez, Rilke, Cavafis...

De estas lecturas y de otras más que no vienen a su mente, ahora, están hechos sus poemas, algunos de los cuales han salido de sus vuelos como piloto de aviación sobre España en un Cessna. Y no con una vuelta.

Ha sabido “dialogar con la tradición” y “convertir lo cotidiano en algo trascendente”, destacan Soledad Puértolas y María Ángeles Pérez López, miembros del jurado. Lo ha hecho con poemas sobre cosas sencillas como:

Una hoja: “Fría y rugosa, apenas / debió correr un agua por eso que llamamos / su memoria o sus nervios, / en el bosque en que supo el latido del día / y se ofrecía al aire / esta lámina u hoja vegetal de mi mundo, / materia que se arrastra y me arrastra”.

O sobre su mismo arte con:La palabra: “La palabra agotada por su uso, / su propio peso exhausto, su medida, / alza de nuevo su antigua dimensión y viene / —aspiración apenas— a mi lápiz, / tan transitoria y leve / como el amor, en la memoria / atosigada por su desmesura”.

Tras la noticia del premio, en su cabeza estaba, en cambio, el libro que acaba de publicar y que resume su vida literaria: Las iluminaciones. Antología y poemas inéditos (Salto de Página), con selección y prólogo de Clara Janés. En ellos hay luces de casi una veintena de obras como Arte y parte, Marta & María, Los sueños, El coleccionista, Trances de nuestra señora, De la llama en que arde, El hueco, Las contemplaciones, De pérdidas y adioses y El umbral.

El resultado, según el poeta Jaime Siles, miembro del jurado, “es una voz muy singularizada, que es más religiosa que mística, y que nos hace ver matices absolutamente insospechados. Nos renueva la visión de la realidad y, al mismo tiempo, dota al lenguaje de una precisión extraordinaria”.

Eso han visto todos para un premio que reconoce “el conjunto de la obra poética de un autor vivo que, por su valor literario, constituya una aportación relevante al patrimonio cultural compartido por la comunidad iberoamericana”.

“Ya era hora”, dice Clara Janés, “de que se reconociera así a una gran poeta que tiene todos los honores de Andalucía pero le faltan los españoles”.Para una María Victoria Atencia encantada con la poesía actual de su país porque “es completamente distinta a lo que he escrito. Una poesía que camina hacia nuevas rutas y con gente nueva”.Se prohíbe la nostalgiaLa poeta pasó 15 años sin escribir y eso la apartó de la nómina de la Generación del 50 Javier Rodríguez Marcos - El País

Si un verso suyo prohíbe la nostalgia, María Victoria Atencia se ha prohibido el resentimiento. Le costó ver reconocida su obra pero nunca ha salido de su boca una sola palabra de reproche. Quizá porque sus poemas tienen una naturalidad rara en tiempos de artificio, ella todo lo juzga natural: ni ser madre de cuatro hijos le impidió sentirse poeta ni pilotar aviones le parece extraordinario (será porque nació en la calle del Ángel), nunca se sintió relegada por ser mujer ni apartada de las antologías por ser un verso libre, literalmente.

¿Por qué tardó su nombre en incorporarse a la nómina de la generación del 50 al lado de Gil de Biedma, Valente, Goytisolo o Caballero Bonald? Posiblemente, porque pasaron 15 años entre sus dos primeros libros. La joven que debutó en 1961 con Arte y parte no volvería a reaparecer del todo hasta 1976 con Marta & María. Cuando se le pregunta la razón de tan largo silencio María Victoria Atencia habla de una vida “completa” con los hijos pequeños, del “susto” que supuso leer a Rilke y, sobre todo, de una sensibilidad en los antípodas de la poesía social, dominante esos años. Un accidente de su profesor de vuelo y un “desequilibrio” amoroso la empujaron de nuevo a la escritura. Los poetas novísimos, atentos a la celebración de la belleza, rompieron su aislamiento y arroparon su obra aunque ella dice que nunca se sintió sola: siempre tuvo su lado a los maestros interiores del 27 —Aleixandre, Guillén, Dámaso Alonso— gracias a Bernabé Fernández-Canivell, secretario de la revista Caracola. Allí publicó Atencia el soneto que inauguró su obra. “Ya está todo en sazón. Me siento hecha,/me conozco mujer y clavo al suelo,/profunda, la raíz y tiendo en vuelo/la rama, cierta en ti, de su cosecha”.

