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‘Pensar como nación no como facción’

A 60 años de la muerte de Carlos Montenegro (1903-1953), ‘Nacionalismo y coloniaje’ es un libro que sigue interpelando

La Razón / Rubén Vargas - periodista

00:00 / 15 de septiembre de 2013

En las pocas fotografías que dejó para la posteridad, Carlos Montenegro aparece en el limbo de una juventud ya para siempre invulnerable. Tiene la imagen de un jovenzuelo formal con los anteojos de estudiante aplicado y temeroso. La imagen, sin embargo, no condice con la fama que ya gozaba siendo aún adolescente de agudo, irónico y pendenciero polemista y escritor que, a sus 17 años, le valió la excomunión de la Iglesia Católica en su natal Cochabamba.  

Ése es el Carlos Montenegro que, como toda su generación, partió en su día a la Guerra del Chaco. Y como toda su generación, regresó de la contienda con la conciencia de que la derrota bélica era la derrota de la política y los políticos liberales. Esa conciencia lo llevó, en la posguerra, a la defensa de los recursos naturales y, bajo el gobierno del socialismo militar, a elaborar el fundamento intelectual de la nacionalización de la petrolera Standar Oil. Lo llevó también, junto a su compañero de lides políticas y periodísticas Augusto Céspedes y a Armando Arce a fundar el legendario periódico La Calle. En 1941 concurrió, en La Paz, a la fundación del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR). Y en 1943 —hace 70 años— escribió y publicó uno de los libros más influyentes del siglo XX boliviano: Nacionalismo y coloniaje.     

Ese libro contribuyó de manera decisiva a darle forma a la ideología del nacionalismo revolucionario y preparó, desde las ideas, el camino para la Revolución Nacional del 9 de abril de 1952. Pero su autor, apenas llegaría a ver los resultados del triunfo revolucionario, en sus propias palabras, de la nación contra la antinación. En 1953 murió de cáncer. Tenía 50 años.

“Para comprender los alcances de Nacionalismo y coloniaje —dice el sociólogo y cientista político Fernando Mayorga, autor de El discurso del nacionalismo revolucionario (1984)— primero hay que situar a Carlos Montenegro en una generación de pensadores y de políticos muy importante.   Una nueva generación posterior a la Guerra del Chaco en la que surgen nuevos discursos  y nuevas organizaciones políticas. En esa época nacieron el Partido de la Izquierda Revolucionaria (PIR), el Partido Obrero Revolucionario (POR), el MNR y la Falange Socialista Boliviana (FSB). En esa generación hay pensadores de peso decisivo. Ahí está, por ejemplo, Tristán Marof, quien lanzó la consigna ‘Minas al Estado, tierra a los indios’; está Guillermo Lora que va a elaborar la Tesis de Pulacayo y, por lo tanto, la propuesta de la alianza obrero-campesina. También está el grupo de cochabambinos —José Antonio Arze, Arturo Urquidi, Ricardo Anaya— que se nutrieron del movimiento universitario que dio origen a la autonomía y crearon una fuerte corriente marxista, el PIR, con un pensamiento basado en una mirada clasista similar a la de Lora pero distinta en términos de cuál es el rol de la clase obrera. En ese contexto surge la obra de Carlos Montenegro, discutiendo sobre todo con la perspectiva clasista y economicista de las corrientes marxistas”.

Nacionalismo y coloniaje ganó el primer premio del concurso de ensayo convocado por la Asociación de Periodistas de La Paz con el tema “La influencia del periodismo en la historia de Bolivia”. El texto de Montenegro se presentó formalmente como una historia del periodismo nacional —comienza con el relato del fascinante mundo de los pasquines y libelos en los primeros años del la guerra de Independencia, es decir con el uso revolucionario de la palabra en el espacio público— pero es en el fondo una relectura de la historia de Bolivia.

Una historia que se desarrolla a través de las tensiones dialécticas de una contradicción central: la lucha de la nación contra la antinación. A estos dos conceptos responden las dos palabras del título del libro: la nación es el nacionalismo y la antinación es el coloniaje. Y esa contradicción no se acaba con la independencia de España, sino que atraviesa toda la historia republicana hasta el presente en el que Montenegro escribe su ensayo. Historia. “Lo que distingue a Montenegro de los otros pensadores de su época —dice Mayorga— es que hace una interpretación de la historia a partir de una mirada crítica a la historia oficial que se había ido gestando en el liberalismo, pero que venía de mucho antes. Esa visión de la historia oficial está sintetizada por René Zavaleta Mercado —en su libro más montenegrista: Desarrollo de la conciencia nacional— en dos imágenes: Bolivia es atrasada porque es un absurdo geográfico, y la mayoría indígena hace que los males radiquen en la sociedad. Es decir, la teoría del país culpable y del país inviable”.

Esa visión de Bolivia ya había sido discutida en las primeras décadas del siglo XX. A la idea del absurdo geográfico, por ejemplo, el médico y novelista Jaime Mendoza contrapuso, en su libro El macizo andino, la tesis de la articulación geográfica del país en torno a la Cordillera de los Andes: los Andes le dan unidad y sentido geográfico al país. La teoría del país culpable, por su parte, alcanzó su versión más acabada en Pueblo enfermo de Alcides Arguedas. Esa visión fue combatida por la reivindicación del carácter vital del indígena de Franz Tamayo que se sintetiza en su libro Creación de la pedagogía nacional.       Pero Nacionalismo y coloniaje va mucho más allá. “Montenegro —dice Mayorga— inserta esa mirada crítica a la visión dominante de la historia en una propuesta ideológica. Una propuesta ideológica que es, a mi juicio, sistemática. Es decir, está basada en una interpretación de la historia, en una caracterización de la sociedad boliviana a esas alturas del siglo XX y en una propuesta de futuro. En ese sentido, no es una filosofía de la historia pero tiene un rasgo de teleología, al estilo hegeliano, que integra todos esos componentes. Montenegro le da un valor positivo al pueblo frente a la oligarquía y le da un valor positivo a la nación frente a la antinación. Y con ello, en pocas palabras, le da una dimensión política tanto a la interpretación histórica como a la interpretación sociológica”.

“Hablando del MNR de esos primero años de los 40 —complementa el sociólogo— siempre se dice que Víctor Paz Estenssoro era la voz parlamentaria; Walter Guevara Arze, el estratega; y Hernán Siles Zuazo, el político. Pero el ideólogo era sin duda Carlos Montenegro”.

A 70 años de la primera edición de Nacionalismo y coloniaje, la Asociación de Periodistas de La Paz presentó hace dos meses una nueva edición de la obra que nació —como ya se apuntó— precisamente como respuesta a un concurso convocado por esa entidad. Y a 60 años de la muerte de Carlos Montenegro —en Washington, el 10 de marzo de 1953—, Luis Antezana Ergueta presentó una biografía del pensador boliviano. Ambos hechos hablan de su vigencia e importancia. Ideología.  Nacionalismo y coloniaje es una relectura de la historia de Bolivia, pero una relectura con dimensiones políticas. Es decir, es una propuesta ideológica. Esta característica le permitió incidir notablemente en los procesos políticos que llevaron a la Revolución Nacional de 1952.

¿Cuál es el elemento central de esta propuesta ideológica? “Yo la resumo en una oración —dice Mayorga—: el pueblo se subleva como nación y se realiza en el Estado soberano. Pueblo, nación y Estado, esos son los tres elementos del pensamiento de Carlos Montenegro”.

Estos tres elementos se entrelazan en una compleja relación de interdependencia. “Ese pensamiento de Montenegro —continúa Mayorga—está sustentado en una interpretación de la historia basada en una contradicción principal: nación versus antinación. Esta contradicción tiene claramente un carácter, vamos a llamarlo, metafísico. La nación y la antinación son lugares, espacios, que son ocupados indistintamente, dependiendo de la época histórica, por determinados actores sociales. Si un actor social o político realiza prácticas en beneficio de la nación es parte de lo nacional. Caso contrario, es parte de la antinación. ¿Y cómo se decide eso? La nación se realiza en la medida que el Estado es soberano. Por lo tanto, el Estado es el referente del grado de soberanía de la nación. La nación se cristaliza en el Estado”.

Con este esquema de pensamiento, en las páginas de Nacionalismo y coloniaje, Montenegro recorre la historia de Bolivia, identificando a los personajes que luchan por la nación —Manuel Isidoro Belzu, por ejemplo, es claramente un antecedente del nacionalismo— y a aquéllos que son representantes de la antinación, como la oligarquía minera. Pueblo. Y en esta dialéctica, el pueblo —lo popular— que actúa en nombre de la nación es el actor principal. Esto permite entender que las ideas de Nacionalismo y coloniaje se construyeron en un diálogo polémico con las ideas marxistas de su época. Para el marxismo, tanto del PIR como del POR, cada uno con sus matices —con quienes el MNR se disputa el campo político y el campo ideológico—, el sujeto principal de la historia, el sujeto revolucionario es el proletariado, es decir una clase, no el pueblo que es, finalmente para el nacionalismo revolucionario, una alianza de clases. “No hay que pensar como facción, hay que pensar como nación”, afirma Montenegro.

“La revisión de la historia que hace Montenegro —dice Mayorga sobre este punto— es una revisión que va a contrapelo de la interpretación arguediana (el pueblo enfermo). Por lo tanto, es una recuperación de lo popular. En ese sentido, se adelanta a lo que después, en la década de los 80 y adelante, será una muy rica reflexión del pensamiento latinoamericano que le da atención a lo que Zavaleta Mercado, en su libro póstumo, va a definir como lo nacional-popular”.pensador. Para Mayorga —que en su precursor estudio El discurso del nacionalismo revolucionario se ocupa en detalle de la obra del autor de Nacionalismo y coloniaje—, Carlos Montenegro es un gran pensador.  “Un gran pensador —dice— sostiene tres diálogos al mismo tiempo. Uno, dialoga con los clásicos; cualquier pensador importante parte, se alimenta y luego se distancia de los clásicos. Montenegro no sólo dialogaba con los clásicos del pensamiento social sino también escribía sobre Schopenhauer y Nietzche. Dos, discute con sus contemporáneos es decir, argumenta a favor de sus ideas en contraste con las de otros, defiende su interpretación contra las otras interpretaciones del momento, dialoga con lo que se ha producido sobre el país.

Y tres, hace su propia interpretación del presente. En muchos autores encontramos una de las tres facetas. En los buenos, dos. Pero en los grandes pensadores, en los de la talla de Montenegro, están los tres elementos y en ello radica su fuerza”.

Nacionalismo y coloniaje es un ensayo en todos los sentidos de la palabra. Ensaya una interpretación de la historia de Bolivia que no sólo es una crítica de las anteriores sino que acaba imponiéndose a ellas. Ensaya —es decir pone a prueba— un conjunto articulado de ideas y la prueba de su consistencia es que esas ideas fueron capaces de interpelar y movilizar. No sin razón se reconoce que Nacionalismo y coloniaje es la más completa articulación del nacionalismo revolucionario, cuyos ecos no dejan de sonar e influir en el presente.  Ensaya también una forma de escritura. Montenegro es un escritor, uno de los grandes escritores bolivianos del siglo XX. Y ésta es quizá la razón de su vigencia. “Hay pasajes de Nacionalismo y coloniaje —opina Mayorga—que son de una calidad literaria extraordinaria y de una profundidad analítica que se puede encontrar en pocos autores”.

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