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Octavio Paz: La vuelta al presente

Octavio Paz.

Octavio Paz.

La Razón / Eduardo Mitre - poéta y crítico

00:00 / 24 de noviembre de 2013

En Piedra de sol (1957), de Octavio Paz, hay “un caminar de río que se curva, avanza, retrocede, da un rodeo y llega siempre”.  El movimiento de ese  río, presente al principio y al final del poema, bien puede ser  una cifra fiel de la escritura de Paz, la cual fluye del presente al  pasado y viceversa, al dictado de la mirada como al de la memoria. De sus varios  poemas que expresan la experiencia  del retorno,  “Vuelta” (1), escrito en 1971, tras el regreso del poeta a su patria, da título al libro que agrupa otros poemas temática y cronológicamente aledaños: “Petrificada petrificante”, “A mitad de esta frase” y,  sobre todo, “Nocturno de San Idelfonso” —admirable reflexión crítica y autocrítica. Pero, a diferencia de estos poemas, en los cuales el poeta se halla en un interior,  inclinado sobre la página, “Vuelta” traza un recorrido por distintos espacios y tiempos de su ciudad.  Refiriéndose al poema,  en carta a Julián de los Ríos, Paz decía: “Bueno, yo también después de muchos años de ausencia, regresé a México a la ciudad en que nací, pero no me encontré con un México arrasado por la guerra civil, sino degradado por el progreso a la moderna, el lucro de los capitalistas, la megalomanía de los gobiernos y la sórdida fantasía de la clase media” (2). La referencia a El retorno maléfico, de Ramón López Velarde, se corresponde con el epígrafe de tres versos  que precede al poema.

Sin embargo, los versos  iniciales del poema de Paz contrastan con los epigráficos, ya que plasman más bien  un paisaje citadino que fluye animado por el trabajo alegre de las presencias captadas en su oficio: “Silba el carpintero” / “silba el nevero”; visión, pues,  de una realidad luminosa y en equilibrio entre el espacio natural y el urbano simbolizado en los fresnos y la plazuela. Y es que lo primero que Paz escribe a su retorno es el recuerdo de Mixcoac, el barrio de su infancia, no el del presente.  Por eso, su vuelta al mismo: “Estoy en Mixcoac / En el buzón se pudren las cartas”, marca  un corte tajante, pues,  tras asumirse el carácter especular del recuerdo y de la memoria (“balcón sobre el vacío”), el regreso traza un  recorrido sombrío, abisal, petrificante. El regreso es un descenso falto de aire, bajo un sol agobiante que, muy distinto del “imparcial y  benéfico” que destella en la primera estrofa  de Un himno entre ruinas (3), se desploma sobre una población hormigueante, fantasmal, sujeta a una muerte fortuita:

Así, una conciencia cada vez más fragmentada transita o deambula  por  galerías de espejos y  escaparates en los que  descaradamente  se exhiben, “sentados en un trono de miradas”, objetos suntuosos, en contraste con la miseria de “baldíos / campamentos de nómadas urbanos”. Paz reitera su crítica a un capitalismo cuyo imperio monetario se impone como un estigma en el cuerpo citadino: “Marcaron a la ciudad / en cada puerta / en cada frente / el signo $”. Señalo al paso la  correspondencia de estos  versos con los de William Blake en su poema Londres (1794): “Y en cada rostro que me mira advierto, / Marcas de impotencia, de congoja” (“And mark in every face I meet, / Marks of weakness, marks of woe”).  Y, como en el poema de Blake, en el de Paz el erotismo, mejor dicho: el cuerpo femenino,  reducido a mercancía,  se presenta en contigüidad  con la muerte: “Pompas Fúnebres / putas: /  pilares de la noche vana” (4).  Las palabras en cursiva son un endecasílabo del segundo de los cinco sonetos  que conforman la serie  Crepúsculos de la ciudad, de  Calamidades y milagros (1942). De este modo, el regreso señala una repetición existencial, contextual y textual en una tierra baldía que no ofrece sino  un espacio ya visto, ya vivido y ya (des) escrito. De ahí el carácter circular, moralmente infernal, del retorno: “Estamos rodeados / He vuelto adonde empecé”.  No encuentro mejor comentario a las líneas finales: “No el pasado / el presente es intocable”, y al espíritu predominante en el poema, que el haikú del poeta japonés Kobayashi Issa (1763–1827), traducido por el propio  poeta mexicano (5):

Mi pueblo: todolo que me sale al paso se vuelve zarza.

