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Piraí Vaca: 'La Guitarra no es tan importante'

Un Piraí Vaca más maduro se interna en la composición y en la docencia, y disfruta de tocar acompañado y con un aire distinto.

El artista Piraí Vaca. Foto: Ignacio Prudencio

El artista Piraí Vaca. Foto: Ignacio Prudencio

La Razón (Edición Impresa) / José Emperador / La Paz

12:05 / 21 de noviembre de 2016

El cruceño Piraí Vaca ha ofrecido este año 12 conciertos en París, y otros tantos entre Berlín, Londres, Ámsterdam y muchas ciudades europeas más. La temporada pasada llegó hasta India. Pero ahora solo se trata de giras, porque lleva ya cinco años de vuelta en su tierra después de haber vivido más de 20 años en el extranjero, donde aprendió de los mejores y donde ha superado de largo el cliché de artista exótico y para ganarse un crédito de guitarrista con mucho carácter y una gran técnica. El jueves ofreció en La Paz un concierto para un aforo reducido y tocando él solo, algo que ahora es raro, pues desde que está aquí siempre comparte escenario.

— ¿Es usted un hombre a una guitarra pegado?

— Bueno, la guitarra no es tan importante. Lo importante es la música, la expresión, y la guitarra es el medio para comunicar, que es realmente mi afán. Mi enamoramiento con la guitarra fue paulatino. Yo en principio quería componer y empecé a considerar a la guitarra como una compañera en La Habana, cuando me puse a estudiar 10 horas al día con poco más de 20 años. Era una relación un poco como la de El Principito con su rosa por las horas que le dedicaba. Ahora, tras tanto tiempo he alcanzado un dominio técnico que me sirve para lograr lo que realmente busco: que la gente llore, que se estremezca, que se admire, que algo suceda en sus vidas cuando van a un concierto.

— ¿Y cómo logra estremecer al público?

— Pienso muy estructuralmente, me interesa la arquitectura de las cosas. Las piezas que van a sonar en un concierto, el orden en que están dispuestas, si hablo o no entre ellas y cómo hablo… todo está pensado, es una estructura dramática de principio a fin. En todo concierto tiene que haber una pieza que te asombra, una que te enamora, una que te agarre del cuello, te sacuda y te obligue a aferrarte a la butaca, una triste y una alegre… todo bien compensadito para entrar por todas partes en la esfera de una persona. Según el país, la ocasión o el programa se enfoca al público de otra forma, aunque tampoco hay tanta diferencia. Por ejemplo, el equilibrio entre lo clásico y lo folklórico suele ser siempre parecido, aunque muchas veces me dan ganas de tocar solo clásico. El barroco, Bach, la verdad es que me fascina.

— ¿Le gusta ir más allá de la música?

— Sí, porque cualquier arte que te diga algo es una maravilla, por eso hago el espectáculo El duende andaluz, que junta teatro y música. También colaboro con la compañía CrearTeatro, de Santa Cruz, y un director de teatro franco alemán, Matthias Langhoff, que me propuso componer la música de una obra que estrenará en Chile en enero y luego irá París y Madrid. Las fechas y el compromiso me asustan. Sin embargo, miro hacia atrás y cuando empecé yo quería estudiar composición y no guitarra. ¿Por qué ahora me están pidiendo que componga si no tengo la experiencia? Por algo será, y por eso me metí. Es interesante un reto así; la verdad es que voy un poco a ciegas, todo el mundo confía en mí menos yo mismo.

— Eso supone un cambio en su carrera.

— Es que yo he cambiado por dentro. Antes necesitaba todo el tiempo para mí, para desarrollarme, y ahora toco solo en las giras internacionales y en Bolivia, acompañado. Lo del jueves fue una excepción. Tengo el Cuarteto de Fuego, colaboro con las orquestas de Santa Cruz, voy a tocar con la filarmónica de Cochabamba, doy clases... Estoy comprendiendo que lo que das te vuelve multiplicado por mil, en la vida y en la música. Dicen que ahora estoy tocando distinto, y yo también lo veo. Una vez hice un viaje por la Amazonía, y aquellos árboles majestuosos me convencieron de que no hay sustituto para el tiempo, que te da la madurez la fuerza y la tranquilidad. Con el tiempo he mejorado mucho técnicamente, pero el aura, el espíritu, la energía de tu ser completo, tiene que envolver todo eso para que tenga sentido y envuelva y sirva a los demás.

— ¿Y así logra llegar a todo tipo de público?

— Mi música puede tener un punto de elitismo, pero eso es muy relativo. He tocado aquí a Bs 180 la entrada, pero vengo de dar un concierto gratuito en Cochabamba. Mi música no es la que se pone en la radio, pero es que en la radio y la televisión ya casi no hay espacio para lo que no sea fast food musical. Y la gente no es consciente de que si escucha todos los días solo música de ese tipo se atrofia. Es malo para el intelecto, para el espíritu, para el ser. A los músicos clásicos nos dicen aburridos y hay algo de cierto, muchos van con su traje, todo acartonados, se ponen tras la partitura y tocan… y si el oyente entiende o no ya no lo consideran su problema. Pero la buena música no es para élites, la sensibilidad no tiene raza, ni edad ni clase social. Hay que darle a la gente la oportunidad de acercarse a la música de calidad porque se emociona aunque no tenga costumbre.

— ¿Cómo pueden mejorar los músicos bolivianos?

— Aquí los estudiantes de guitarra se meten a tocar música criolla, y eso puede parecer algo lógico, pero a la vez es una gran desventaja porque no lo piensan mucho, lo hacen sin demasiado esfuerzo y ya. Pero no es así, primero tienen que poder tocar cosas más difíciles para luego aplicar esos conocimientos a la música boliviana y hacer algo que vaya más allá del sonido de siempre. Tienen que saber cómo hacer una frase más expresiva, más bella. Todavía tenemos que madurar, aquí estamos en pañales si nos comparas con Brasil o Argentina. Mira adónde ha llegado allí la música popular. Tenemos que trabajar y para eso hace falta una formación. Tengo amigos que dicen “¿para qué vas a estudiar? tocá nomás”, no quieren ir más para allá. Aunque tenemos músicos estupendos como Los Kjarkas o Savia Andina, pasa mucho con los folkloristas, que todavía piensan “voy a bajar un tutorial de internet, ¿para qué voy a pagar una clase?”. En esto, como en todo, hay que invertir tiempo y dinero si quieres llegar a lo mejor.

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