Tendencias

La Paz, pasado y presente

Juana Manuela Gorriti

00:00 / 18 de diciembre de 2011

Un día, el viento de la vida llevome otra vez a Bolivia, ese país de dulces y dolorosos recuerdos.

Cuán diferente lo encontré de la época en que, con el alma en duelo, ausentábame dejándolo ensangrentado por la guerra civil, desiertos sus caminos, incultos sus campos y sembrados de cadáveres.

Al llegar a Chiliyaya, primera etapa en tierra boliviana, allí donde antes se extendía un páramo inhospitalario, el viajero halla una población formada de pintorescos caseríos, que se agrupan en torno a un hotel elegante y confortable, visitado diariamente por numerosos transeúntes que un activo comercio lleva a ese improvisado puerto.

De allí, un servicio de diligencias conduce en pocas horas, a través de una llanura poblada de estancias, sementeras y rebaños, a la bella ciudad que se asienta, escondida, en el fondo de una profunda hondonada, a las auríferas orillas del Chuquiapo.

Una ancha carretera que serpea atrevida, entre precipicios, había reemplazado el sendero vertiginoso por donde el caminante llevaba la vida suspendida sobre abismos, hasta las primeras calles de La Paz.

II

Desde lo alto de la cuesta que a vuelo de ave la domina, contemplaba yo aquella ciudad señalada por tantas catástrofes; y a la vez que la mirada abarcaba su vasto recinto, el pensamiento vagaba, evocando los nefastos acontecimientos de su terrible historia.

¡Qué lúgubre epopeya encerrada en ese círculo de peñascos, desde el cerco de Tupac Amaru hasta las barricadas de Melgarejo!

¡He allí el Alto de Santa Bárbara, donde el Cacique de Guarina, delatado por un traidor, fue sacrificado!…

Allí, donde ahora eleva sus elegantes surtidores una fuente de mármol, alzose el cadalso en que el ínclito Murillo pereció, legando la antorcha inextinguible de la libertad al mundo americano.

De esas ventanas abiertas a la brisa de la tarde, arrojó, un día, la venganza popular, haciéndose cruenta justicia, los cadáveres ensangrentados de los españoles, desde el gobernador Valdehoyos, hasta el último de los que moraban en la ciudad.

Allí los patíbulos del terrible Ricafort; allí los que tantos americanos renegados alzaron para los patriotas sus hermanos.

Allí las matanzas fratricidas de la guerra civil. Allí… Una ráfaga de alegres aclamaciones llegó hasta mí, y cambió el curso de mis pensamientos.

En el recinto de esa misma plaza, teatro en otro tiempo de tantos horrores, tenía ahora lugar una parada militar, preludio de las fiestas con que Bolivia celebra su advenimiento a la vida de las naciones.

Tierra querida, que con amor me adoptaste el día que, sin patria ni hogar, llegué a ti entre un grupo de proscritos: ¡Bendita y glorificada seas!

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4
5 6 7 8 9 10 11
12 13 14 15 16 17 18
19 20 21 22 23 24 25
26 27 28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia