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Padura ‘Este premio es un triunfo de la literatura cubana'

Premio Princesa de Asturias de las Letras, el escritor ha creado una saga policiaca que disecciona la Cuba más negra

EXPLORACIÓN. El jurado destaca que la obra de Padura recorre todos los géneros, y escucha las voces populares y las historias perdidas que le refiere la gente. Foto: EFE

EXPLORACIÓN. El jurado destaca que la obra de Padura recorre todos los géneros, y escucha las voces populares y las historias perdidas que le refiere la gente. Foto: EFE

La Razón (Edición Impresa) / Mauricio Vincent (El País) - Madrid

00:00 / 14 de junio de 2015

Suele bromear Leonardo Padura con que es un escritor muy trabajador pero de imaginación corta. Lo único que hace, asegura, es observar la realidad cubana, mirar lo que pasa en sus calles y le sucede a su gente y luego ponerlo todo en hojas de papel que más tarde suelen convertirse en novelas. No es mala definición para bucear en la obra de este novelista habanero nacido en 1955 y creador de la famosa saga policiaca de Mario Conde, un descreído y alcoholizado comisario revolucionario cubano con el que Padura ha diseccionado la Cuba más negra y menos oficial —también la oficial— durante los últimos 25 años. Padura es hoy el novelista más importante y reconocido de su generación, y por ello obtuvo el miércoles el Premio Princesa de Asturias de las Letras, un honor que más que un éxito personal él considera “un triunfo para la literatura cubana”.

“Soy un escritor cubano, pertenezco a una generación que ha vivido y sufrido muchas cosas, buenas y malas, y siento un gran sentido de pertenencia hacia mi ambiente y mi gente en Cuba, así que este premio lo considero un reconocimiento a todo ello”, dijo desde La Habana al conocer la noticia. Es la primera vez que un escritor cubano gana este premio, por lo que para él tiene un valor muy especial. “El único antecedente es Javier Sotomayor, plusmarquista mundial de salto de altura, que en 1993 obtuvo el Príncipe de Asturias del Deporte. Por eso hoy me siento como si hubiera saltado 2,45”.

CELEBRAR. “En un momento como éste, ante un premio como éste, Mario Conde diría: ‘Vamos a gozarla, mi hermano, porque hemos sufrido bastante y nos lo merecemos”, dice un Padura radiante al otro lado del teléfono, tras asegurar que si tuviera “el hígado de Mario Conde” ya hubiera caído “la primera botella de ron” (eran las 7 de la madrugada en La Habana).

Padura es heredero de una larga tradición literaria y ha recogido el testimonio de grandes de la literatura cubana como Guillermo Cabrera Infante y Alejo Carpentier, al que considera el maestro de la novela histórica, de cuya metodología es deudor. Infante y Carpentier ganaron el Cervantes, pero la historia de esta edición del premio Princesa de Asturias tiene que ver con su personaje Mario Conde.

La historia comenzó hace dos décadas ya, cuando una mañana recibió sin previo aviso la llamada de la entonces editora de Tusquets, Beatriz de Moura, quien le propuso publicar su libro Máscaras, una de las novelas policiacas de la saga, en la que por primera vez se abordaba de manera descarnada el mundo marginal y marginado de los homosexuales en la Cuba revolucionaria.

CRONISTA. Tras aquella llamada (1996) todo cambió en la vida de Padura, literariamente hablando. De Moura publicó con gran éxito la cuatrilogía Las cuatro estaciones (Paisaje de Otoño, Pasado Perfecto, Vientos de Cuaresma y Máscaras), con Mario Conde de protagonista en todas ellas, que convirtió al novelista del barrio de Mantilla en el cronista social de Cuba por excelencia y en un escritor de referencia. “Yo crecí como escritor en Tusquets, por eso en gran medida este premio también es de la editorial”, asegura agradecido Padura.

Tras la publicación de Las cuatro estaciones llegaron más novelas de Mario Conde, pero también otros libros soberbios, como La Novela de mi vida (uno de los mejores, según buena parte de la crítica), El hombre que amaba a los perros, en la que sus críticas al estalinismo tienen como telón de fondo el asesinato de León Trotsky por el anarquista español Ramón Mercader, o Herejes. Conde nunca desapareció, iba y venía a su albur, pero desde el inicio tanto en Cuba como en el resto del mundo sus lectores entendieron que los crímenes para Padura eran lo de menos. “A mí con un muerto me bastaba para toda la novela, con eso tenía para contar la historia que me interesaba”.

A través de las vidas de Conde y de sus castigados amigos, uno de ellos un paralítico veterano de la guerra de Angola, y siguiendo el hilván de unos asesinatos que eran únicamente pretextos para hablar de la realidad más descarnada y habitualmente ausente de los medios oficiales, los cubanos se enteraron de las miserias del mundo habanero de las drogas, de la prostitución masculina y femenina que se ejercía en algunas esquinas de la ciudad, de los intríngulis de los juegos de naipes o del tráfico de obras de arte o de la doble vida que disfrutaban algunos dirigentes comunistas.

Y sí, la sociedad cubana fue cambiando a lo largo de los años y Mario Conde lo hizo con ella. Ya en La neblina del ayer (premio Hammett 2006) el inspector Conde había abandonado la policía y se buscaba la vida vendiendo y comprando libros viejos en moneda dura.

COINCIDENCIA. El anuncio del premio le llegó a Padura cuando se rueda en La Habana una serie de televisión y una película (producidas por Tornasol) basadas en Las cuatro estaciones. “Sí, es una coincidencia alegre, como también lo es que el reconocimiento haya llegado justo en este momento tan especial para Cuba, cuando el diferendo con EE UU parece llegar a su fin”.

Se dice que el éxito de un escritor cubano en su país se mide por el precio alcanzado por sus obras en el mercado negro. Padura está satisfecho. Los libros de Conde llegaron a canjearse por dos latas de leche condensada en los momentos más duros del Periodo Especial. “Imaginará que después de eso no hay nada”.

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