Pocas veces unos primeros versos habrán contenido tan enteramente la voz de quien los escribió. Medio siglo después de su publicación, ese cuarteto sigue siendo un buen mapa del mundo de la poeta malagueña. Diálogo con la tradición y trascendencia de lo cotidiano —según reconoció el jurado del Reina Sofía—, misterio y transparencia, biografía sin anécdota y clasicismo formal —es toda una maestra del alejandrino— son algunos de los componentes de una obra dividida por sus estudiosos en cuatro etapas: inmediatez expresiva, evocación de la infancia, culturalismo y hermetismo. Capaz de levantar una casa con cuatro piedras, María Victoria Atencia ha escrito siempre con los pies en la tierra y la cabeza en las nubes. A veces es difícil saber qué quiere decir un poeta cuando dice alma, por eso ella añade que el alma duele: “Por si el sueño no es más que un estado del alma,/un instante carnal y una pausa en su oficio,/confieso aquí que duele, el alma duele y suele/dejarnos de su mano mientras reina la noche,/la hermosa dama de cabello negro, acogedora/premonición falaz de un más largo abandono,/al que es preciso, sin embargo, entregarse/por si el alma no es más que un estado del sueño”. La gente que vuela a veces escribe versos.

Razón del vuelo

Y estabas y no estabas y seguíassiendo tú mi carencia o yo tu olvidoen aquel hueco azul interminable por el que una bandadade herrerillos rayaba su alborozotan ajeno a que fueses su causa y el motivode un ruidoso traslado sin más razón que el vuelo,que el propio vuelo que los sostenía—casi al alcance de mis manos—en el azul aquel interminable.(Poema inédito)

Marta y María

Una cosa, amor mío, me será imprescindible para estar reclinada a tu vera en el suelo: que mis ojos te miren y tu gracia me llene; que tu mirada colme mi pecho de ternura y enajenada toda no encuentre otro motivo de muerte que tu ausencia.

Mas qué será de mí cuando tú te me vayas. De poco o nada sirven, fuera de tus razones, la casa y sus quehaceres, la cocina y el huerto. Eres todo mi ocio: qué importa que mi hermana o los demás murmuren, si en mi defensa sales, ya que sólo amor cuenta.

La madre de Héctor

Por esa ley antigua que obliga a los amantesa sucederse en otras y otras generaciones,yo misma a un joven héroe di vida en mis entrañas.Me doblegué a las lunas y en su espera de júbilolos hibiscos tiñéronse.Se hacía transparente su rostro sobre el míoy él me daba nobleza, belleza, plenitud.Incendio tras incendio, el cuerpo prevalece.

Victoria

Estaba abierto el cielo y mi hijo en mis brazos, tan indefenso y tibio y aterido y fragante que lo sentí una obra solo mía, victoria de un cuerpo paso a paso ofrecido a su cuerpo. Lo envolví con mi aliento y él tuvo el soplo tibio en el que una paloma se sostenía en vuelo.

Reproche a Holan

Para Clara Janés

Si ves Moldava abajo, río abajo —frente a la Isla de Kampa y el Molino del Búho— un cubo de basura tiernamente mecido, dulcemente mecido hasta el agotamiento, no pienses en el cuerpo de Ofelia que las ratas horadan entre sus muslos blancos, cubo adentro, hasta el fondo; preserva su maternal secreto río abajo.

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