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Orihuela-García, de tanto andar juntos

Acaban de grabar un nuevo disco, ‘Útera’ , nueve poemas musicalizados de autoras bolivianas

Orihuela-García. Foto: Luis Salazar

Orihuela-García. Foto: Luis Salazar

La Razón (Edición Impresa) / Rubén Vargas - periodista

00:00 / 28 de diciembre de 2014

De tanto andar por inconexas formas... dice un verso de un poema de la autora boliviana Alcira Cardona Torrico (1926-2003) llevado a la canción por Juan Carlos Orihuela y Óscar García. Dos músicos y poetas que de tanto andar juntos por esos caminos lograron, una vez más, ponerle su sello de identidad a un nuevo disco: Útera.

Las posibles complicidades entre la palabra poética y las formas de la música son un antigua preocupación y ocupación de Orihuela (1952) y García (1960) —“una suerte de matrimonio feliz cuando la canción está bien hecha”, dice este último—, por lo menos desde que se conocieron y comenzaron a colaborar hacia 1980.

Cantos nuevos (1981), Memoria del destino (1990), Debajo de la gotera (2001) y Celebraciones (2005) son algunas estaciones de ese andar, a las que ahora se suma Útera, nueve canciones sobre nueve textos de poetas bolivianas, desde el célebre La ciega de María Josefa Mujía (1820-1888), una de las pocas voces del romanticismo en la lírica boliviana, hasta un texto ritual de la artista Martha Cajías (1954-2012), pasando por poemas de Yolanda Bedregal, Matilde Casazola y Blanca Wiethüchter, entre otras.

La idea nació del pedido de Luis H. Antezana J. de musicalizar algunos poemas de Adela Zamudio para el libro interactivo que elaboró sobre la escritura cochabambina.

“Solemos reunirnos los sábados —recuerda Orihuela— buscando alguna ocurrencia musical. Y un día se nos ocurrió proyectar el pedido de Cachín Antezana a otras poetas bolivianas”.

“Las posibles filiaciones entre la poesía y la música —dice por su parte García refiriéndose a las características del emprendimiento— son parte de una larguísima reflexión en torno al género de la canción. El texto poético no está pensado en canción por mucho que tenga una musicalidad propia, una rítmica interna. Por ello, musicalizar un poema es como sobredimensionar los sentidos, pero por otro lado es como rebautizar el texto con otro lenguaje que lo acompaña. Cada poema pide una determinada música, una determinada sonoridad. Encontrar esa sonoridad es el reto”.

Pero en Útera hay una complejidad adicional relacionada con los propios poemas, su autoría femenina. “Hicimos todos los intentos por entrar en los poemas y por acompañarlos musicalmente a partir de una visión y una sensibilidad femeninas. De alguna manera se trataba de volvernos mujeres para entender y musicalizar el texto a partir de una perspectiva femenina”. Pero, “¿qué es una perspectiva femenina?” se pregunta Orihuela, “¿dónde trabajamos en nosotros mismos nuestra perspectiva femenina?”.

 Pero hay otra novedad más en Útera. A diferencia de la mayoría de las canciones grabadas anteriormente por Orihuela y García, en las que la voz está a cargo del primero, en este disco todas las voces son femeninas. “No lo habíamos pensado así desde el principio —cuenta Orihuela—, pero resultó uno de los componentes más atractivos del disco. Son voces muy diversas, hay diferencias tímbricas muy fuertes, pero quizás es precisamente esa diversidad la que le da una unidad muy interesante al disco”.

“Cada canción ha adoptado a su cantante —complementa García—. Lo único que nos quedó a nosotros fue acceder a esa adopción”. “Pero también es cierto —contrapuntea Orihuela— que cada cantante adoptó a su poema, se involucró con lo que estaba cantando. Fue como si verdaderamente sintieran lo que había escrito otra mujer, como si se buscaran en el poema a sí mismas”.

Emma Junaro canta poemas de la orureña Milena Estada y de Blanca Wiethüchter; Carla Casanovas de Adela Zamudio y de María Virginia Estenssoro. Julie Marin —del grupo Ciudad Líquida— toma a su cargo los textos de Yolanda Bedregal y María Josefa Mujía, en tanto que Julia Peredo entra en sintonía con Matilde Casazola y Martha Cajías, en este último caso junto a María Teresa Dal Pero. Finalmente, Esther Marisol canta el     poema de Alcira Cardona Torrico.

Poemas que adoptan a su cantante y cantantes que adoptan a su poema. ¿Cómo se determinó qué tipo de canción exigía cada poema?“Si tuviera que definir el disco entero —dice García—, lo pondría más como un disco de poesía musicalizada y no de canciones o de rock o de pop o de otro género. Hay una diversidad. No solo cada poema musicalizado responde a un género, sino que dentro de cada musicalización se puede encontrar varios géneros. En una canción puedes encontrar rasgos de músicas occidentales de los años 70,  que de pronto se convierten en experimentación sonora, o en una nostalgia a lo Satie, o en una aventura electroacústica. Nos tomamos absoluta libertad”.

Esa absoluta libertad es Útera —en su título se inscribe la condición femenina de la creación—, un producto más de las afinidades que unen a García y Orihuela.

“Entre nosotros hay una cierta empatía con relación a los territorios que habitamos —dice García—. Una actitud ante la vida que se muestra a través de diversas expresiones poéticas o musicales, Esa empatía termina teniendo una voz propia”.

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