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Ornete Coleman in memoriam

Fallece el autor del disco que, como una puñalada, ‘asesinó el jazz’ tradicional e inició una revolución conceptual y sonora.

Ornete Coleman. Foto: imgkid.com

Ornete Coleman. Foto: imgkid.com

La Razón (Edición Impresa) / Nicolás Peña - crítico de música

00:00 / 21 de junio de 2015

El jueves 11 de junio se volvió a reunir la banda que en 1959 se arriesgó a mostrarnos “la forma del jazz que estaba por llegar” descubriendo nuevos senderos y rompiendo los esquemas establecidos en la música más democrática del mundo. La bautizaron inicialmente como avant-garde, pero pronto se dieron cuenta de que ese nombre quedaba chico para definir lo que se  veía venir y no dudaron ponerle el nombre y el apellido que definiría esta nueva propuesta en la historia del jazz: free jazz. Don Cherry, Billy Higgins y Charlie Haden han esperado pacientemente el arribo al cielo de su líder y maestro, Ornette Coleman. Con la muerte de este excepcional músico el cielo ya tiene completa la banda que enarboló las banderas del quiebre más traumático en la historia del jazz. El bebop, un estilo revolucionario, se convirtió en la corriente más importante del jazz al comenzar la década de los 50. El cool jazz, o jazz de la costa oeste, daba más énfasis a tonos y arreglos más suaves. El hard bop incorporaba los elementos de más sensibilidad, descartados por los creadores y seguidores del bebop. Ambas ramas tuvieron en su momento pocos aficionados. Con el surgimiento del free jazz, la música improvisada experimentó el mayor salto.Cuando Coleman y su cuarteto se presentaron en el Five Spot en Nueva York en 1959, muchos aficionados que empezaban recién a entender y aceptar la música del pianista Thelonious Monk quedaron completamente perplejos. Ornette y su grupo interpretaban un tema al unísono y luego improvisaban libremente sin basarse en ninguna estructura de acordes y menos aún en ninguna estructura melódica. Durante el mismo periodo, el saxofonista John Coltrane había llevado al bebop a los extremos más recónditos a través de un interminable número de acordes al grabar su clásico Giant Steps en el que comenzó a improvisar apasionadamente sobre esos acompañamientos improvisados repetitivos llamados vamps. Nunca fui un devoto del Free Jazz. Coincido con la no muy feliz descripción que se hace de él como un camino sin retorno. Sin embargo el álbum que inauguró y estableció sus bases es sin duda una de las obras maestras de la historia del jazz y está firmada por Ornette Coleman, el maestro del saxo que ya descansa. El disco fue bautizado The shape of jazz to come y pertenece al año que produjo la mejor cosecha en el jazz, la que definió los senderos de las siguientes décadas, ese mágico 1959. Esa cierta idea de modernidad, ruptura y vanguardia asociada al valor que sería para siempre el sello de la época, decantó ese año en algunos de los discos más importantes de todo el género.Un género inseparable de las nociones de cambio y originalidad, de sonido propio y de riesgo estético. Giant Steps de John Coltrane, Ah Um de Charles Mingus, Pyramid del Modern Jazz Quartet, Time Out del cuarteto de Dave Brubeck, el maravilloso y único Kind of Blue de Miles Davis y  The Shape of Jazz to Come de Ornette Coleman. Todos son hijos del bebop y padres de mucho de lo que el jazz sería en el futuro, pero fundamentalmente son seis ensayos sobre la revolución y la libertad.La de Coltrane es inevitable, es una continuación de las enseñanzas de los maestros, precisa y exacta en sus consecuencias. La de Mingus es exasperada; viene de Duke Ellington pero se torna violenta, expansiva y exhibicionista. La del Modern Jazz Quartet tiene una forma de disimulo que solo puede brindar la elegancia más extrema. La revolución de Brubeck es más revisionista, saliéndose del tiempo e impregnando su música de aromas barrocos y clásicos. La de Miles, guerrero desde las batallas del bebop, nos hipnotizó con esa especie de melancolía en el mejor disco de jazz de la historia. Pero no se puede olvidar jamás que la de Coleman fue fundamental, ya que en The Shape of Jazz to Come conviven tres elementos indispensables para entender la música en su máxima expresión: la visión del abismo, el culto al swing y la melodía.Precisamente de eso trata esta grabación, fundadora del free jazz de vanguardia. Resulta paradójico que, mientras que Mingus y Coltrane realizaban un esfuerzo por crear un jazz nuevo pero coherente en cuanto a sonido y estructura, Coleman concibiera este disco como una puñalada. Justamente por ello algunos críticos de la época manifestaban ofendidos que este álbum asesinó al jazz. Mientras que los otros dos abandonaban la tonalidad por la modalidad, Coleman iba aún más lejos y se liberaba de la métrica rítmica y de la progresión armónica, aunque mantenía el swing en el proceso. Las canciones comienzan con una melodía que parece convencional, luego siguen varios minutos de improvisación libre y finalmente se vuelve a oír la melodía inicial. Es un disco provocador, que cambió al jazz para siempre abriendo nuevos senderos que nadie consideraba posibles. Coleman buscaba que sus músicos se olvidaran de las reglas y se concentraran solo en tocar, y una distendida alegría se percibe al oírlo, especialmente en piezas como Peace o Lonely Woman. Aunque el free jazz también tuvo su propia evolución y éste, en comparación con discos posteriores, suena todavía incipiente y hasta casi tradicional. Aun así no se debe olvidar que fue el álbum que disparó el primer cañonazo de esa revolución.

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