No obstante, poco antes de las dos últimos líneas que rechazan una realidad espinosa, en un impulso similar al de Neruda en Regresó el caminante, Paz se dirige a su interioridad: “Camino hacia mí mismo / hacia la plazuela”  donde otra vez “silba el viento entre los fresnos”. De este modo, el poema completa un círculo y una  vuelta al Mixcoac de la infancia.. En el fondo,  el regreso  no es  un círculo que se cierra, sino la llegada a un punto de reconciliación con el camino recorrido —ganancia y pérdida— y con el carácter irreversible del tiempo. En otras palabras: una vía de ascesis. Y aquí no me resisto a señalar una analogía con Huidobro, quien en  El paso del retorno escribe: “Lo he perdido todo y todo lo he ganado”; y Paz en el poema  que comentamos: “Todo es ganancia / si todo es pérdida”.  Vía del desprendimiento, la cual  de ningún modo implica un confortable retiro del mundo: “Pero yo no quiero / una ermita intelectual / en San Ángel o en  Coyoacán”, aclara Paz,  tras citar a Wang Wei, poeta chino del siglo octavo.

Antes de concluir este comentario, recordemos el hermoso verso con el que Paz culmina Un himno entre ruinas, otro de sus ya clásicos poemas: “Palabras que son flores que son frutos que son actos”.  Junto a su obra poética y crítica, una  de las mayores del  siglo XX, otros dos actos suyos propiciaron frutos para el arte, la literatura y el pensamiento latinoamericanos: la revista Plural, fundada por el poeta  tras su regreso  a México en 1971, y cinco años  después,  la revista Vuelta. Ambas, como toda su gran obra: lugares de confluencias.

Notas

1. Cito los poemas de Paz por la edición: Obras completas, tomo VIII.   Barcelona: Círculo de lectores, 2003.2. Solo a dos voces. México DF.,  Fondo de Cultura Económica, 1973, p. 151.3. Cabe recordar que el mismo poema, precisamente en los espacios capitalinos (Londres, Nueva York, Moscú)  aparece sobre ellos “un sol famélico”.4. Extrañamente, como en el El paso del regreso de Vicente Huidobro, la presencia de la mujer como sujeto erótico, amoroso, igualmente decisiva en la visión poética de Paz, no se halla presente en Vuelta, pero sí en Nocturno de San Idelfonso.5. En Versiones y diversiones, sus admirables y numerosas traducciones, incluidas atinadamente como parte de su obra poética.

        Camino sin avanzarestoy rodeado de ciudad            Me falta aireme falta cuerpo        me faltanla piedra que es almohada y losala yerba que es nube y aguaSe apaga el ánima              Mediodíapuño de luz que golpea y golpeaCaer en una oficina                 o sobre el asfaltoir a parar a un hospital                      la pena de morir asíno vale la pena        Miro hacia atrásese pasante        ya no es sino bruma

VUELTA (fragmentos)

Octavio Paz (1914 - 1998)

        A José Alvarado    Mejor será no regresar al pueblo,    al edén subvertido que se calla    en la mutilación de la metralla.    RAMÓN LÓPEZ VELARDEVoces al doblar la esquina            vocesentre los dedos del sol            sombra y luzcasi líquidas        Silba el carpinterosilba el nevero        silbantres fresnos en la plazuela            Crecese eleva el invisiblefollaje de los sonidos            Tiempotendido a secar en las azoteasEstoy en Mixcoac        En los buzonesse pudren las cartas        Sobre la cal del murola mancha de la buganvilla               aplastada por el solescrita por el sol               morada caligrafía pasionalCamino hacia atrás        hacia lo que dejéo me dejó    ..............               He vuelto adonde empecé¿Gané o perdí?    (Preguntas,¿qué leyes rigen “éxito” y “fracaso”?Flotan los cantos de los pescadoresante la orilla inmóvil           Wang Wei al Prefecto Changdesde su cabaña en el lago                 Pero yo no quierouna ermita intelectualen San Ángel o en Coyoacán)                  Todo es gananciasi todo es pérdida                 Camino hacia mí mismohacia la plazuela               El espacio está adentrono es un edén subvertido                    es un latido de tiempoLos lugares son confluencias                       aleteo de presenciases un espacio instantáneo                                Silba el vientoentre los fresnos        surtidoresluz y sombra casi líquidas            voces de aguabrillan fluyen se pierden        me dejan en las manosun manojo de reflejos                         Camino sin avanzarNunca llegamos            Nunca estamos en donde estamosNo el pasado        el presente es intocable

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