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Poder absoluto: sobre los privilegios de un hombre blanco heterosexual en Bolivia

La ganadora del Premio Nacional de Novela 2017 habla del arte como instrumento político con relación a ‘Genero’, de Diego Aramburo

Diego Aramburo

Diego Aramburo Foto: Miguel Carrasco

La Razón (Edición Impresa) / Camila Urioste - escritora y teatrista

11:00 / 25 de mayo de 2018

El arte es un instrumento político maravilloso. Pone en evidencia de manera contundente lo que las leyes y el activismo tratan y tratan de evidenciar, sin resultados. La obra de arte Genero, de Diego Aramburo, por ejemplo, evidencia sin lugar a dudas los privilegios inalienables de un hombre blanco heterosexual en nuestra sociedad. Evidencia que este hombre blanco heterosexual puede apropiarse de una lucha de las personas trans en nombre de una empatía por la situación de la mujer, y cambiarse de género en su carnet de identidad sin perder por ello ni uno solo de sus privilegios como hombre, blanco, heterosexual. Puede hacerlo de manera mediática y recibir por ello aplausos. El arte es realmente contundente. Pero no, Diego no es ella, sin importar lo que diga su carnet.”

Este es un post que publiqué en mi muro de Facebook con relación a la obra de artes escénicas Genero, de Diego Aramburo, que se presentó en el Centro Cultural de España en La Paz (CCELP), y que fue merecedora del fondo Iberescena con un monto de $us 8.000 para su producción. El proyecto consiste en que el artista utilizó la Ley de Género, que permite el cambio de género, apariencia física y nombre en los documentos de la persona trans, para cambiar su certificado de nacimiento. Ahora dice que Diego nació mujer. El trámite final se realizó con presencia de cámaras y luego hubo en el CCELP una performance con artistas invitados donde “la Diego” explicaba los motivos de su gesto.

Me quedé corta. Es normal, era un post de Facebook, uno no quiere sobrecargarlo. Es verdad que el gesto performático de Diego no implica la renuncia a ninguno de sus privilegios como hombre heterosexual. Pero además, este gesto lo coloca por encima de las personas trans que necesitan de la ley, que lucharon por ella, y que a menudo no pueden usarla. Hablando hace unos días con miembros del colectivo TLGB, me decían que hay mujeres y hombres que desean cambiar de género y no logran cumplir con los requisitos previstos por la ley. Es decir, si eres un hombre heterosexual, artista más encima, tienes el privilegio de utilizar esta ley creada para las personas trans, que ni las personas trans pueden usar plenamente.

El arte es un instrumento político contundente. Lo lamentable es que en este caso, su contundencia venga a pesar de las intenciones del artista, no a causa de ellas. Si Diego insiste en que esta obra es parte de una crisis suya personal respecto al estigma de hombre boliviano con el que no se siente más identificado, la obra se cae de cara por su banalidad. Si Diego, en cambio, se propone evidenciar lo fácil que es para él como macho usar a los medios, usar a las mujeres, usar los fondos concursables, usar una ley hecha para la comunidad TLGB, usar la empatía hacia las mujeres (tan de moda entre machos progre) usar a su hija y usar el arte para beneficio absolutamente personal, habría que aplaudirlo de pie. Y digo beneficio personal porque este gesto no ayuda, no se solidariza, no aporta de ninguna manera ni a la causa feminista, ni a la causa por los derechos de las personas de la comunidad TLGB ni a la verdadera construcción de nuevas masculinidades.

María Galindo entrevistó a Diego el anterior domingo y hubo un momento clave, en el que quedó en evidencia que el gesto central de la obra Genero no tiene trascendencia alguna para su vida privada y que no implica cambio ni crisis personal alguna. Transcribo acá ese fragmento como si fuera una obra de teatro. La entrevista completa se puede escuchar en el siguiente link: https://archive.org/details/MACHOSVARONESYMARICONESDiegoAramburo.

María: Si este cambio se da por un proceso personal que estás atravesando, si es el principio de un proceso como dices, ¿me puedes decir cinco hábitos que vas a cambiar de ahora en adelante?

Diego: Primero, desde ahora me enuncio en femenino. Si alguien quiere invitarme a un festival, tendrá que dirigirse a mí como “la directora Diego Aramburo”.

María: Bien. Faltan cuatro. ¿Cuál más?

Diego: Pienso entablar un diálogo con la otredad….

María: Hábitos, Diego, hábitos. ¿No me vengas con teoría, qué otros hábitos piensas cambiar?

Diego: El diálogo con mi hija…

María: No me hables de tu hija, ella es otra persona. Háblame de ti. Te pedí cinco hábitos que piensas cambiar. Me diste uno, faltan cuatro. ¿Me puedes decir otros cuatro hábitos que vas a cambiar o pasamos a la siguiente pregunta?

Diego: Pasemos a la siguiente pregunta.

Fin.

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