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Pete Seeger: música y militancia

El patriarca del folk norteamericano y referente moral de la izquierda murió a los 94 años

Seeger. Tocando el banjo en 1995. Foto: El País

Seeger. Tocando el banjo en 1995. Foto: El País

La Razón (Edición Impresa) / Diego A. Manrique - periodista

00:00 / 02 de febrero de 2014

Un gigante y un cabezón. Pete Seeger, que murió el martes a los 94 años, fue una presencia colosal a lo largo de buena parte del siglo XX. Paradigma de los hijos de las clases favorecidas que rompieron las convenciones sociales para implicarse en las luchas políticas.

Educado en una familia musical, durante los años 30 Seeger seguía las instrucciones de la Comintern, que decretó que los compositores comprometidos debían confeccionar el repertorio que el pueblo cantaría en huelgas, manifestaciones, barricadas y, eventualmente, la revolución. Hasta que John Dos Passos y otros intelectuales viajeros conocieron a Molly Jackson, alias Tía Molly, la esposa de un minero que interpretaba su propio cancionero de testimonio y resistencia. La lección resultó contundente: urgía cambiar el sentido del flujo; las canciones debían fluir desde la base —el pueblo— a lo alto de la pirámide, donde estaban los profesionales comprometidos, capaces de reproducir el modelo popular.

Seeger parecía estar en el lugar adecuado en el momento exacto. Su entusiasmo contagió al folklorista Alan Lomax, redirigió las energías del prolífico Woody Guthrie hacia la agitación y la propaganda. Probó con los Almanac Singers y acertó con The Weavers. Pero en la era dorada de la radio, con la televisión expandiéndose, la América conservadora no iba a permitir que un rojo tipo Seeger tuviera tan poderosas plataformas. Para un fanático como J.

Edgar Hoover, fundador del FBI, era intolerable que alguien perteneciente a la burguesía sirviera de altavoz para los comunistas. Y empleó todo su catálogo de trucos sucios: informantes, agentes provocadores, reventadores de conciertos, listas negras.

Es bien conocida la odisea de Seeger ante el Comité de Actividades Antiamericanas. Sabía lo que le esperaba: se mantuvo firme y fue declarado “testigo hostil”. Entre 1955 y 1962 vivió en su carne los rigores de la Guerra Fría.

Para entonces, sin embargo, el viento soplaba a su favor. El folk ponía la banda sonora del combate por los derechos civiles de los negros pero también había sido aceptado por la industria del entretenimiento.

Para entonces, el Partido Comunista, sus organizaciones encubiertas y sus contrincantes trotskistas estaban en la clandestinidad, penetrados hasta el tuétano por espías gubernamentales. De alguna manera, la música folk se había convertido en la voz de la izquierda, su banderín de enganche a escala masiva. Pete puso su granito de arena en la lucha contra la guerra del Vietnam, pero su puesto en la vanguardia fue ocupado por otros cantautores, por estridentes grupos de rock.

Además de enseñar a tocar el banjo a millones de aficionados a través de su célebre curso, fue pionero en EEUU del combate por la causa ecológica. Residente en las orillas del Hudson, combatió la contaminación. Había aprendido que las luchas dignas de ser luchadas comenzaban, literalmente, en la parte trasera de tu casa.

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