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Las ‘Páginas dispersas’ de Ignacio Prudencio Bustillo

Segunda y ampliada edición del libro compilado por Carlos Medinaceli en 1946

Ignacio Prudencio Bustillo. Foto: Páginas Dispersas

Ignacio Prudencio Bustillo. Foto: Páginas Dispersas

La Razón (Edición Impresa) / Rubén Vargas - periodista

00:00 / 23 de noviembre de 2014

Curioso destino el de las Páginas dispersas de Ignacio Prudencio Bustillo (Sucre, 1895-1928). Las compiló Carlos Medinaceli en 1942, las prologó Adolfo Costa Du Rels en 1945 y un año después, en 1946, las publicó la Universidad de San Francisco Xavier de Chuquisaca. Para entonces, su autor llevaba ya 18 años de muerto. Curioso destino porque en ese volumen se reúnen tres significativos nombres de la literatura boliviana del siglo XX. Y en la segunda edición —que acaba de publicar el Archivo y la Biblioteca Nacionales de Bolivia—, 68 años después de la primera, a esos tres nombres se suma el de Luis H. Antezana J., autor de la Introducción.

Pero más curioso aun el destino del propio Prudencio Bustillo. “Por el vigor de su pensamiento y por sus innegables condiciones de escritor así como por su ecuanimidad intelectual, Ignacio Prudencio Bustillo tiene un lugar prominente dentro de la historia de las ideas bolivianas” escribió Guillermo Francovich en El pensamiento boliviano en el siglo XX (1956). Pues bien, ese pensador, escritor e intelectual murió a sus 33 años de tuberculosis pulmonar.

En vida publicó tres libros que de alguna manera expresan las inclinaciones de su pensamiento y sus inquietudes intelectuales: La Misión Bustillo. Más antecedentes sobre la Guerra del Pacífico (1919), Ensayo de una filosofía jurídica (1923) y Vida y obra de Aniceto Arce (1928). En el primero examina minuciosamente los alcances de la misión diplomática que en 1871 condujo su abuelo, Rafael Bustillo, para concertar un arreglo diplomático con Chile sobre la cuestión de límites.  “Este primer libro —dice Antezana— abre una senda, la histórica, que Prudencio Bustillo frecuentará a lo largo de su vida”. El segundo, resume sus conferencias en la Carrera de Derecho entre 1920 y 1921. Éste es, seguramente, “el libro que mejor explicita la faceta más abstracta” de su pensamiento, como apunta Antezana. El tercero es una biografía de Arce que privilegia la vida y obra del empresario minero antes que la del político y que en su narración comporta más de un gesto literario.

Esos son sus libros orgánicos. Pero Prudencio Bustillo fue además un gran animador de las revistas y periódicos de su época, especialmente de los editados en Sucre,  en los que publicó estudios críticos sobre literatura nacional y extranjera, notas bibliográficas, ensayos, estudios críticos históricos y prosas de corte literario.  Éste es el material que recogen, precisamente, sus Páginas dispersas.

Respecto a la primera, la nueva edición —pulcramente cuidada por  Alfredo Ballerstaedt G.— incluye  cinco trabajos no recogidos por la compilación de Medinaceli. Incluye, además, la ya referida Introducción de Antezana   que —ventajas de la mirada desde el presente— permite  redondear mejor el perfil intelectual de Prudencio Bustillo, el alcance de su pensamiento y sus trabajos y el contexto de su época. En anexo, la nueva edición también recoge una exhaustiva bio-bibliografía de y sobre Prudencio Bustillo (163 entradas) realizada por Ana Lorena Martínez.

Una de las revelaciones de la lectura —tanto ahora como ayer— de las Páginas dispersas es el perfil de crítico literario de su autor. “Ninguno, en Bolivia, más capacitado para el ejercicio de la crítica literaria que Ignacio Prudencio Bustillo” había escrito Medinaceli en sus Estudios críticos (1938). En su Introducción, Antezana acota: “Tradicionalmente, todos consideramos —y con razón— que el fundador de la crítica literaria boliviana es Gabriel René Moreno, pero, no está tan arraigado el criterio propuesto por Medinaceli, de que Prudencio Bustillo fue un excepcional continuador de esa labor”.

En sus estudios críticos y sus notas bibliográficas de literatura nacional, Prudencio Bustillo, se ocupa entre otros, del propio René Moreno, de José Manuel Cortés, de Manuel José Tovar, de Daniel Calvo, de Costa Du Rels, de  Claudio Peñaranda  y del movimiento romántico.   En el ámbito extranjero, los estudios recogidos  dan cuenta de la amplitud de sus preocupaciones:  “Dionisios y Nietzche”, “La deuda boliviana con el pensamiento de Ingenieros”, “A través de la escena francesa actual , “Sobre Shakespeare” y “José Enrique Rodó (1872-1917).

“Apresúrate , artista, a realizar tu obra, porque cuando menos lo esperes, la muerte ha de helar tus venas y paralizar el brazo que sostiene tu pluma, tu pincel o tu buril... y entonces  de ti no quedará sino un recuerdo débil que el tiempo se encargará de borrar; no serás para los hombres sino un cualquiera. Habrás muerto, pues, dos veces, y no es menos terrible la segunda”. Esto escribió Prudencio Bustillo en “Hay que apresurase...”, un breve texto recogido en este volumen. En sus cortos 33 años, supo hacerlo.

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