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Pedro Lemebel... gracias por tu faro subversivo

Artista polifacético, provocador de las buenas costumbres y del bien pensar, cronista de este tiempo, el chileno Pedro Lemebel  murió el 23 de enero en Santiago

Pedro Lemebel. Foto: guioteca.com

Pedro Lemebel. Foto: guioteca.com

La Razón (Edición Impresa) / Patricia Flores Palacios - Feminista queer

00:00 / 01 de febrero de 2015

El escritor chileno Pedro Lemebel falleció el 23 de enero conmocionando al mundo de la contracultura. Beatriz Preciado —filósofa feminista, exponente de la teoría queer y discípula de Jacques Derrida— en un mensaje remitido a María Galindo para ser difundido por Radio Deseo de La Paz, manifiesta: “La única imagen en movimiento es el amor. Tú me criaste y de ti salí como un hijo, de los cientos que tuviste, inventado por tu voz. Tú eres mi madre y te lloro como se llora a una madre travesti. Con una dosis de testosterona y un grito. Tú eres mi madre y te lloro como se llora a una madre comunista e indígena. Con una hoz y un martillo dibujados sobre la piel de la cara. Tú eres mi madre chamana y te lloro como se llora a la ayahuasca. Salgo a las calles de Nueva York y me abrazo a un árbol radiactivo mientras te pido perdón por no haber venido a verte. Por el miedo a la memoria de la tortura, por el miedo a los perros muertos de hambre y a las minas de Antofagasta…”

El mexicano Carlos Monsiváis, en 1996, escribía que Pedro era un “fenómeno de la literatura latinoamericana de este tiempo. Uso el término fenómeno en su doble acepción: es un escritor original y un prosista notable y, para sus lectores, es un freak, alguien que llama la atención desde el aspecto y rechaza la normalización ofrecida. Un escritor y un freak, indisolublemente unidos, los que están fuera, en la desolación y la energía de los que solo se integran a su modo, en los márgenes que ya no tienen el peso arrasador de antaño. (Si algo, la obra de Lemebel es un rechazo del determinismo homófobo). A Lemebel le ponen sitio las miradas (las lecturas) de la admiración, el morbo, el regocijo de ‘los turistas de lo inconveniente’, la extrañeza, la solidaridad, la normalidad de los que están al tanto de la globalización cultural, esa que para los gays se inició dramáticamente con los juicios de Oscar Wilde en 1895 y jubilosa y organizativamente con la revuelta de Stonewall en 1969”.

La presidenta de Chile, Michelle Bachelet, manifestó: “Pedro fue un creador incansable, un luchador social, un defensor de la libertad y una voz que nunca se apagó representando a los olvidados, a muchos que se sienten huérfanos en un país que no los representa ni los acoge”.

Pedro Lemebel fue escritor, defensor de los derechos humanos, principalmente de los homosexuales, artista visual multifacético, cronista y filósofo natural o posmoderno. Nació en Santiago de Chile en 1952 en un hogar modesto, que no dudó en garantizarle sus estudios en un liceo industrial de metal y mueblería y luego en la Universidad de Chile hasta que se recibió como docente de Artes Plásticas.

La fuerza de su talento y su permanente interpelación a las instituciones conservadoras del Chile dictatorial de los años 80 lo llevaron a incursionar en la guerrilla performativa urbana, efímera e impactante, bajo el sello de la provocación y la creatividad a través de su propio cuerpo convertido en mensaje y obra.

Sus obras, que hablan de la marginalidad chilena y son desgarradores testimonios autobiográficos homosexuales, irrumpieron en la escena pública en 1986 con un manifiesto titulado Hablo por mi diferencia.

Desde entonces, las obras de Lemebel develan la vida de la marginalidad chilena, esa vida acallada por la parafernalia mediática y el exitismo político. Reclamaba por los derechos humanos, la sexualidad y la memoria histórica, al grado de generar miedo en eventos públicos políticos o culturales, porque no se sabía en qué momento las intervenciones, la performance, el travestismo o las instalaciones de Lemebel provocarían sismos sorpresivos en los que exponía el cuerpo y la vida.

En sus performances no pocas veces develaba desgarradores testimonios autobiográficos, enfrentando la estigmatización del sida como maldición y castigo al “desborde homosexual”. Sus acciones artísticas y políticas lo enfrentaron a la represión policial por alterar la cotidianidad. Combatió la discriminación contra la homosexualidad sin autovictimización.

