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Pedro Shimose. La querencia aquí y allí

Cuarteto del retorno. Termina aquí la serie de lecturas de poemas de autores hispanoamericanos sobre el tema del retorno con las que el poeta y crítico Eduardo Mitre ha honrado generosamente estas páginas. Como despedida, la mirada de Mitre se centra esta vez en cuatro autores que expresan la excelencia de la poesía boliviana.

Shimose. El poeta  riberalteño, de joven, en su tierra natal.

Shimose. El poeta riberalteño, de joven, en su tierra natal.

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 22 de diciembre de 2013

Poeta del exilio, en el sentido ovidiano del término, la poesía de Pedro Shimose expresa asimismo la experiencia del retorno. Si en Quiero escribir pero me sale espuma (1972) manifiesta la profunda  herida de la expulsión y la añoranza de su patria, en varios otros poemas de Bolero de caballería (1985) y de Riberalta y otros poemas (1996) cifra la experiencia del retorno. “Escrito en el lago Tumichucua” compuesto a la manera de una carta dirigida a su esposa Rosario, comunica en principio un sentimiento de ajenidad en su tierra, alimentado por la nostalgia amorosa de ella, radicada con el poeta en Madrid. El reencuentro con la patria, con su pueblo y sus gentes, despierta en Shimose una rememoración del encuentro amoroso con Rosario en plena juventud y en el mismo paisaje natal: “Bajo las palmeras / en el agua clara de la felicidad/ cosechando lunas/ bajo los floridos toborochis de nuestra juventud”. Nostalgia doble, espacial: por Madrid; y temporal: por la juventud, fundidas ambas en una presencia: la esposa. Una vez más, la experiencia del retorno se manifiesta contigua a la del amor. El final de este poema, testimonio y homenaje, invierte el espacio del exilio y el de la añoranza. Si éste en el exilio era Riberalta sentida desde Madrid, en “Escrito en el lago Tumichucua”, lo es la  capital española, implícitamente añorada desde Riberalta. En el fondo, el retorno descubre la doble pertenencia y querencia del poeta.

Pero ningún espacio o paisaje tan  predominante en su poesía como el de su patria nativa, donde —como él mismo señala— reposan sus progenitores, y de la cual provienen sus recuerdos de infancia y juventud que regresan tanto en el poema que comentamos como en el hermoso “Riberalta”, el cual da título a su libro inspirado en su suelo natal. En las últimas líneas de este poema, leemos: Llueve, 

llueve sin parar, afuera,

en un paisaje con canoas

que bogan río abajo.

Hasta el arcoiris

sigue lloviendo en mí. La hermosa imagen del arcoiris cambia el signo de la lluvia amenazadora y sella en la interioridad del poeta su reconciliación con el espacio de aquí y el de allí, el del exilio y el del retorno. Tras poemas así, solo cabe añadir: ¡Chapeau!, y volver a pedir: ¡Sombrero de saó!

ESCRITO EN EL LAGO TUMICHUCUA

PEDRO SHIMOSE (1941)

A Rosarillo

A 10.000 km de ti, descubro

a un hombre

acostumbrado a otro país,

a otra ciudad,

a otras amistades.

Mi país:

humo de nostalgia,

casi un sueño.

Cuando recorro

estos caminos polvorientos

te siento pegadita a mí,

con tu risa llenándolo todo,

amando lo que yo amo,

naturalmente,

doliéndote conmigo de esta pena

difícil y profunda,

¡yo qué sé!

Mi madre y mis amigos me han

traído

al lago.

A ti te echo de menos

con una flor de suchi en el pelo

prendida

Como cuando estábamos juntos

aquí,

bajo las palmeras,

en el agua tibia y clara de la felicidad,

cosechando lunas

bajo los floridos toborochis

de nuestra juventud.

Pero no estás junto a mí

y yo tampoco estoy conmigo.

Más triste sin ti es la tristeza de amar

a este país. Solo espero

volver a verte pronto,

antes de que el tiempo

nos borre y llegue

la época de lluvias.

(Bolero de caballería, 1985)

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