Tendencias

Niemeyer, un arquitecto idealista

El brasileño Oscar Niemeyer fue uno de los grandes arquitectos innovadores del siglo XX

centenario. Murió el 5 de diciembre, a los 104 años.

centenario. Murió el 5 de diciembre, a los 104 años.

La Razón / Anatxu Zubalbeascoa - periodista

00:00 / 09 de diciembre de 2012

Cualquiera que viva más de 100 años tiene tiempo de ver una cosa y su contrario. El arquitecto más famoso de Brasil, Oscar Niemeyer (Río, 1907-2012) llegó tarde a la arquitectura (mal estudiante, comenzó la carrera estando casado), pero la cuestionó pronto. Tras ensayar los trazos rectilíneos del Movimiento Moderno en sus primeros edificios de los años 30, decidió tropicalizar ese estilo sencillo, pero recto, demostrando que el material del siglo XX, el hormigón armado, además de sujetar podía también expresar.

Curiosamente en un ateo, fue un templo lo que le reportó fama mundial. Corría el año 1940 cuando la iglesia de San Francisco frente al lago de Pampulha, en Belo Horizonte, habló de forma económica, pero no barata y sí monumental, de un mundo más sencillo y, acaso, más natural.

Por entonces Niemeyer no era todavía el comunista acérrimo que nunca dejaría de ser desde que se afilió al partido con 38 años. Con todo, y tal vez como la propia ideología comunista, Niemeyer ha sido un arquitecto sumamente idealista y, sin embargo, dictatorial. Sin duda un gran artista plástico, un proyectista pionero de la forma libre, pero también alguien capaz de sacrificar la sombra de los peatones, bajo un clima tropical, en pos del altísimo valor plástico de sus edificios recortados en medio del sertao.

Convertido en arquitecto, Niemeyer no dudó en trabajar sin cobrar para el urbanista Lucio Costa. Y 20 años después, en 1956, juntos dibujarían una ciudad entera, Brasilia, en el escaso plazo de un periodo legislativo. En cuatro años levantaron catedral, ministerios, congreso nacional, tribunal federal, sede de la cancillería y calles para los ciudadanos de la nueva capital. Tal vez intuyeran que debían darse prisa. Muy poco después, un golpe militar les restaría encargos y confianza y acabaría por desterrar al arquitecto  Niemeyer a París.

En 1980 Niemeyer anunció que iniciaba su última fase como arquitecto. Empezó entonces a trabajar en el Memorial de los amigos ya muertos, como el antiguo presidente Juscelino Kubitschek, erigido en Brasilia. Esta fase final se ha prolongado más de 30 años. Y ha resultado una de las más sorprendentes del genial proyectista. Niemeyer renació en Niteroi, frente a la playa de Ipanema. Un platillo volante de suelos fucsia y perfil más que fotogénico lo hizo resucitar para la vanguardia arquitectónica.

Hoy, como quien está en la cúspide de su carrera, y con el zarandeado Centro Niemeyer —que donó a la ciudad de Avilés— todavía fresco, el arquitecto centenario tenía sobre la mesa proyectos en La Habana, Rosario (Argentina) y hasta un estadio para el Mundial de fútbol de 2014, que se celebrará, precisamente, en Brasil. Allí, en el 3940 de la avenida Atlántica, frente a playa de Copacabana, ha trabajado hasta el final. Sin apenas moverse de la planta décima donde está su casa ha sido capaz de construir por todo el mundo.

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4
5 6 7 8 9 10 11
12 13 14 15 16 17 18
19 20 21 22 23 24 25
26 27 28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia