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Søren abandona a Regina

La más reciente película del director Juan Carlos Valdivia —que explora las formas de amar en Bolivia— se estrenará en cines el 8 de noviembre.

'Soren' la nueva propuesta de Juan Carlos Valdivia.

'Soren' la nueva propuesta de Juan Carlos Valdivia. Foto: YouTube

La Razón (Edición Impresa) / José Luis Durán / Crítico

00:02 / 17 de octubre de 2018

Estamos en 1840, en un momento que Regina, a sus 17 años realiza su confirmación religiosa, lo que le posibilita comenzar una relación con su esperado amor, el filósofo Søren Kierkegaard. Él, paciente, ha estado esperando este momento por mucho tiempo y cuando el amor está a punto de consumarse, él decide abandonarla. “En Oriente, enviar a alguien un cordón de seda constituye el máximo castigo para quien lo recibe; en este caso, enviar un anillo constituye el máximo castigo para quien lo envía”, con estas palabras Søren deja sin retorno a quien amará por siempre.

El amor y sus quiebres, eso es Søren. Una cinta que irrumpe en el cuento de idas y venidas del romance, con sus quiebres atemporales que hacemos todos a la hora de tratar esta temática. Así es la nueva película que Juan Carlos Valdivia presentará. Así es Søren. Un amor que corta con las tramas comunes del cuadro en el cine y que se adentra en una violenta narrativa que hace del amor y las emociones un genérico de planos y tramas.

Si bien es cierto que el cine en Bolivia no se ensucia de utilería y experiencias foráneas, también es cierto que dentro del cine nacional existen pocas e irregulares propuestas estéticas. No solo Søren, sino Valdivia es prueba de ello. Un cine que atrapa acontecimientos y subjetividades del imaginario local y las hace experiencias visibles, un acto poético expresado por un manifiesto sexual del cuerpo que es un juego arriesgado, incluso hoy en Bolivia, de lo erótico, y una imagen general de lo que es nuestro país: un territorio abstracto y complejo, ligado a ese concepto que lo explica todo llamado “globalización”.

Lo jailón y su alternativa es una referencia a la globalización pero que no pierde el marco en el que se realiza: la propia Bolivia. Personajes que no tienen nada de lo que podríamos llamar “boliviano” que se desenvuelven en nuestra realidad plural y también personajes que en nuestra mente legitimamos como “nacionales”. Todos forman el cine de Valdivia. Algo muy explícito en Zona Sur (2009), una coexistencia con la otredad negada.

Retornemos a la parte erótica, que a mi parecer es la que más se aferra a este sentido de diversificación estética en Valdivia. En palabras de Bazin, el erotismo (el sexo) en “el cine se desarrolla en un espacio imaginario que provoca una participación y una identificación”, algo que lo diferencia con la presencia de algún acto carnal en el teatro. Esta caracterización es importante porque es la finalidad de las escenas sexuales del cine de Juan Carlos Valdivia. La participación e identificación, que son ya partes de las cintas de este director, se forman en ámbitos incluso eróticos que exponen un riesgo punzante en el espectador nacional, pero que dotan de otro enfoque a la actitud carnal de nuestro cine.

El cine de Valdivia es eso. Un amor de filósofo, que espera ansioso a su amada y que después pretende abandonarla, sin jamás alejarla de su memoria. Se aleja de lo nacional solo para culminar estando más cerca de particularidades de nuestra realidad como bolivianos. Se aleja para pensarnos. Y ahora ¿cómo se reflejan las emociones y los romances en la juventud de nuestro país? Søren, con el cuadro cinematográfico de Valdivia, revelará otra trama de las relaciones, con lo “boliviano” presente pero con lo estético y visual en primer plano. Algo que es presencia pura de Kierkegaard, como lo planteó Theodor Adorno tratando a este filósofo, separando la dialéctica y la poesía de este nombre: Søren.

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