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Mitología y erotismo

El minotauro y otros personajes clásicos protagonizan 28 grabados de Picasso con un fuerte contenido sexual, que se exponen en una galería de Lima

Pasión. El artista español produjo más de 2.000 grabados a lo largo de su vida.

Pasión. El artista español produjo más de 2.000 grabados a lo largo de su vida. Foto: dosis.pe

La Razón (Edición Impresa) / Fernando Gimeno - EFE

00:00 / 12 de febrero de 2017

La faceta más erótica y desinhibida del pintor español Pablo Picasso hace subir la temperatura de uno de los veranos más calurosos que se recuerdan en Lima, gracias a una exposición de grabados en los que figuras desnudas de hombres, mujeres y seres mitológicos protagonizan creativas y variopintas escenas de fuerte carga sexual. La muestra se inauguró esta semana en la galería Pancho Fierro de la Municipalidad Metropolitana de Lima y se podrá visitar sin pagar entrada hasta el 5 de marzo. Muestra por primera vez en Perú 28 grabados de Picasso, 13 de ellos pertenecientes a la colección El entierro del Conde de Orgaz y los otros 15, de la colección La flauta doble, todos cedidos por la Fundación Universitaria Iberoamericana (Funiber).

Tanto las piezas del primer grupo —elaboradas alrededor de 1966, durante los últimos años de vida del pintor malagueño— como las que componen el segundo conjunto —realizadas entre las décadas de 1940 y 1950— demuestran la singular destreza de Picasso para marcar su inconfundible trazo en el grabado, una técnica con la que produjo más de 2.000 obras. Entre los grabados expuestos destacan dos representaciones del minotauro, una de las figuras recurrentes en la carrera artística de Picasso, siempre dibujado en el momento en que ese monstruoso ser posee con ferocidad a una frágil y sensual ninfa. Otras obras trasladan al espectador a famosas escenas de la mitología griega: desde un Dionisio, dios de la lujuria, que bebe vino de un porrón, hasta paisajes surrealistas del Hades, el reino del inframundo al que iban a parar todos los muertos y al que se accedía a través de la puerta del Averno. Pero en todos los grabados se encuentra como denominador común una recreación del artista en la desnudez y en los instintos primitivos de los personajes que retrata.

La directora de la obra cultural de Funiber en Perú, Paola Vañó, explica que en estos grabados Picasso sublima su sexualidad cuando ya ha alcanzado su madurez más absoluta, “en un periodo muy fructífero en el que se muestra sin tapujos, con una creatividad desbordante y una libertad inusual, nunca vista en sus obras precedentes”. “Todos estos personajes que se muestran son unos voyeristas, y están observando una serie de actos sexuales y libertinos. En eso Picasso dejó fluir sus deseos y proyecciones”, dice Vañó.

El artista consigue así que el espectador se convierta en un testigo más de la escena y despierta de manera pícara su curiosidad por explorar las formas y posiciones de los cuerpos crudos y anudados unos a otros, a veces ocultos inteligentemente en una sucesión de trazos que desvelan de a poco una serie de detalles muy íntimos. “Para entonces ya había alcanzado todo. Ya lo había probado todo, y en esta última etapa de su vida vemos cómo Picasso deja salir de dentro de él toda la exuberancia, la sensualidad y la plasticidad a través de su conexión con el sexo. Y lo hace con el grabado, que él producía con gran entusiasmo y pasión, y con una técnica muy limpia y estilística”, añade Vañó.

Entre las pocas piezas de la exposición que no evocan el erotismo existe uno de los alrededor de 400 retratos que Picasso hizo a la joven Jacqueline Roque, su última esposa, a quien en esta ocasión representa de perfil, en 1955, en el inicio de una relación que mantuvieron hasta la muerte del artista en 1973, cuando tenía 91 años.

El surrealismo acompañó más que nunca a Picasso en sus últimos años y mucha de la mitología representada en su obra recuerda las escenas de la cosmovisión griega elaboradas por Francisco de Goya ya que, según Vañó, a diferencia de su contemporáneo Salvador Dalí, el pintor malagueño eligió a Goya como referencia. Para ilustrar y completar la muestra, el propio Picasso se encuentra presente entre sus grabados mediante una fotografía tomada en una plaza de toros durante su última etapa de vida. La exhibición de los grabados del maestro del cubismo y el surrealismo se ha hecho coincidir con el octogésimo aniversario de la primera presentación pública del Guernica, la pintura más emblemática de la obra de Picasso.

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