La sensibilidad de Lemebel también se desnuda en un texto inspirado en Bolivia: “Canción para un niño boliviano que nunca vio el mar” incluido en su libro Adiós Mariquita linda:

“Y cómo te lo digo y con qué humedad de letras te lo cuento, chiquito llocalla, pelusita paceño que nunca estuvo frente al estruendo salado de la planicie oceánica. Cómo hacértelo ver niñita imilla, en estas letras, si nunca fuiste testigo de esa música y sus olas crespas chasconeando el concierto de la bella mar. Cómo te lo digo, niño boliviano, cómo alargo la palabra m-a-r, y que ahorita zumbe en tus oídos como mil abejas moluscas, como millones de susurros que salpican tu carita aymara con su aliento matemo-martierno-mari-maternal. Ésta es una carta dirigida a tus ojitos oblicuos que de mil maneras intentan imaginar ese gran charco azul que no es como te lo cuenta la profesora en el colegio describiendo la parte más extensa del Titicaca, esa zona donde el cielo se recuesta sobre las aguas verde musgo, donde no hay cerros y el horizonte desaparece en esa lama esmeralda que, de alguna manera, también semeja un ojo de mar”.

El texto de Lemebel concluye: “Por eso, al escuchar el verso neopatriótico de algunos chilenos me da vergüenza, sobre todo cuando hablan del mar ganado por las armas. Sobre todo al oír la soberbia presidencial descalificando el sueño playero de un niño. Pero los presidentes pasan como las olas, y el dios de las aguas seguirá esperando en su eternidad tu mirada de llocalla triste para iluminarla un día con su relámpago azul”.

Conocí a Pedro Lemebel gracias a María Galindo. Tuve el privilegio de compartir con él memorables momentos a inicios de 2013, en una de las encantadoras callecitas de Lastarria, en Santiago de Chile, en medio de libros, flores y discos. Era cálido, estaba confiado en que superaría el cáncer de laringe que le había arrebatado la fuerza abrasadora a su voz. Rememoró su visita a La Paz y los paseos encantadores que compartió con María Galindo por nuestras empinadas calles y miradores.

Querido y admirado Pedro, qué dolor al saber de tu partida. Escribiste páginas maravillosas con tu arte transgresor, creativamente profundo, cautivante e irreverente. Donde estés seguirás brillando, porque tu vida y tu obra fueron y son un faro vital. ¡Te extraño y te extrañaré!

Hablo por mi diferencia

(fragmento)

Este texto fue leído como intervención en un acto político de la izquierda en septiembre de 1986, en Santiago de Chile

No soy Pasolini pidiendo explicacionesNo soy Ginsberg expulsado de CubaNo soy un marica disfrazado de poetaNo necesito disfrazAquí está mi caraHablo por mi diferenciaDefiendo lo que soyY no soy tan raroMe apesta la injusticiaY sospecho de esta cueca democráticaPero no me hable del proletariadoPorque ser pobre y maricón es peorHay que ser ácido para soportarloEs darle un rodeo a los machitos de la       esquinaEs un padre que te odiaPorque al hijo se le dobla la patitaEs tener una madre de manos tajeadas por el cloroEnvejecidas de limpiezaAcunándote de enfermoPor malas costumbresPor mala suerteComo la dictaduraPeor que la dictaduraPorque la dictadura pasaY viene la democraciaY detrasito el socialismo¿Y entonces?¿Qué harán con nosotros compañero?¿Nos amarrarán de las trenzas en fardoscon destino a un sidario cubano?Nos meterán en algún tren de ninguna parteComo en el barco del general IbáñezDonde aprendimos a nadarPero ninguno llegó a la costaPor eso Valparaíso apagó sus luces rojasPor eso las casas de carambaLe brindaron una lágrima negraA los colizas comidos por las jaibasEse año que la Comisión de Derechos           Humanos no recuerdaPor eso compañero le pregunto¿Existe aún el tren siberianode la propaganda reaccionaria?Ese tren que pasa por sus pupilasCuando mi voz se pone demasiado dulce¿Y usted?¿Qué hará con ese recuerdo de niñosPajeándonos y otras cosasEn las vacaciones de Cartagena?¿El futuro será en blanco y negro?¿El tiempo en noche y día laboralsin ambigüedades?¿No habrá un maricón en alguna esquinadesequilibrando el futuro de su hombre      nuevo?¿Van a dejarnos bordar de pájaroslas banderas de la patria libre?El fusil se lo dejo a ustedQue tiene la sangre fríaY no es miedoEl miedo se me fue pasandoDe atajar cuchillosEn los sótanos sexuales donde anduve

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