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Patiño, estaño y vida cotidiana

Un libro y una exposición retratan a la industria minera y la vida de todos los días en los primeros años del siglo XX

La Razón Digital / Rubén Vargas - periodista

00:00 / 26 de octubre de 2014

En Bolivia, el siglo XX se inició con tres hechos que definieron su perfil por largo tiempo. La llamada Guerra Federal consumó el cambio del eje económico y político del sur al norte, de Sucre a La Paz. La Oficina de Inmigración, Estadística y Propaganda Geográfica realizó el primer censo nacional moderno. Y, en las agrestes peñas del cerro llamado Llallagua, en el norte de Potosí, los peones de un empeñoso y terco minero cortaron la veta de estaño más rica del mundo.

Por lo primero —sobre la derrota de los sucrenses pero también de los indios de Zárate Willka que fueron a la guerra motu proprio— se inició la época liberal con sus afanes modernizadores. Por lo segundo, se supo que Bolivia tenía 1.816.271 habitantes, de los cuales el 90% vivía en el campo y solo el 2,5% recibía educación. Por lo tercero, despertó la era del estaño, de la industria minera a gran escala y de una de las fortunas más grandes del planeta, la de ese terco minero llamado Simón I. Patiño.

El libro Fotografías para la historia. Simón I. Patiño: estaño y vida cotidiana 1900-1930 —que estará a disposición del público desde el 6 de noviembre— recoge una parte de la memoria gráfica de esas primeras décadas del siglo XX, poniendo el foco sobre la vida y la obra del industrial minero. El volumen, editado por la Fundación Simón I. Patiño, muestra una parte significativa del acervo fotográfico conservado en el Archivo del Museo-Casa de la Cultura de la ciudad de Oruro, dependiente de la Universidad Técnica de esa ciudad.

Ese acervo se constituye  en un “fragmento capital de la historia económica, social y cotidiana, entre 1900 y la década de los años 30 del siglo XX, a través de fotografías de la época que ilustran lugares, personas, actividades y acontecimientos ligados a la figura del empresario Simón I. Patiño, al trabajo en las minas y otras actividades productivas, y a la vida cotidiana de su entorno familiar y social”, como dice Michela Pentimalli, directora de Espacio Simón I. Patiño, institución que condujo el proceso de elaboración y edición del libro.

“La fotografía es en sí misma un documento —dice por su parte Ludmila Zeballos, quien trabajó en la puesta en valor del archivo—, y el documento es la memoria histórica de una persona, de un lugar o de una institución. Estas fotografías tienen un valor histórico, permiten mostrar el desarrollo minero y la vida cotidiana en esos años”.

El 14 de septiembre era una fecha especial en los campamentos. Era el día de la Virgen de Quillacas, patrona de los mineros. Era tan especial que Patiño mandaba hacer un álbum fotográfico para regalar a sus amistades. El libro se abre, precisamente, con la reproducción de 41 imágenes de ese álbum, fechado en La Salvadora —así se llamaba su primera mina— en 1910.

Después, las imágenes se ordenan geográficamente: los asientos mineros de Uncía, Huanuni y otros. También hay imágenes de la construcción del Palacio Portales y de la casa de la finca de Pairumani, ambos en Cochabamba. Y del Banco Mercantil, fundado por Patiño, en Cochabamba y La Paz.

En la parte final se muestran las fotografías de la vida cotidiana —fotos familiares, celebraciones, cumpleaños, fiestas infantiles —que tienen por escenario, en gran parte, la casa de Patiño en Oruro. Allí vivió con su familia hasta 1912, cuando se trasladó a París. La casa, en 1975, fue donada por los herederos del industrial minero a la Universidad Técnica de Oruro y actualmente alberga el Museo-Casa de la Cultura Simón I. Patiño.

Las fotografías —176 en total— están contextualizadas por una serie de estudios. Los dos primeros, de Ludmila Zeballos y Vassil Anastasov, dan cuenta del proceso de recuperación y puesta en valor del archivo y de su restauración. Más adelante, Silvia Arze escribe sobre Bolivia en la primera mitad del siglo XX y Fabrizio Cazorla sobre Oruro en esa misma época: por el auge minero, esa ciudad creció de 6.844 habitantes en 1880 a 15.900 en 1900. Carlos Serrano Bravo incide, por su parte, en los aspectos de la industria y la tecnología minera que están representados en las fotos y Raúl Juan Azurduy Rossel en la situación social y laboral de los trabajadores.

El mismo día de la presentación del libro, el 6 de noviembre, se abrirá una exposición integrada por reproducciones de 75 fotografías que, después, recorrerá otras ciudades.

“Este libro —finaliza Pentimalli— quiere llamar la atención sobre un valioso archivo fotográfico que se conserva en Oruro. Es una materia prima para los estudiosos que pueden encontrar en él material e información para muchos temas: la historia de la minería, del trabajo y de la sociedad, pero también de la vida cotidiana y de las mentalidades, de la arquitectura y de la propia fotografía y de los fotógrafos de las primeras décadas del siglo XX”.

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