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Músicos jóvenes e irreductibles

El Conservatorio Plurinacional premia la excelencia de las promesas bolivianas y las pone en contacto con maestros extranjeros y con el público

Conciertos. Los participantes conformarán una orquesta para este encuentro. Foto: Conservatorio Plurinacional

Conciertos. Los participantes conformarán una orquesta para este encuentro. Foto: Conservatorio Plurinacional

La Razón (Edición Impresa) / Ramiro Soriano Arce - directora de orquesta

00:00 / 05 de julio de 2015

Que por quinto año consecutivo se celebre el Encuentro de Jóvenes Músicos Bolivianos, una idea que lleva adelante el violinista y compositor Gabriel Revollo en nombre del Conservatorio Plurinacional de Música, tiene una relevancia especial. Constituye un esfuerzo titánico en un medio tradicionalmente hostil o al menos indiferente a las actividades culturales en general y las musicales en particular. Este año se celebrarán talleres de composición y de dirección de orquesta, y dos conciertos. Las actividades contarán con la participación del director Marlon Chen, llegado de París, el compositor Kyle Kindred —que estrenará un Oratorio para Orquesta, Coro y Solistas con versos de Óscar Alfaro— y los violinistas Javier Pinell y Naomi Gjevre, estos tres últimos de Estados Unidos.

La música en Bolivia se ha desenvuelto históricamente en contra de las condiciones que el país proporciona a sus artistas. Pero es una constante la actitud irreductible de quienes le dedican su vida y enfrentando de manera heroica la indiferencia de una sociedad que proclama enorgullecerse de los valores culturales del país pero se niega a apoyarlos. A pesar de ello, en los últimos años han surgido emprendimientos musicales —sobre todo en relación a los jóvenes— que le van dando un nuevo rostro a la música en Bolivia. Una buena cantidad de orquestas y grupos musicales diversos se han ido creando no solo en La Paz o Cochabamba, donde tradicionalmente se concentraba la actividad cultural, sino en la mayoría de las capitales de departamento. Hoy existen orquestas juveniles en La Paz, Cochabamba, Santa Cruz, Oruro, El Alto, Tarija y Sucre, sin mencionar la frondosa actividad orquestal y musical en los pueblos de Chiquitos y Moxos. Es en verdad esperanzador comprobar que toda esta admirable actividad, que impulsa la educación y el desarrollo de la música en el país, está fundamentalmente ligada a la niñez y la juventud, lo cual nos hace avizorar un cambio saludable en el panorama musical de Bolivia en el futuro.

Todo ello, sin embargo, no florecerá como podría si las condiciones del trabajo profesional musical no cambian y acompañan esta expansión. Hoy, más allá de un aumento muy significativo en la cantidad de niños y jóvenes que estudian música, persiste en muchos de los jóvenes que siguen una carrera musical la actitud de estudiar también otras profesiones que les aseguren un futuro de mínima dignidad económica. Mientras no se consiga crear condiciones de trabajo digno y una retribución económica acorde con la tremenda dificultad que entraña la condición de músico profesional, seguirá siendo solo una minoría intrépida la que decida seguir este aún arriesgado camino en nuestro país.

Es en este contexto que la realización y paulatina consolidación de los Encuentros de Jóvenes Músicos Bolivianos tiene un valor muy grande, pues proporciona anualmente una posibilidad para la reunión de jóvenes músicos de todo el país y, en muchos casos, aún de jóvenes bolivianos que se encuentran en el extranjero, permitiendo una interacción saludable y creadora que fortalece las convicciones artísticas de todos ellos.

Más allá de esta estimulante reunión anual, los Encuentros han ido creando otras circunstancias de gran valor. La primera, un concurso de instrumentistas que cada año alcanza mayores niveles de exigencia y que nos muestra los resultados admirables que puede conseguir un aliciente como éste. En cada Encuentro la organización de los concursos y el nivel artístico de los participantes va subiendo de manera impresionante. Es este un concurso que incluso llama la atención de jóvenes bolivianos que siguen sus estudios en el exterior y que ven en esta competencia una posibilidad de mostrar sus avances y solidificar su experiencia de intérpretes.

También resulta muy importante la idea de Gabriel Revollo de hacer del Encuentro una palestra para la difusión de la música boliviana. En este marco se han realizado ya dos versiones: la primera, presentando la obra de Gustavo Navarre, uno de nuestros compositores más ilustres de la segunda mitad del siglo XX; y la segunda, haciendo una amplia revisión de la frondosa paleta creativa de Alberto Villalpando, quien es sin duda el compositor más importante de la actualidad en Bolivia.

Toda esta actividad le ha dado a los Encuentros una significación mucho mayor que una mera actividad de difusión musical para jóvenes, elevando su categoría a convertirse también en la posibilidad de que nuestro público entre en contacto con la obra de los compositores bolivianos.

También resultan tremendamente importantes los contactos con músicos extranjeros que el Encuentro va propiciando. Gracias a ellos se facilita que los jóvenes músicos bolivianos puedan acceder a fecundos encuentros que, no cabe duda, provocarán benéficos resultados en su desarrollo musical y personal.

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