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Muñoz Molina, tras la sombra que se va

La más reciente novela del autor español sigue las huellas del asesino de Martin Luther King y reflexiona sobre su propia historia de escritor

Muñoz Molina. Foto: antoniomuozmolina-nxb.es

Muñoz Molina. Foto: antoniomuozmolina-nxb.es

La Razón (Edición Impresa) / Ana Mendoza - EFE

00:00 / 21 de diciembre de 2014

Antonio Muñoz Molina (Úbeda, España, 1956) recrea la larga fuga del asesino de Martin Luther King en su nueva novela, Como la sombra que se va, pero también examina “con honradez y sin medias tintas” etapas de su propia juventud, de cuando aún no era un escritor consagrado, y revela episodios “poco gloriosos” de su vida.

Publicado por Seix Barral, Como la sombra que se va es “el relato de un aprendizaje, de cuánto cuesta aprender a vivir, si es que hemos aprendido, y aprender a escribir”, asegura este gran narrador, que reflexiona en su novela sobre el proceso de escritura de El invierno en Lisboa, la obra que cambió su vida tras ganar con ella el Nacional de Narrativa y el Premio de la Crítica. “Lo atractivo de la literatura es lo inesperado”, afirma.  Y es que, cuando hace unos años empezó a escribir un relato sobre James Earl Ray, el hombre que asesinó a Martin Luther King el 4 de abril de 1968, en Memphis, el escritor no tenía ni idea de que esa historia se convertiría finalmente en una novela sobre la dificultad de recrear el pasado, la construcción de la identidad y la vulnerabilidad de los derechos humanos.

Lisboa ocupa un lugar esencial en el nuevo libro. En esa ciudad pasó diez días Ray durante su fuga, tratando de conseguir un visado para Angola, y a la capital portuguesa viajó un joven Muñoz Molina en 1987 para encarrilar su novela El invierno en Lisboa. Cuando hizo ese viaje, Muñoz Molina trabajaba como funcionario en el Ayuntamiento de Granada y acababa de nacer su segundo hijo. Su vida era “un sinvivir de deseos frustrados, de piezas dispersas que no cuadraban”. Los únicos mundos en los que se encontraba a sus anchas “eran los de la literatura y el cine”.

En 2012 fue de nuevo a Lisboa a celebrar el 26 cumpleaños de ese hijo. “Me di cuenta de ese arco temporal y de que la primera vez que yo fui a esa ciudad mi hijo tenía 20 días. Me dio como una especie de palpitación y ahí se desataron mis recuerdos”, cuenta.

En octubre de 2013, Muñoz Molina tenía bastante avanzada otra novela “sobre científicos”, pero, tras recibir el premio Príncipe de Asturias, decidió irse a descansar a Lisboa junto con su segunda mujer, la escritora Elvira Lindo, muy presente también en Como la sombra que se va (el título está tomado de un salmo).  Y fue en este viaje cuando empezó a recordar los días que había pasado James Earl Ray en Lisboa y comprobó que el hotel donde el asesino se había alojado estaba muy cerca de donde vivían Elvira y él.

“Y ahí se apoderó de mí la historia”. “Ha sido una cosa tumultuosa”, asegura Muñoz Molina, que ha tardado menos de un año en escribir la novela. El asesinato de Luther King le interesó “siempre” como parte de su “curiosidad histórica” y de su “interés por el movimiento de los derechos civiles en Estados Unidos”.

Pero, para escribir la novela, fue fundamental la conexión con Lisboa y la apertura de los archivos del FBI sobre el asesinato. “Una gran parte de mi novela procede de esa abundancia de datos, de saber muchas cosas a las que la imaginación no llega”, comenta el autor de Sefarad, que ha reconstruido de forma minuciosa el tiempo en que Ray permaneció en fuga.

A Muñoz Molina le ha costado “mucho” confesar algunos de los episodios de su juventud que cuenta en su nueva novela, de esa época en la que permanecía en “una adolescencia retardada, y eso solo genera dolor”. “Tienes que vencer una resistencia y tienes que pensar en las personas que van a leer eso, pero creo que se puede encontrar la manera de hacerlo”, asevera.

Aquel primer viaje a Lisboa de 1987 fue tan absorbente para él que apenas llamó a casa “para preguntar por el niño recién nacido”. Cuando regresó, era el cinco de enero y quedó con su mujer en que, por la tarde, llevarían al hijo mayor a la cabalgata de los Reyes Magos.

Pero, un rato antes, Muñoz Molina se encontró con un amigo al que llevaba “años sin ver” y se fueron de copas. La cosa acabó muchas horas después y sin que el escritor hubiera llamado por teléfono “para inventar una excusa, para justificar el retraso, la deserción”, cuenta en el libro.

“Creo que, tras estas confesiones, hay un impulso que es noble: te haces examen de conciencia. Y ese examen, con mucha frecuencia, no va a darte resultados consoladores, pero es muy  importante que uno lo haga con claridad y sin medias tintas”, afirma. Y que no le digan que sentirse culpable por algo que se ha hecho mal es “remordimiento judeocristiano”. “No lo es; eso es decencia humana básica”, concluye.

‘He llegado a soñar con el asesino’

Antonio Muñoz Molina ha llegado a soñar con el asesino de Martin Luther King, mientras escribía su nueva novela, Como la sombra que se va, y cree que si no lo hubiera matado James Earl Ray, aquel 4 de abril de 1968, “podía haberlo hecho cualquier otro”. “Martin Luther King no tenía ninguna protección.

Estaba vigilado por el FBI, pero no protegido; cualquiera podía acceder a él”. “He vivido completamente empapado y sumergido en esta historia. Me dormía y soñaba con eso”, afirma. El FBI empleó a más de 3.000 agentes en investigar el asesinato de King en Memphis. “El FBI estaba bajo sospecha, con toda la razón, porque no se había caracterizado por su activismo a la hora de defender los derechos de los negros, ni de perseguir a los racistas”, comenta. El escritor menciona en su novela las teorías conspiratorias sobre la muerte de King, pero, por lo que él sabe, “no se sostienen”, y ha leído “casi todo lo que hay al respecto”.

Ray “estaba condenado desde que nace, no por supuesto a ser un asesino, pero sí a llevar una vida muy desagradable”, indica el autor.  Los padres de Ray estaban siempre borrachos y vivían en la miseria. La madre tuvo otros ocho hijos después de él y una de las niñas se quemó viva a los seis años mientras jugaba con unas cerillas. Para costearse las borracheras llegó a prostituir a una hija de doce años.  Para el padre de Ray, la mejor profesión del mundo era ser atracador. “El padre estaba en contra de los ricos, pero también de los negros, de los judíos... Ese resentimiento social tan atroz, que está en la base de tantas cosas”, afirma el autor de El jinete polaco.

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