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Mariano Antezana, perfil de un patriota

Protagonista de los hechos del 27 de mayo, 1812

Mariano Antezana

Mariano Antezana

La Razón / Alejandro Antezana S. - Historiador

00:00 / 22 de abril de 2012

En su Compendio de la historia de Bolivia, el historiador cochabambino Macedonio Urquidi escribió una serie de referencias notables sobre el protomártir Mariano Antezana —criollo cochabambino que participó activamente en las primeras revoluciones libertarias y que fue gobernador, prefecto y presidente de la Junta Gubernativa de Cochabamba entre 1811 y 1812— referencia que, reordenadas, se transcriben a continuación.

Semblante. Joaquín Mariano Antezana Casafranca era alto de estatura y recia complexión. De hermosos ojos celestes y lengua barba; su rostro simpático y distinguidos modales denotaban su alcurnia y exquisita cultura. A su hermoso continente y afortunada condición unía las más altas cualidades de bondad a toda prueba y de privilegiada inteligencia.

Hombre magnánimo y con tan clara comprensión de la dignidad humana, dándose cuenta de la situación de los pueblos oprimidos por la tiranía de la reyecía y sus sayones, tuvo la entereza de enrostrarles sus crímenes, en documentos memorables. Por ejemplo, un folleto escrito en Europa da conocimiento de una carta manuscrita de reto a Goyeneche, fechada en 11 de enero de 1810, que dice:  “…General pequeño en espíritu, apoyáis al yugo de la opresión, que hace gemir a la humanidad… ¡Os equivocáis! os declaro que sostendré esa causa inmortal contra el despotismo de las autoridades de que sois miembro... vos os encontráis de-sempeñando el rango de General y yo en la proscripción… os desafío en nombre de la patria y de la libertad: sólo de esa manera conocerá el mundo los males que afligen a las desventuras de América… ¡soldado imbécil!”.

Europa. Permaneció Mariano Antezana en Europa en un tiempo en que se realizaron trascendentales acontecimientos, como la lucha del pueblo francés contra el absolutismo monárquico, y cultivó su inteligencia con ideas liberales sobre el nuevo    régimen de la soberanía nacional.

Por mucho tiempo dedicó sus afanes a negocios mercantiles entre Francia y América, y se sabe que entonces ya eran conocidas, en diversos centros de ambos Virreinatos (del Perú y de La Plata), sus opiniones liberales que buscaban una favorable coyuntura para sacudir el yugo español.

Cuando las invasiones inglesas a Buenos Aires (1805-1807), Antezana se distinguió en la heroica defensa y victoria de la capital del Virreinato, con otros cochabambinos ilustres, como José Manuel Chinchilla y Agustín Ascui, en aquellos sucesos que iniciaron una nueva época en la fisonomía comercial, civil y política de las Provincias Unidas del Río de La Plata.

Desterrado. Al ocurrir los primeros pronunciamientos del Alto Perú en Chuquisaca y La Paz en 1809, Antezana sufrió extrañamiento de América. El año 1810 no se encontraba en el país, porque fue extrañado de la ciudad del Cuzco por Goyeneche ante Abascal y por éste fuera del continente, por sospechoso.

Prestó su concurso a la revolución cochabambina desde el año 1811, figurando como miembro de la Junta Gubernativa que quedó al mando de la provincia, cuando la campaña de Rivero a Huaqui. En la segunda insurrección de Cochabamba fue cuando tuvo participación saliente, desempeñando funciones de primer rango de la provincia. Destituido el gobernador realista, Antonio Allende (el 29 de octubre de 1811) fue reemplazado por el patriota Mariano Antezana, nombrado por el pueblo gobernador intendente a la par que presidente de la Junta de Gobierno, que se organizó con los más notables ciudadanos.

Cochabamba. Goyeneche, que había salido de Cochabamba en persecución de los restos del primer ejército libertador argentino, tuvo que retroceder de Potosí para sofocar la segunda insurrección cochabambina. Para entonces, el gobernador Antezana trató de conjurar el desorden del pueblo ante la inminencia del despliegue terrorista de las fuerzas enemigas concentradas sobre él, pero su actitud patriótica no fue apreciada con justeza por los exaltados y torpes elementos populares de su misma tierra natal.

El día 26 se organizó sin plan ni disciplina alguna, la imposible resistencia; después de que los amotinados, desconociendo la autoridad del prefecto se apoderaron del armamento existente. Al día siguiente, 27 de mayo de 1812, Goyeneche atacó la ciudad indefensa. Los 1.000 o poco más de los temerarios defensores de la “rebelde e indómita Villa” se apostaron en los cerros inmediatos y principalmente en el de San Sebastián donde subieron hombres, mujeres y niños armados como pudieron; siendo sacrificados en número de unos 300. Antezana estuvo en el combate, según comprobantes autógrafos.

Suplicio. Disfrazado con el hábito y la capucha de un fraile mercedario, fue a refugiarse en el convento de los Recoletos. Delatado por un niño, fue aprendido y conducido maniatado, y con pesada cadena al cuello, por la calle que lleva su nombre ilustre. Presentado ante Goyeneche y preguntado por el cruel americano acerca de su participación en los sucesos, recúsole sin dilación Antezana que su pueblo lo había elegido su jefe y prefecto, y que estaba en la lógica de sus convicciones patrióticas haber asumido el rol que le cupo, no arrepintiéndose de ello.

Goyeneche le instó abjurar de sus errores y le ofreció indultarle. Antezana consideró como una cobardía renegar de sus convicciones, entonces, juzgándolo reo de Estado, ordenó al coronel Lombera llevarlo para su ejecución inmediata, a la Plaza de Armas.

El Conde de Guaqui, viéndole ir serenamente al patíbulo, le gritó: “¡Oiga, Antezana, allá está el patíbulo, vive al Rey y se le perdonará la vida!”. El imperturbable héroe, volviendo el rostro le respondió: “¡Viva la Patria!”.

Fue, en consecuencia, decapitado, después de fusilado, juntamente con los patriotas Gandarillas, Ferrufino, Padilla, Zapata, Lozano, Ascui, Luján y otros. La cabeza del patriota martirizado fue separada con un golpe de hacha y puesta sobre una alta picota en el centro de la Plaza de Armas. El cuerpo fue arrastrado al cerro de San Sebastián y alzado en cruz; de donde una noche, después de una semana de ser expuesto, fue sustraído por el mudo Pablito, sirviente del caudillo sacrificado, y enterrado secretamente en el Templo de la Matriz (hoy Catedral), al pie del altar de la Virgen de las Mercedes.

¡Que su Patria y posteridad sepan honrarle entre los más ínclitos caudillos y mártires que dieron brillo a sus fastos memorables!, concluye proclamando el reconocido historiador Urquidi.

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